En seguimiento al análisis de las acciones implementadas por el Gobierno federal, específicamente AMLO, continuamos con la revisión de tres temas de suma relevancia que han impactado, o impactarán directamente el rumbo económico y social de nuestro país.

1) Licitaciones Públicas: En conjunto o como parte de los anteriores rubros que analizamos, estamos empezando a ver una serie de muy delicados casos en que la administración, a cargo de AMLO, ha pretendido ser eficiente en la consecución de resultados a través de la contratación de obra, o compra de bienes o servicios utilizando adjudicaciones directas. Es decir que, sin “molestarse” con evaluar alternativas, posibles mejores condiciones, o siquiera la evaluación de precios comparativos, los flamantes servidores públicos se han convertido súbitamente en expertos técnicos que no requieren considerar más opciones y, por supuesto, tampoco del cumplimiento de los requisitos fijados por el artículo 134 Constitucional, en cuanto a mejores condiciones para el uso de recursos públicos. Ahora compran pipas, equipos de cómputo o celebran contratos de servicios sin mayor trámite que su decisión en el vacío. Los requisitos legales, un estorbo innecesario frente a la pureza de estos impolutos funcionarios. Estos nuevos servidores públicos no se sujetan a las leyes porque gozan de una “moralidad superior”. Pamplinas.

2) Órganos Autónomos: Con esa misma filosofía, de ser incapaces de cometer errores y no requerir contrapesos, la 4T se ha encargado de atacar la independencia y autonomía de los órganos reguladores, incluso los constitucionalmente autónomos, como es el caso de la CRE, Cofece, IFT, INAI, Inegi, y otros. El resultado es la presencia de una dilución clara del impacto y beneficios que le traen a la economía el tener órganos con pleno dominio de sus áreas técnicas, que no varíen en función de definiciones políticas. Por ello es que estos organismos dieron un importante impulso al mundo de los inversionistas, pues supieron que las reglas en las distintas áreas económicas se regirían por criterios técnicos solventes y definidos científicamente.

Ahora será prudente ver cómo se ataca dicha independencia y se incluyen criterios para complacer a los funcionarios públicos y a AMLO directamente, la regresión a épocas ya superadas de manipulación artificial es inevitable. Agreguemos a dicha estrategia la penetración del Poder Judicial y el problema se vuelve aún mayor.

3) Crecimiento Económico: Finalmente, en este recuento tenemos el tema de la economía. La estrategia de AMLO y la 4T radica, en gran medida, en la posibilidad de dar extensivos apoyos y subsidios a enormes sectores de la población. Independientemente de que esa estrategia paternalista (pues al final del día son dádivas), puede tener enormes efectos regresivos al no apoyar realmente con un beneficio de formación para capacidades evolutivas a largo plazo; su cimiento fundamental está en que el erario federal tenga los fondos suficientes para hacer frente a estos desembolsos.

Para tales efectos, se debe regresar a las fórmulas más básicas de la economía. Si se quiere tener un erario potente se requiere un flujo impositivo, y eso solamente es posible si hay una economía creciente. Ésta puede evolucionar solamente si las inversiones fluyen y se multiplican, para lo cual es necesario que se tenga confianza en que los que controlan los capitales locales e internacionales, sepan que estarán destinados sus recursos, dadas las condiciones que ofrece el país en comparación con otros posibles destinos. En este contexto, las decisiones como la pretendida cancelación del aeropuerto de Texcoco (que aún esperamos rectifiquen), la dilución de la independencia de reguladores, el uso discrecional de recursos públicos, la reinstalación de precios de garantía agropecuarios, la nula representación en los foros internacionales como Davos, la complacencia con grupos de poder que no respetan las leyes (como la CNTE), y un regreso al intervencionismo estatal en temas económicos, son todos ingredientes que han hecho que los inversionistas nacionales y extranjeros se sientan incómodos, y ya estén alejándose de cualquier prospecto de inversión en México diferente a los de cartera de corto plazo, por los cuales ya estamos teniendo que pagar un sobreprecio, justamente el castigo de no ser tan atractivos como lo fuimos por muchos años.

Esta es la perspectiva actual de las cosas. En lugar de abatir los problemas con razonabilidad y contundencia, lo que para todos sería bueno y deseable, estamos viendo una secuela de decisiones de un populismo estéril y obsoleto como no se había visto desde la década de los setenta. De no haber un cambio pronto en la forma en que se deciden las cosas en el país, podremos volver a los momentos en que el intervencionismo estatal en la economía generó grandes problemas e inestabilidad. No tenemos necesidad alguna de recorrer etapas ya superadas. Los problemas reales de impunidad, inequidad, injusticia, inmovilidad e inseguridad requieren la adopción de soluciones de fondo, con mejores prácticas internacionales, con el uso de los diagnósticos formulados por años, y, en general, con una cercana participación ciudadana. Mientras tanto estamos viendo cómo el país va caminando en reversa. Vamos mal en esa dirección, por mucho que digan que tienen buenas intenciones. Así, el país simplemente se ve al revés.

 

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