Viene otra Reforma Electoral, es irremediable. Uno de los prejuicios que arraigaron a lo largo de los años, en los grupos que consolidaron Morena, es que el INE no funciona y que estuvo atado a intereses oscuros, los de “La Mafia del Poder”.

Por eso, los tres ejes de las propuestas hasta ahora esbozadas tienen compro propósito el desmontar el sistema electoral como lo conocemos y ha funcionado.

La primera propuesta es sobre el propio Consejo General y va desde la idea de reducirlo de 11 a siete consejeros, hasta desaparecerlo para dar paso a una oficina técnica.

En cualquiera de sus opciones, esto debilitaría o anularía la independencia, que es una de las condiciones indispensables para dar certidumbre.

En el pasado, la secretaría de Gobernación era la encargada de organizar los comicios y aquello no trajo nada bueno.

La integración del Consejo tiene que sustentarse en criterios técnicos y políticos que garanticen su funcionalidad. Además, próximamente terminan su periodo cuatro de los integrantes y ahí existirá el espacio para una buena discusión.

La segunda idea es establecer una política de ahorro draconiana, compactando áreas y terminando con los Organismos Públicos Electorales, que son los encargados de las tareas sustantivas en las entidades del país.

Con esto, el caldo puede salir más caro que las albóndigas y se creará una presión adicional al INE, que no ayudará a la calidad de la democracia.

La tercera propuesta es la reducción del presupuesto a los paridos. Esta propuesta es peligrosa porque encuentra un terreno fértil. Pocas instituciones generan más opiniones negativas que los partidos, pero son la única herramienta conocida para impulsar propuestas, proyectos y acceder al poder en democracia.

Además, hay una trampa, porque la disminución en 50% terminaría favoreciendo al partido en el poder y en detrimento de las oposiciones por desgastadas que estén.

El financiamiento público se estableció, desde hace décadas, para permitir la consolidación del sistema de partidos y para disminuir la entrada de recursos ilegales, y entre ellos los de la criminalidad.

Si lo que se quiere es ahorrar, se puede transitar al voto electrónico, reducir el tiempo de las campañas y establecer medidas que no impacten en las capacidades del INE para realizar elecciones.

Es momento de valorar lo que tenemos y que es uno de los sistemas electorales más profesionales del mundo. Acudimos a las urnas en un esquema de normalidad y hemos atestiguado tres alternancias presidenciales, lo que no es poca cosa.

Pero quizá lo central es mantener siempre abierta la ruta para que podamos decidir y en su caso cambiar.

 

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