1. Andrés Manuel López Obrador no come lumbre. Entendió el riesgo y actuó en consecuencia. Golpe de realidad. Se acabó el romanticismo, los riesgos son reales: Siempre hay “diablos” más “diablos” que tú.
  2. Se apoyó en su equipo. Novedad muy deseable.
  3. Trató -de la mejor manera- de defender la economía. La economía es importante. Bien por eso. Lo repito: la economía es importante. Una vez más: la economía es importante.
  4. Hay límites al ejercicio del poder. El poder nunca es absoluto, ni debe serlo.
  5. Se deben cuidar las palabras y la calidad de las decisiones. Hay consecuencias. Así como las hubo con Estados Unidos, puede haberlas con otros países y con los mexicanos.
  6. México no es una isla. Su desarrollo depende de su relación con el resto de los países y hay relaciones más importantes que otras. Venezuela no es importante. Estados Unidos, Canadá, España, la UE y demás socios actuales o potenciales sí lo son. Más pragmatismo, menos romanticismo y más conexión al mundo.
  7. Una cosa son las promesas de campaña y el discurso para consumo y éxtasis de sus seguidores, y otra es la realidad. Se vale rectificar, sus seguidores como quiera lo apoyan. Sería valioso que los números también lo apoyaran en seguridad, economía y combate a la corrupción.
  8. Buscar la “independencia soberana” en energéticos es una quimera anacrónica sin sustento alguno. Así produzcamos todo el petróleo y gasolina que consumimos, eso no nos da ninguna fuerza en las negociaciones, y menos si se ha debilitado la economía y las finanzas públicas al intentarlo. Cuando metes todos los huevos en una canasta te los rompen fácilmente con un tuit.

Una crisis es el mejor momento para evaluar y rectificar objetivos, estrategias y equipo. ¿Qué podría hacer AMLO hacia el futuro?

Fortalecer la economía. México llegó muy débil a esta negociación por todas las pifias que se han cometido en la economía y el estilo de tomar decisiones en NAIM, Santa Lucía, CFE, Pemex, Dos Bocas, Tren Maya, IMSS y un largo etcétera.

Fortalecer al equipo. Correr a los que llegaron por compromiso político y no tienen el tamaño. Debe contratar expertos de calidad, escucharlos, considerar sus puntos de vista y respetarlos. Si para ello hay que pagarles mejor, pues adelante, sale más caro lo barato.

Dejar de dividir al país con palabras. Así como el presidente Donald Trump le mostró los límites a su poder, el tiempo también le demostrará que los amigos, los aliados, la negociación, la prudencia y la confianza de los mexicanos son importantes.

El peor enemigo siempre es uno mismo: Cuidado con la ignorancia, la soberbia, la demagogia y la terquedad. Cuidado con el autosabotaje.

Respeto a las instituciones. Cuidado con el afán de concentrar poder. Mermar la independencia de las instituciones y la supresión de la crítica interna y externa, además de ser antidemocrática, lleva a perder piso y esto siempre ha sido la perdición de los presidentes en México y en el resto del planeta.

 

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