Una reciente campaña en Internet trata de hacer conciencia sobre el excesivo uso de los teléfonos celulares y smartphones. ¿Estamos perdiendo vida por conectividad?

 

 

Una reciente campaña en Internet trata de hacer conciencia sobre el excesivo uso de los teléfonos celulares y smartphones. ¿Estamos perdiendo vida por conectividad?

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El video no es nuevo, pero comienza a circular por Internet. Es un corto, de apenas poco más de dos minutos de duración. En él, se observan pequeñas viñetas, escenas, fragmentos de vida cotidiana en las que la participación de los smartphones es cada día mayor.

En un cumpleaños, en un concierto, en la cama con nuestra pareja, en un jardín de niños. En todas esas escenas aparece el celular, ya no como objeto secundario que nos apoya en nuestras labores profesionales o de entretenimiento, sino como personaje principal. Esa es una de nuestras realidades de esta vida altamente tecnológica.

La escena que parecería rescatar los momentos es una comida de amigos que charlan, discuten, ríen y poco a poco cada uno de ellos va sacando su teléfono y las voces se apagan. El corto, que comparto, lector, al final de esta entrada, se llama “I forgot my phone”.

El video alojado en YouTube, en el canal de una videoblogera, tiene tres meses subido en el canal de videos y ya cuenta con más de 34 millones 300,000 reproducciones. Lo confieso: vi el video y en más de una de esas escenas me identifiqué. Seguramente cuando lo veas, lector, también te identificarás.

A pesar de lo ligero y breve del material audiovisual no es para dar risa. La producción nos pone como espectadores de un momento de la humanidad que no se ve sin un gadget en la mano o consumiendo contenidos en la web.

Según estimaciones de la empresa de tecnología Ericsson para el año 2018 se estarán usando más de 3,300 millones de smartphones en el mundo. Es decir, se triplicará el uso de teléfonos inteligentes.

“El número de abonados con smartphones era de 1,100 millones a finales de 2012 y estimamos que alcanzará los 3,300 millones de aquí a finales de 2018″, indicó el grupo sueco en su informe anual.

Es decir, considerando que en el 2011 la población mundial se calculó en 7,000 millones de habitantes, dentro de cinco años aproximadamente la mitad de la población estaría utilizando un teléfono inteligente.

Es cierto, es complicado alejarse de la tecnología y resistirse a la inercia de su uso, pero es de llamar la atención las campañas que invitan a moderar su uso.

Por eso no es de sorprender que en pequeños círculos sociales comiencen a surgir dinámicas sencillas a modo de juego para olvidarnos un poco del celular cuando estemos en una reunión o convivio. Por ejemplo, me comentan algunos amigos y conocidos que algunos restaurantes colocan una pequeña canasta en la mesa para que los comensales pongan ahí sus teléfonos.

Otra dinámica, más sencilla, es colocar en torre los móviles de los asistentes a la mesa. El primero que tome su teléfono de la torre, paga la cuenta.

Uno más: en Estados Unidos empresas organizadoras de bodas están dando un servicio de “guardarropa” pero para smartphones. E incluso, algunas invitaciones de bodas en la unión americana empiezan a utilizar el concepto de “unplugged weddings”, es decir a petición de los futuros novios se pide a los invitados que durante la ceremonia y banquete nupcial se mantengan apagadas las cámaras fotográficas y teléfonos móviles.

Pareciera que queremos dar algunos pasos atrás y empezar a retractarnos de la intromisión de la tecnología en muchos aspectos de nuestra vida.

Hace unos años me hice de una gran amiga vía Twitter. De las menciones y bromas en la red de microblogging vino la idea de encontrarnos en un café para platicar un poco más.

Conscientes de que proveníamos de una red social que nos acapara mucho tiempo y recursos hicimos un acuerdo mutuo de nuestras salidas para charlar: mientras estuviéramos platicando dejábamos a un lado el teléfono.

Nuestro lema, hasta la fecha en que nos vemos ocasionalmente, sigue siendo el mismo: “hay vida más allá de Twitter”. Idea que parece querer dar a entender el video del cual hice mención al inicio.

Por eso, para la siguiente, no hay que sentirnos mal si olvidamos el teléfono. “I forgot my phone”, curiosamente es el nombre del corto.

[youtube id=”OINa46HeWg8″ width=”620″ height=”360″]

 

Y tú, lector, ¿qué opinas?

 

 

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