“De mis ojos, brotó la sangre infatigable de los solitarios.

De mi cuerpo y alma, la sensación de que nada había acontecido y de que nada volvería a acontecer en el tiempo restante.”

Francisco Hernández .

La belleza del mundo está en los detalles y el arte puede surgir de cualquier rincón. Disponible para aquellos afortunados que se tomen un instante para contemplarla. Un destello, algún color, un sonido perdido o el aroma que se difumina mientras caminas. Se trata de permitirse escuchar y ver aquello que nos rodea, sentir más allá de nuestras diarias limitaciones.

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Ésa es la esencia de la nueva película de Jim Jarmusch, Paterson (2017), donde la sencilla cámara del director sigue a un conductor de autobús (Adam Driver) en la ciudad homónima del título, mientras éste dedica su tiempo libre a escribir poemas que nadie leerá, a excepción de su creativa esposa, quien a su vez encuentra como expresar sus habilidades artísticas en los detalles más pequeños de su hogar.

Si Sólo los amantes sobreviven (Only Lovers Left Alive, 2013) tenía como idea central la creación del arte y la necesidad de que sobreviviera para ser apreciada (sin importar su autor o lugar de procedencia), Paterson radicaliza esa línea de pensamiento: el arte es bello porque puede venir de cualquiera, aun cuando no existan otros testigos de su vida. Jarmusch está interesado en hacer arte, su arte, y ponerlo a disposición del público sin esperar nada más a cambio.

El cine de Jarmusch siempre ha sido de guiños, pequeños movimientos, fotogramas o diálogos sin mucho artificio, pero cargados de significado. Por ejemplo, la parca sonrisa de Bill Murray encapsulaba todas las ideas de Flores rotas (Broken Flowers, 2005) sin necesidad de tener extensos diálogos. Un dejo de melancolía en sus arrugas bastaba para entender el estado íntimo de ese “Don Juan” y las necesidades de su viaje.

Ahora, Jarmusch nos lleva a un pueblo donde la poesía se encarna en las simples actividades de sus habitantes. Desde niñas esperando hasta noctámbulos lavanderos a la búsqueda de la rima perfecta. Es un juego que el cineasta norteamericano lleva a la estructura de la película misma. La edición imita a las rimas de un poema y los guiños visuales confirman esa intención. Una y otra vez Paterson (imposible sin la sensibilidad de Adam Driver) repite su rutina con ligeras variaciones. Las tomas encuentran su correspondencia para crear el ritmo de la cinta, como las sílabas se convierten en la música de un poema.

El estilo de Jarmusch parece haber encontrado el camino adecuado para expresarse. Paterson es un homenaje a la poesía intrínseca del cine y la depuración de un estilo único detrás de la cámara. La mirada de Jarmusch está llena de paciencia, es el hombre que camina lento bajo la lluvia cuando todos parecen huir con la mirada en el asfalto. Aumentar el paso significa perderse todo, vivir en un pueblo donde no pasa nada, aun cuando en el fondo esté sucediendo todo.

 

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