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La empresa mexicana, con cerca de 70 años de tradición en el diseño de joyas, busca ampliar su presencia en el país y preservar la tradición artesanal de Oaxaca.

 

 

Cuando la señora Rosa Quevedo y su hija Teresa Calvo establecieron hace casi 70 años su primera joyería en la ciudad de Oaxaca, nunca imaginaron que estarían forjando la historia de un negocio con tradición mexicana que ha conquistado a clientes nacionales y extranjeros, los cuales incluyen a la realeza.

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“Todos estábamos un sábado en la tarde trabajando, y de repente me habla el secretario del gobernador de Oaxaca, y me dice: ‘Alberto, necesito tu ayuda, es que la Reina Sofía de España quiere ir a tu joyería’. Y es que en una reunión la esposa de Don Miguel Alemán, la señora Christiane Magnani, que era clienta nuestra, llevaba una joya de nosotros y la reina le dijo ‘yo quiero conocer la joyería’. Así que el secretario del gobernador me informó que en 20 minutos la reina estaría en el lugar”, recuerda emocionado Alberto Rojas Calvo, director de la empresa familiar Oro de Monte Albán.

Ese día, la reina Sofía decidió cambiar la agenda de su visita a México, para conocer el taller y la joyería, en donde Carlos, así como su madre Teresa, elaboraban piezas de oro y plata tradicionales de las culturas zapoteca y mixteca. Pero esa no ha sido la única ocasión que las puertas del local se han abierto para recibir este tipo de visitantes: la reina Isabel de Inglaterra y Jacqueline Kennedy, esposa del trigésimo quinto presidente de Estados Unidos, forman parte de la lista de clientes de un negocio familiar que data de 1947.

Sin embargo, los vaivenes económicos por los que ha atravesado la economía del país en los últimos 30 años, los problemas de inseguridad y la competencia creciente de empresas extranjeras en el mercado de la joyería nacional son los obstáculos que han opacado el crecimiento de Oro de Monte Albán.

Hoy, la empresa busca posicionarse como una marca referente de la joyería mexicana a nivel mundial y lograr su expansión a través del modelo de franquicias que implementó hace 3 años, en una apuesta que buscar tomar brillo a través de eficiencia en los modelos de producción y una nueva línea de joyas que retoman la tradición artesanal de Oaxaca. 

El tesoro oaxaqueño

Cuando la abuela y la madre de Alberto Rojas decidieron emprender en el negocio de la joyería, el negocio de los artesanos oaxaqueños sólo se había reservado a la venta de sus productos por medio de su exhibición en pequeños aparadores en tiendas de ropa y farmacias.

El establecimiento de un local especializado en la elaboración y venta de piezas de filigrana con diseños originales de oro y plata fue una idea atractiva la que las dos mujeres habían decidido desarrollar.

“Este es un negocio que no hubiera funcionado en ninguna otra parte del país, porque lleva implícito mucho del talento de la mano de obra oaxaqueña”, dice Alberto.

La prosperidad del negocio permitió que Teresa Calvo estableciera su propia joyería, mientras que el negocio de su madre se desarrollaba de forma paralela.

Para 1970, Alberto decide irse a estudiar la carrera de Administración de Empresas en la Universidad Iberoamericana, en la ciudad de México, y unos años después, al término de sus estudios, recibió una propuesta laboral con un sueldo que cuadruplicaba los ingresos que percibía en aquél momento.

Con la idea de aceptar el trabajo que le ofrecían, Rojas Calvo regreso a Oaxaca para despedirse de su mamá y los amigos de su tierra natal. Sin embargo, un comentario inesperado cambiaría el plan que ya había trazado: “Los muchachos en el negocio me  dijeron ‘qué bueno que regresaste, porque esto está de la patada’”.

Las deficiencias administrativas en la joyería habían puesto en peligro la subsistencia del negocio en 1975, por lo que el segundo hijo de Teresa decidió rechazar el puesto que le ofrecían en la capital del país, y se lanzó a la aventura de rescatar el negocio familiar a través de la eficiencia en los procesos administrativos y de producción.

Y aunque al principio los artesanos en el taller miraban llenos de dudas al joven de 25 años de edad, éste logró que la joyería tomara un nuevo brillo que le permitió crecer y establecer una nueva imagen de la mano de su madre y hermano.

En 1985, el interés por las joyas descubiertas por el arqueólogo Alfonso Caso en la región arqueológica de Monte Albán, dentro de la llamada Tumba 7, fructificó en la obtención de una autorización por parte del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) para reproducir la joyería precolombina. Así fue como ese año la empresa tomó su actual nombre de Oro de Monte Albán.

“A partir de ese momento se dio un crecimiento de mercado muy interesante que también hizo crecer a la empresa”, dice Alberto Rojas.

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Foto: Julio César Hernández.

Camino dorado

El interés del turismo extranjero impulsó el negocio de Oro de Monte Albán en los años que siguieron a la elaboración de las piezas precolombinas, cuando la empresa logró que sus piezas se comercializaran en almacenes de prestigio, así como que se vendiera en más de 50 clientes distribuidos en joyerías y galerías en la ciudad de México, además del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM).

Asimismo, lograron la comercialización de su producto con al menos un cliente por cada estado de la República Mexicana, y encaminaron el negocio a la exportación hacia Europa y Estados Unidos.

“Nuestro producto era más caro que el de la competencia, pero su calidad era mayor, y cumplía con las exigencias del turista extranjero”, dice Rojas Calvo.

Pero las crisis económicas que ha vivido México y los mercados internacionales no ha sido de un impacto menor para la compañía mexicana: las ventas de la cadena de joyerías se ha reducido en 90%, comparado con las ventas de hace una década.

“En ese momento nos damos cuenta que debemos trabajar nuestra imagen como empresa y generar un concepto”, confiesa el director de la empresa.

En 2011, la empresa abrió una tienda en San Antonio, Texas, la cual le permitió a Alberto descubrir que el modelo era exportable a otras latitudes, a pesar de que la sucursal tuvo que cerrar debido a los conflictos magisteriales en Oaxaca que no permitieron seguir la inversión al extranjero, ya se decidió solventar las pérdidas en el negocio con esos recursos.

En ese mismo año, la empresa lanzó un modelo de franquicias que permite a los inversionistas interesados obtener el modelo de negocio por una suma de 100,000 dólares que se recupera en un lapso aproximado de 3 años.

 

La sucesión

Hace un par de años, un cambio se comenzó a generar en la empresa. Iliana Rojas, hija del director general de la compañía, regresó después de haber concluido sus estudios de diseño en Italia y generó una visión renovada en la línea de productos.

La joven viajó por varias comunidades de Oaxaca en la búsqueda de artesanos que pudieran generar joyas que conjuntaran materiales como la madera o el capullo del gusano de seda, y después de haber recorrido tierras oaxaqueñas logró generar nuevos diseños para el negocio.

“Ahora todo el pueblo hace esas cosas, pero ella fue la primera que lo hizo”, dice Alberto.

Y aunque el camino parece ofrecer un panorama más alentador para recuperar las ventas pérdidas en el país y a nivel mundial, Rojas sabe que ahora la única familia propietaria de una joyería en Oaxaca es mexicano, por lo que los capitales extranjeros son un reto a vencer.

Cuando el negocio de la madre de Alberto Rojas inició formalmente como Oro de Monte Albán, la empresa sólo contaba con 5 empleados, mientras que hoy cuenta con una fuerza laboral de 80 personas, y se prepara para una nueva etapa de crecimiento en donde las aportaciones profesionales de sus dos hijos al interior de la empresa serán decisivas.

Alberto Rojas asegura que el negocio fundado por su madre y su abuela tiene el potencial de brillar más allá de sus aparadores en México: “Decía alguien que en la vida hay que trascender, y si lo vamos a hacer es manteniendo una actividad y una herencia cultural que se está perdiendo… Entiendo que el entorno es difícil, pero creo que todo esto que estamos haciendo puede dar paso a una empresa bien consolidada y ser referente de la joyería mexicana a nivel mundial”.

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Foto: Julio César Hernández.

 

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