Si la red 3G dotó a nuestros teléfonos inteligentes de conexión a internet y la 4G nos permitió transmitir video, la próxima generación de telefonía móvil, 5G, promete tener la capacidad de manejar al internet de las cosas y atender tareas de misión crítica. Ese nuevo estándar aún está en desarrollo y se espera que comience a desplegarse de forma masiva en algunos de los países más desarrollados del mundo en 2020, ¿cuándo podría llegar a México?

Una forma de hacer una prognosis al respecto es echar un vistazo a la velocidad de adopción de las dos últimas generaciones de telefonía móvil, y en ese sentido el escenario es poco halagüeño. Si bien los principales operadores en nuestro país tienen una gran tasa de cobertura, ésta se concentra en redes 2G y 3G. “No podemos generalizar y decir que una ciudad es 4G; es necesario aclarar qué porcentaje de la ciudad es 4G, 3G y 2G”, sostiene Ernesto Piedras, director y fundador de The Competitive Intelligence Unite (CIU).

“La población urbana podría estar acostumbrada a tener acceso a las redes 3G y cada vez más 4G, especialmente en zonas céntricas o con alta densidad de oficinas, pero, por ejemplo, en el caso de la Ciudad de México vivimos en una urbe de 20 millones de habitantes y mientras más te acerques a la periferia, si no pierdes la señal, es probable que incluso tengas Edge (2G)”, abunda Piedras en entrevista con Forbes México.

El especialista explica que las tres métricas a considerar cuando se analiza al sector de las telecomunicaciones son cobertura, calidad y precio:

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“Somos un país con una cobertura muy limitada. Telcel tiene 94% de la población cubierta. Podríamos decir que la topografía de México atenta contra su desarrollo debido a sus cadenas montañosas y a sus climas, lo que hace que el despliegue de infraestructura de telecomunicaciones sea entre dos y tres veces más caro en México frente a otros países. Tenemos poco dinero y nos cuesta más. Con respecto al precio, hemos sido muy caros (pero) ya vamos a la baja. A ese tema le sigue la calidad, entendida como velocidad de subida y bajada.”

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En febrero pasado, Open Signal publicó los resultados de su análisis de operadores mexicanos tanto en 3G como en 4G, en el que AT&T tuvo un mejor desempeño en términos generales, por encima de Telcel y Movistar, a pesar de que la operadora propiedad de América Móvil lleva la delantera en cobertura brindando conectividad LTE 64.92% del tiempo, frente al 61.63% de AT&T y el 54.63% de Movistar.

En cuanto a las velocidades de descarga en 4G, Telcel va a la delantera, con 10.23 Mbps, seguido de AT&T con 9.59 Mbps y Movistar con 9.31 Mbps.

Finalmente, en lo que respecta a 3G, AT&T lidera el segmento, con una velocidad de descarga de 4.24 Mbps, seguida de Telcel y Movistar, que reportan 3.77 y 2.79 Mbps, respectivamente.

No obstante, Piedras advierte que a pesar de los esfuerzos de los carriers, la velocidad de esas redes aún está muy por detrás de la registrada en promedio en los países de la OCDE, que ya vive en 4G. En México, enfatiza Piedras, “el último cálculo ponderado que hicimos en el CIU este año nos dice que estamos en 2.8 o 2.9”.

Comparativo de cobertura 2G y 3G frente a 4G, de acuerdo con datos de Open Signal.

Comparativo de cobertura 2G y 3G frente a 4G, de acuerdo con datos de Open Signal.

 

2G, 3G y 4G

Las diferencias de las tres generaciones de telefonía móvil que conviven actualmente podrían resumirse a grandes rasgos de la siguiente manera:

  • 2G. Fue el primer servicio digital y permite el intercambio de voz. De hecho, aún es usada por la mayoría de los operadores para conectar las llamadas de los usuarios dada su estabilidad. Ofrece velocidades de conexión de entre 9.6 y 200 Kbps.
  • 3G. Se trata de una conexión más robusta que permite acceder a paquetes de datos más robustos, como a páginas de internet o aplicaciones de teléfonos inteligentes. Su velocidad de conexión oscila entre los 2 Mbps y las decenas de Mbps.
  • 4G. Ésta es la verdadera banda ancha móvil. Permite ofrecer voz a través de datos (VoIP, esas funciones que aprovechan las llamadas de voz vía WhatsApp, Facebook Messenger, Skype o Hangouts, aunque de forma bastante inestable) y su velocidad de conexión va desde las decenas de Mbps hasta los cientos de Mbps.
  • 5G. Aunque aún no existe un estándar internacional ni se tiene claro cuáles serán sus aplicaciones, se espera que pueda alcanzar hasta 1 Gbps, lo que permitiría el tráfico de muy altos volúmenes de datos. Quizás aún más importante, esta generación reducirá la latencia, que es el tiempo que la red tarda en responder a una solicitud de comunicación, lo que volvería más confiable las conexiones del internet de las cosas.

A pesar de que el 5G aún se encuentra en desarrollo dentro del laboratorio, Piedras atribuye la popularidad del término a algo denominado la “Visibilidad tecnológica: Es una aplicación tecnológica que aún no existe comercialmente, pero ya hay gente que habla de ella. Las empresas ya trabajan sobre sus planes de despliegue de infraestructura y de negocios. Quiero pensar que los reguladores en México ya están trabajando sobre asignación de espectro y configuración de mercado. Debemos estar listos porque en 2, 4 o 5 años la tendremos.

Aunque las ventajas de la llegada del 5G al mundo aún están por verse, ya se tienen algunas ideas de qué aportará a los usuarios. “Implicará un salto de 50 a 100 veces en la velocidad de conexión, con una infraestructura completamente diferente, mucho más basada en software que habilitará conectar a 100 dispositivos más por antena”, explica Fabio Medina, General Manager y VP de ventas para América Latina y El Caribe de Ciena, una compañía especialista en redes.

“Quizá la aplicación más clara para los usuarios será que los habilitará para consumir de forma más cómoda contenidos en video, que se espera representen el 33% del ancho de banda de la red para 2020”, detalla Medina.

 

5G en México, ¿para cuándo?

De acuerdo con los especialistas consultados, nuestro país presenta un rezago importante en la adopción de tecnologías móviles, lo que se traduce en la pérdida de importantes oportunidades económicas, y lo que motivará un retraso en la llegada de la próxima generación de telefonía.

Para Medina, los primeros países en desplegar el nuevo estándar serán, obviamente, los que lideran en cobertura y velocidad actualmente: Corea del Sur, Japón, China y Estados Unidos.

“Si hoy la OCDE ya vive en 4G, tenemos un rezago de una generación y un poco más en velocidad, eficiencia y capacidades. Estamos en redes del pasado. Nuestra reforma en telecomunicaciones trata de hacer lo que muchos otros países, por ejemplo los de la OCDE, hicieron hace 25 años. Vamos lento, estamos perdiendo esta oportunidad”, dice Piedras.

Al respecto, Medina opina que “el retraso competitivo de México obedece a que el país estaba en la discusión de su marco regulatorio, pero creemos que ahora surge con fuerza”.

No obstante, los retos no son menores, y Medina los engloba en tres grandes rubros:

  1. Transmitir menos bits, es decir, generar una arquitectura más sencilla.
  2. Transmitir bits más baratos, lo que hace necesaria una reconfiguración de la red.
  3. Transmitir bits más inteligentes, que se traducirá en ahorros operativos.

Así, el directivo señala que “no podemos implementar las redes de la misma forma; tenemos que romper la simetría de las curvas de costo y rendimiento, necesitamos saber qué tengo que hacer hoy para que el usuario pueda incrementar 10 o 20 veces su acceso a anchos de banda sin que yo tenga que incrementar 10 o 20 veces mi inversión”.

Para Piedras, la clave está en la inversión que hagan los operadores en el futuro, la cual será resultado de la alineación de incentivos, es decir, que exista competencia efectiva: “En un país con 123 millones de consumidores, con 11,000 dólares per cápita (desarrollo medio), sí resulta rentable entrar como operador y aún más si el esquema es de compartición de infraestructura (algo a lo que Telcel se ha opuesto reiteradamente).”

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Para paliar esos desequilibrios en la cobertura, el Gobierno Federal impulsa el proyecto de Red Compartida, a través del cual se busca que una empresa o grupo de empresas despliegue la infraestructura necesaria para alcanzar a la población que aún carece de servicios de telefonía móvil. Sin embargo, la iniciativa ha sido vista por muchos especialistas como demasiado ambiciosa y poco razonable.

“Yo no soy muy partidario de la red pública compartida. No le deseo mal, pero creo que en esos 90 MHz caben tres operadores nacionales. Estamos intentando un modelo que no está soportado por bases robustas, sino en la experiencia de Ruanda y Costa Rica. Australia lo pensó, lo diseñó de manera similar y abortó esa misión. Nadie más lo ha hecho”, advierte Piedras.

El especialista añade: “Si en telecom estás buscando alejarte del monopolio, ¿por qué creas un monopolio segmentado? Toda la neblina que se da en torno a los planes de negocio se da en momentos en los que al gobierno le caería muy bien recaudar 2,000 o 3,000 millones de dólares para las finanzas públicas en vez de pasar su tiempo pensando ‘¿dónde voy a cobrar por la asignación’. La red compartida es como la Conasupo de las telecomunicaciones, es intentar dar servicios baratos para los desfavorecidos pero que en la experiencia terminan siendo malos.”

No obstante, el director del CIU conserva un cierto optimismo: “La tecnología está haciendo su trabajo, al igual que el mercado. Si la regulación sigue avanzando y se acelera, podríamos llegar en buenos términos a esta nueva generación.”

 

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