Tres emprendedores toman segmentos de negocios tradicionales para darles un toque muy particular con la innovación.

 

Por Lourdes Contreras

 

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Sergio y Gabriela León: Gresmex

Éviter le dará a Sergio y Gabriela León la oportunidad de facturar el próximo año 100 millones de pesos (mdp). Es el monto de las ventas comprometidas que ya tienen de su línea de crema, jabón, sanitizantes, toallas húmedas y esterilizantes para hospitales, clínicas y quirófanos del sector público y privado en México. ¿Cuál es la particularidad que tienen los productos y que les convierte en una promesa de negocio? Los hermanos crearon la sustancia Virufin, capaz de inactivar los virus hasta en un 99.99% y eliminar en la misma proporción bacterias hongos y esporas, efecto que ningún otro producto había logrado. El obstáculo al que se enfrentaron, asegura Sergio, vicepresidente de la compañía Gresmex, al promover su producto, fue que al no haber otro en el mercado con el mismo grado de efectividad se les catalogó como “producto milagro”, lo cual quedó atrás luego de que el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER) los certificara.

Los emprendedores están a punto de conseguir la patente de la sustancia y antes de finalizar este año exportarán sus productos a Uruguay, Paraguay, Bolivia y Perú. En febrero de 2013 la Éviter llegará a Brasil, Argentina, Chile y Colombia. La compañía inició en 2010.

 

Héctor Sepúlveda Reyes-Retana y Luis de Yturbe García: Litebuilt

Héctor Sepúlveda Reyes-Retana (CEO) y Luis de Yturbe García (COO), de Litebuilt, tienen una historia de emprendedores que este año les permitirá lograr ingresos por 30 millones de pesos.

Comenzaron en 2009, con la comercialización de productos prefabricados para la construcción, y soluciones para llevar a cabo el proceso de levantamiento de viviendas con ahorros en tiempo y costos de hasta 10% respecto a una edificación tradicional.

Litebuilt fabrica blocks que se pueden ensamblar sin necesidad de mortero. Al estar hechos con concreto celular, se logran viviendas térmicas ahorradoras de energía, lo que los hace cumplir con normas de sustentabilidad. “Buscamos romper con el paradigma de que lo sustentable es caro”, según Héctor.

Sus clientes son, entre otros, Urbi, Vive ICA, Ara, Sadasi y Geo.

Litebuilt tiene actualmente 45 empleados y tres plantas.

 

René Lankenau Haas y Luis Garza Sada: Advenio

“Lo que queremos es reinventar el concepto del cuidado infantil en México”, comenta René Lankenau Haas al referirse a Advenio, la compañía que fundó junto con Luis Garza Sada a finales de 2010.

Su negocio: instalar y operar estancias para bebés dentro de los centros de trabajo de sus madres. Ello, dicen, responde a la necesidad de las trabajadoras de sentirse cerca del bebé, con la posibilidad de visitarlo cuando así lo decidan, y saber que mientras ellas laboran sus hijos tienen actividades de estimulación temprana, amén de atestiguar a través de su computadora cómo lo cuidan.

Para las empresas, todo ello se traduce en menor rotación de personal y reduce el ausentismo laboral de las mujeres mamás. Algunas, incluso, asumen el costo de entre 5,000 y 7,000 pesos y lo ofrecen como prestación laboral.

Este tipo de proyectos existen en Estados Unidos y ahora se albergan en nuestro país en instalaciones de firmas como HSBC, British American Tobacco y Alfa, por ejemplo. Hasta el momento sólo tienen presencia en Monterrey y Distrito Federal.

Por el momento disponen de siete centros de cuidado, si bien entre 2013 y 2014 abrirán 20 más. Cada centro requiere una inversión de tres millones de pesos.

 

Diego Solórzano: Carrot

Tiene 26 años y emprendió su negocio de car sharing. Diego Solórzano, director general de Carrot, encontró en este modelo –que lleva 30 años en algunos países europeos y en Estados Unidos– la forma de generar ganancias y lo impulsó en México. La idea es distribuir en algunos estacionamientos de la Ciudad de México autos que distintas personas pueden usar. ¿Cuál es el proceso? Se paga una mensualidad de 100 pesos para hacerse miembro del club, se recibe una tarjeta de radiofrecuencia que permite abrir el auto y, cada vez que se requiere usarlo, se cobran 90 pesos por hora o 720 pesos por día, costo que ya incluye la gasolina y los seguros.

Un sistema de este tipo, dice Diego, logra que por cada unidad en servicio salgan de circulación entre 15 y 20 autos particulares. “Lo que se busca es promover el uso racional del auto”, refiere. Su cliente típico es el usuario del transporte público que en ocasiones tales como fiestas, juntas lejanas o compromisos sociales, se ve obligado a hacer uso de un auto.

Carrot tiene 40 autos en servicio y 100 afiliados al club. Inició en abril de 2012.

 

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