Lo importante que no aparece en las hojas de vida

Una mejor empatía se traduce en un efectivo trabajo en equipo (Foto: Reuters).

Controlar las emociones no es suprimirlas, sino entenderlas para manejarlas en beneficio propio, de los compañeros de trabajo y, a fin de cuentas, de la organización.

 

Tradicionalmente hay ciertas cualidades bien definidas que todo ejecutivo debería reunir para convertirse en director general de una empresa. Entre éstas se mencionan: liderazgo, trabajo en equipo, experiencia, enfoque a resultados (logros alcanzados) y comunicación. Sin dejar de reconocer que las anteriores, además de la formación académica y la experiencia laboral, son importantes para calificar a una posición como director general, existen algunas características personales, de carácter subjetivo pero de impacto en el desempeño, que pueden influir en la decisión de al menos considerar a un ejecutivo como candidato a tal posición.

Por la experiencia en el trabajo de selección y reclutamiento en puestos directivos y de integración de consejos de administración, puedo afirmar que encontrar al candidato ideal para una posición implica identificar cualidades y habilidades que tienen que ver con la actitud ante los compañeros de trabajo y frente a situaciones de estrés, la solución de problemas, la toma de decisiones críticas, el respeto a la diversidad, el apoyo al desarrollo profesional de los subordinados, la creatividad y la visión para superar los objetivos esperados.

Evidentemente, cada rol dentro de una organización demanda habilidades específicas, pero las más importantes para quien desea alcanzar una posición superior son aquellas que permiten una mejor empatía y que se traducen en un efectivo trabajo en equipo, mejores negociaciones internas y externas, toma de decisiones más acertadas y, a fin de cuentas, la satisfacción a las necesidades de los clientes internos y externos.

En esta ocasión quiero referirme a algunas de estas características subjetivas que pueden influir en el desarrollo profesional y, por supuesto, en el ascenso a la posición más alta dentro de una organización.

 

Pensamiento crítico

Así como la escucha activa implica no sólo oír sino comprender y cifrar adecuadamente la comunicación para un mejor entendimiento y minimizar errores, la toma de decisiones acertadas y la solución de problemas demanda un pensamiento y análisis críticos, algo que por lo general no aparece en el currículo de los ejecutivos.

Mediante el pensamiento crítico se analizan y evalúan razonamientos y actitudes de aquellos con quienes se interactúa. Ello implica atenta escucha, observación y discernimiento para evaluar argumentos y posiciones a fin de lograr una posición razonable y justificada sobre un tema y actuar en consecuencia. Ello implica tener o desarrollar habilidades para interpretar objetivamente ideas de terceros y situaciones específicas.

 

Pensamiento creativo

Ligado al pensamiento crítico está el pensamiento creativo, que permite salirse de los estándares para encontrar formas novedosas de operar, para no sólo alcanzar sino superar los objetivos personales y de negocio. El pensamiento creativo rompe el paradigma de sólo ver el árbol para contemplar todo el bosque de posibilidades que se tiene enfrente. A los hermanos Wright, fabricantes de bicicletas, nadie les dijo que volar, para el hombre, era imposible; generaron la idea y crearon el primer avión en el mundo.

Los ejecutivos con pensamiento creativo son innovadores y siempre encuentran nuevas formas de hacer el trabajo y de ofrecer nuevas perspectivas, agregando valor al ambiente laboral, con el consecuente incremento de la productividad.

 

Autocontrol

Considerado como una herramienta de administración personal, el autocontrol permite manejar adecuadamente los sentimientos y las reacciones a los retos y problemas tanto de la vida laboral como de la privada.

Confucio decía: “Quien se controla a sí mismo, no tendrá dificultad alguna para gobernar con eficacia. Al que no sabe gobernarse a sí mismo, le resultará imposible ordenar la conducta de los demás.” Es evidente que este antiguo pensamiento tiene plena aplicación en la vida corporativa, especialmente en quien es responsable de la dirección y operación de una empresa, independientemente de su tamaño.

Controlar las emociones no es suprimirlas, sino entenderlas para manejarlas en beneficio propio, de los compañeros de trabajo y, a fin de cuentas, de la organización.

 

Visión

Más allá de la visión empresarial (en dónde y cómo se quiere ver a la organización en un futuro determinado), un director general requiere de una visión más estratégica del negocio. Ello implica proactividad para anticiparse a lo que pueda suceder o, en su caso, para que las cosas sucedan.

Esa visión implica que el director general sea un formador de personas, que dé ejemplo personal y capacite y motive permanentemente a sus colaboradores. También significa el tener la capacidad de detectar todo aquello que se puede mejorar, saber elegir a quienes pueden lograrlo, dirigirlos y dar seguimiento hasta alcanzar esa visión.

 

Conocimiento tecnológico

En la actualidad, los currículos incluyen un referente al manejo de ciertos paquetes informáticos, pero un director general de la actualidad, en realidad necesita conocer y tener ciertas habilidades en tecnologías de la información. Esto quiere decir dejar de subutilizar una laptop o una Mac con la sola utilización de algunos básicos como Word, Excell o Power Point. Es conocer y explotar todas las posibilidades que la tecnología ofrece para eficientar el trabajo, revisar y retroalimentar documentos en línea o realizar juntas de trabajo virtuales.

Es mostrar a los colaboradores los alcances y productividad que puede alcanzarse mediante la explotación total de todas las posibilidades de las tecnologías de la información.

En suma: a medida que avanza el siglo XXI, los cambios en las organizaciones empresariales demandan directivos capaces de enfrentar la dinámica que marca un mundo cada vez más globalizado.

 

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