Existen ejemplos de éxito de economías emergentes que dieron un giro radical en su desarrollo económico, de los cuales México puede tomar importantes lecciones.

 

 

¡Vamos a ganar! Ha llegado la hora de atacar la mediocridad, no podemos conformarnos con vivir los problemas que enfrentamos, sino vencerlos. Para lograrlo, el Estado de derecho debe ser un detonador de cambio, pero la demanda social es indispensable para ello. Asimismo es necesario detonar los sectores productivos, la agroindustria, el desarrollo de una infraestructura y logística a la altura del siglo XXI, aunado a la simplifi­cación burocrática y la consolidación de una política industrial flexible. Todo esto, con acciones concretas y no palabras que que­dan en el tintero.

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Existen ejemplos de éxito de economías emergentes que dieron un giro radical en su desarrollo económico, de los cuales México puede tomar importantes lecciones. En 1980, el PIB per cápita de los “tigres asiá­ticos” (China-Taipei, Corea del Sur, Hong Kong y Singapur) era de 3,226 dólares, por 5,155 de México; actualmente es de 40,362 dólares por 16,111 de México, lo que muestra que nos hemos retrasado. ¿Qué sucedió en el camino?

Esas naciones adoptaron dicho concepto de “tigres”, direccionando bajo el mismo a sus sistemas y políticas a fin de posicionarse como potencias económicas, emprendiendo en el camino importantes reformas en sus sistemas financiero, industrial, económico y, sobre todo, educativo-tecnológico. En prome­dio, estas naciones invierten 2.4 % de su PIB en ciencia y tecnología, cuando en México aspiramos tan sólo a llegar a 1% del actual 0.45%. Sin embargo, la tarea que han empren­dido va mucho más allá.

Por ejemplo, estas naciones hicieron de la logística y la infraestructura armas impor­tantes de su desarrollo, aprovechando su situación geográfica. Por ello hoy ocupan los primeros lugares en infraestructura en el ranking del Foro Económico Mundial: Chi­na-Taipei (el asiento 14), Corea del Sur (11), Hong Kong (1) y Singapur (2). México cuenta con las condiciones para lograr un cambio de esta magnitud, pero es importante el compro­miso de todos los sectores y actores.

Para detonar los sectores productivos se debe consolidar una política industrial flexible que potencie los sectores maduros (automotriz, manufactura eléctrica y elec­trónica), fortalezca los emergentes de alto valor agregado (aeroespacial y tecnologías de la información) e impulsar los que mar­carán el ritmo económico y del desarrollo tecnológico en este siglo (energías alterna­tivas, nanotecnología, telecomunicaciones, entre otros).

Asimismo se debe capitalizar nues­tra privilegiada posición geográfica, que nos vuelve un puente entre el Pacífico y el Atlántico gracias a los acuerdos comercia­les ya existentes como el TLCAN, el TLCUEM, la Alianza del Pacífico, reduciendo con ello la enorme dependencia que tenemos del mercado americano, para bien o para mal.

Tenemos las condiciones, nos falta la con­vicción y compromiso para salir adelante, y convertir a nuestro país en el “jaguar ame­ricano”, una economía dinámica para los retos del siglo XXI. Si bien es cierto que de momento los resultados y las expectativas económicas no han sido los esperados, ello no debe aprovecharse maliciosamente para poner trabas a la maquinaria de implemen­tación de las reformas, ni servir de pretexto para detener el crecimiento de México, que ayudará a detonar el crecimiento y el desarro­llo; las reformas son herramientas, no un fin, pero es necesario materializarlas.

Nuestra clase política debe estar a la altura del reto y entender que cada día de retraso equivale a pérdidas millonarias y oportu­nidades perdidas, debido al retroceso en el arranque de las licitaciones, en la llegada de inversiones y en la creación de empleos.

Más allá de lo que se divulgue, debe entenderse que el mundo no está espe­rando por México. La competitividad glo­bal es tal hoy que, si no sabemos aprovechar nuestras ventajas, las inversiones que aquí no se materialicen irán a otras latitudes, y en unos años estaremos lamentando la oportu­nidad perdida.

No hay tiempo que perder, el gobierno debe de ejecutar su responsabilidad al 100%; esto es administrar bien la justicia, ejercer adecuadamente los presupuestos y transpa­rentar el gasto para evitar la corrupción. En tanto, a todos los sectores y actores nos toca comprometernos para que el aparato econó­mico siga funcionando y que, con los ajustes a la administración, las reformas y una volun­tad patriótica y honrada, podamos darle la siguiente velocidad al crecimiento y conver­tirnos en el “jaguar americano”. Todo, con la premisa de: ¡Vamos a ganar!

 

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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