Algunas conciencias, incluso, renunciarán al pensamiento y a la planificación a largo plazo. Al tiempo.

Este pronóstico, en realidad, surge después de leer Tiempos Líquidos. Vivir en una época de incertidumbre, obra del sociólogo polaco Zygmunt Bauman, quien sostiene que la globalización ha provocado que las sociedades se sepan incompletas e impotentes como nunca para decidir su curso con un mínimo grado de certeza.

Así lo explica Bauman, quien parafrasea a Alexander Hamilton, considerado como uno de los padres fundadores de Estados Unidos: “El continuo esfuerzo y la alarma que provoca un estado de peligro sostenido, llevarán a las naciones amantes de la libertad, a buscar el reposo y la seguridad poniéndose en manos de instituciones con tendencias a socavar los derechos civiles y políticos. Para estar más seguras, correrán el riesgo de ser menos libres. Ahora esta profecía está cumpliéndose”.

Basta consultar las crónicas de diversos medios de Estados Unidos para proyectar que la sociedad de aquel país votará el próximo 8 de noviembre envuelta en un ambiente polarizado, incierto.

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A la candidata demócrata Hillary Clinton la describen como una mujer con experiencia en el servicio público, liberal, pero también cuestionan sus posturas laxas frente a las grandes corporaciones. A Donald Trump, se le aplaude el empoderamiento que promete darle a la clase media y a las autoridades con mayor tensión racial, pero eso también lo ha llevado a ganarse críticas, que se suman a otras que acusan su inexperiencia en cargos públicos, sus posicionamientos frente a los derechos de las mujeres y su agresivo discurso hacia los socios comerciales de Estados Unidos.

Así, todo apunta a que la teoría de Bauman tiene pies y cabeza. Pero también dice algo más: “En un planeta abierto a la libre circulación del capital y de las mercancías, cualquier cosa que ocurra en un lugar repercute sobre el modo en el que la gente vive. El bienestar de un lugar repercute en el sufrimiento de otro”.

Y en esta parte de la historia entra México, considerando los comentarios que –al calor de la batalla electoral– se han vertido en torno de la inmigración mexicana a Estados Unidos, pero también de los impactos en el flujo de capitales y en los negocios entre ambos países.

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Es momento entonces de tomar partido. Y, si la historia sirve de algo, la edición mexicana de la revista Forbes se ha caracterizado por los equilibrios, por el periodismo riguroso, por impulsar el estado de bienestar para todos. Así, no apoyamos a Trump. Pero tampoco a Hillary. Votamos por mantener la diplomacia, el flujo de capitales, la buena convivencia entre sociedades. Llámese como se llame el político que lo lleve a la práctica.

Nosotros estamos aquí para hacer el registro de las historias de negocios y su impacto en la sociedad. No nos interesa ser identificados con los demócratas, ni con los republicanos, tal como algunos prefieren decir que no son ni del PAN, ni del PRI, ni del PRD. En este caso, nos reservamos nuestro derecho a hacer periodismo desde América Latina y a registrar los hechos que, de pronto, pueden cambiar nuestra historia.

En pocas palabras, lo que nos motiva es lo que mejor convenga a nuestros entornos. Así de simple.

 

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