Los sistemas DRM (Digital Right Management o Gestión de Derechos Digitales) no benefician al consumidor final.

 

 

Una persona que ha visto en su televisor el mensaje “su reproductor no tiene la región correcta”, al tratar de ver una película en DVD, ya sabe qué son y cómo funcionan los sistemas de DRM (Digital Right Management o Gestión de Derechos Digitales). Desde hace años, las grandes compañías dueñas de los derechos de distribución y venta de contenido han promovido estos sistemas, que básicamente son candados que bloquean la distribución o copia del contenido digital, como música, imágenes, películas o libros.

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Los promotores de DRM dicen que es necesaria para combatir la piratería y mantener a los consumidores a salvo de virus informáticos. La DRM ha proliferado gracias al respaldo de la Digital Millennium Copyright Act (DMCA), una ley promulgada en Estados Unidos en 1998, que hace ilegal desactivar los sistemas de DRM por cualquier razón.

De acuerdo con Electronic Frontier Foundation, una organización sin fines de lucro que protege los derechos civiles en el espacio digital, no hay evidencia de que los sistemas de DRM protejan a sus usuarios de la piratería o de virus informáticos, pero sí de que controlan cómo y dónde un usuario puede tener acceso a contenido por el que ya pagó y de que son utilizados para crear dependencia hacia una plataforma. Los ebooks de Amazon, por ejemplo, sólo pueden leerse en los dispositivos y las app de Amazon. Si una persona desea leer un ebook que compró en Amazon, no podrá leerlo en la app de iBooks de Apple, ya que la DRM del libro se lo impedirá.

Es entendible que los dueños de contenido estén preocupados por la facilidad con que los usuarios pueden copiar y compartir contenido en Internet, pero nunca deberían tratar de protegerlo a costa de los derechos básicos de sus clientes, especialmente de aquellos que están pagando para tener acceso legal al contenido.

Dado que los sistemas de DRM entre las diferentes tiendas de libros electrónicos no son compatibles entre ellas, la experiencia de compra para el lector está rota y nunca le será posible tener todos sus libros digitales en el mismo lugar o mudarlos de una plataforma a otra, pero ése es un tema para otro día.

Al final, los sistemas DRM no le dan ningún beneficio al consumidor final. Por el contrario, dañan el contenido que se supone que deben proteger, al tiempo que limitan los derechos privados y de propiedad de quien lo adquiere. La industria necesitará buscar mejores formas de proteger el contenido para que siempre esté al servicio del usuario.

 

 

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