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Volaris evacúa a pasajeros de su vuelo CDMX-Mérida por falsa alarma de bomba
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Definitivamente, México se volvió loco en los últimos días a razón de una serie de eventos que lo más seguro es que en su conjunto tocaron las más sensibles fibras emocionales de los ciudadanos.

Primero: La muerte de Juan Gabriel, uno de los últimos grandes artistas más queridos por la población.

Segundo: La visita del mayor ogro de México en los últimos tiempos, “el Donal Trump”, quien –yo creo– se ha convertido en el “pior de los walking dead” de las pesadillas nacionales.

Tercero: El Informe de Gobierno, que enardece lo peor de la oposición en el Poder Legislativo y que con el cambio de formato, ahora dirigido a los jóvenes, les cerró el camino a los alabadores presidenciales y medios, lo que desató la furia de la “opinión publicada”.

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Cuarto: Los cambios en el gabinete que se tuvieron que pintar en una ceremonia azteca de sacrificio humano para tranquilizar a las “huestes contrarias al sistema, que se autonombran malhumoradas socialmente por no atinar a los pronósticos de los cambios en el gabinete”.

Como dicen los pochos, fue “too much” para la conciencia nacional. Por una parte, lágrimas y risas para Juan Gabriel, grandes verbenas populares en la Alameda, espontáneos cantando en cada fuente gozando la memoria y llorando la muerte –hacía tiempo que no se veía la adoración a un artista en nuestro país–; por otra, los opinólogos estuvieron enloquecidos por el tema de Trump: todos tenían sus propias conjeturas, sus versiones, sus ideas, lo que me hizo recordar aquel comentario del ex presidente Carlos Salinas sobre los “intelectuales orgánicos”, y la ciudadanía también tuvo sus propias versiones del tema (podríamos decir que en esta semana todos los mexicanos, en todas las casas y niveles, nos convertimos en internacionalistas, expertos en diplomacia “madreadora, claro”, y grandes conocedores de los tratados internacionales).

Y qué decir de los rumorólogos enardecidos por los cambios en el gabinete. Por la red de WhatsApp fueron y vinieron gabinetes nuevos, cambios y enroques. Era impresionante cómo corrían las versiones, y casi todos ya se veían haciendo quinielas para ver si conocían a algunos para ir a pedir chamba y/o finalmente tener al posible candidato para el 2018.

A la sociedad política mexicana le urge una terna de posibilidades del PRI para poder dar el paso a los juegos y especulaciones electorales. La masa está hambrienta de una luz en los candidatos de Peña Nieto para sucederlo. El colmo fue que hasta se rumoreó que Manlio Fabio Beltrones estuvo en Los Pinos en la ceremonia del relevo de funcionarios y que se le había ofrecido una secretaría; aún hoy no se establece si fue cierto o no.

La supuesta nueva opinión pública, que todo mundo asume libre y cuasi soberana (lo que es extremadamente dudable por aquello de los ataques de los bots), en las redes sociales estuvo desbordada. Se dieron vuelo con los memes, incrementando el –en estos últimos días famoso– “malestar social”.

Nadie supo lo que estaba pasando. Habrá que descubrir qué tipo de cosas se dirimieron en esos tiempos que no se lograron captar en el ánimo público, como fueron algunos resultados de grandes licitaciones y la lenta desaparición de las quejas de la CNTE y su regreso a clases sin ningún acuerdo visible. Por el momento parece que todo entró en una fase más racional con los cambios anunciados.

Ahora sigue la ceremonia del 15 de septiembre, las marchas a favor de la familia, las discusiones del presupuesto, la designación del fiscal anticorrupción, ver si de una vez por todas se inicia una campaña anticorrupción (principalmente contra gobernadores que están a punto de salir del poder). ¡Ya veremos qué pasa!

Y, por supuesto, lo obligado es sentarnos a ver el espectáculo, de aquí a noviembre, de las elecciones de walking dead de nuestros vecinos, que es posible que se lleven la palma de oro por ser de las peores elecciones de los últimos años por aquello de que los dos candidatos son bastante malitos, y que desafortunadamente, en la lógica de la geopolítica y la situación mundial, después del Brexit puede ser el evento político que más defina el futuro del mundo inmediato.

Ante este escenario quedaría una pregunta en el aire de manera muy adelantada sobre el futuro de Estados Unidos: ¿quién será el siguiente candidato a la presidencia? Si gana Trump (difícilmente se reelige), ¿podría llegar Michelle Obama con su altísimo nivel de popularidad?, porque si llega Hillary se va a querer quedar los dos periodos, un total de 8 años, ¿no? Allá también se pelean por el futuro presidencial, ¿no?

Según lo que resulte en EU, ya veremos si la estrategia del presidente Peña Nieto tenía razón o no, pero posterior a ese resultado es muy seguro que vendrán reacomodos finales en el gabinete, entonces sí con vías a las elecciones del 17 y el 18.

 

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