Por Luiza Carvalho*

La importancia de la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres quedó plasmada en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, mostrando que cada vez más países ven la igualdad de género como la base necesaria para conseguir sociedades pacíficas, prósperas y sostenibles.

El modelo del “hombre proveedor” y la “mujer ama de casa” corresponde cada vez menos a la realidad de las familias de la región, pero la región continúa rezagada en materia de igualdad de género. En la actualidad, 56% de las mujeres en la región participa en el mercado laboral, en comparación con 85% de los hombres, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT). La brecha salarial persiste y la tasa de desempleo entre las mujeres sigue siendo alrededor de 50% mayor que entre los hombres, de acuerdo con el estudio El Progreso de las Mujeres en América Latina y El Caribe 2017 de ONU Mujeres.

Las desigualdades socioeconómicas, geográficas, étnicas y raciales se entrecruzan con las desigualdades de género y las agudizan. En este sentido, uno de los principales factores que contribuye es la pobreza. En la mayoría de los países, la probabilidad de caer en la pobreza es significativamente más alta en los hogares encabezados por mujeres. Así, en 2014, el porcentaje de mujeres pobres era 18% superior al de los hombres, de acuerdo con la OIT.

Otros factores determinantes son la violencia de género, los matrimonios infantiles, las uniones tempranas y los embarazos precoces, los cuales crean nuevos riesgos económicos para las mujeres, particularmente entre aquellas con bajos niveles de inserción laboral y bajos ingresos. La educación también es un factor determinante para la igualdad de género. La brecha en la participación laboral entre mujeres y hombres con alto nivel de formación es del 11%, mientras que la brecha de género entre quienes cuentan solamente con educación primaria es de 34%.

Estos factores nos permiten conocer los diferentes escenarios en los que se desarrollan las mujeres.

Está el escenario de los techos de cristal, donde las mujeres se desempeñan en contextos de discriminación laboral y segregación ocupacional que se expresan en persistentes brechas salariales y una mayor carga de trabajo doméstico y de cuidados que los hombres. El 19% de estas mujeres carecen de ingresos propios y dedican aproximadamente 33 horas al trabajo no remunerado por semana.

Después sigue el escenario de Escaleras Rotas, en él se encuentran las mujeres con educación secundaria y de hogares de ingresos intermedios. Las mujeres de este grupo pueden estar insertas en el mercado laboral, pero carecen de redes de protección que les permitan dar saltos de empoderamiento. Cerca de un tercio carece de ingresos propios y dedican aproximadamente 41 horas al trabajo no remunerado por semana.

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Finalmente está el escenario conocido como Pisos Pegajosos, donde las mujeres cuentan únicamente con educación primaria e ingresos familiares bajos, es decir, más del 40% de ellas carece de acceso a ingresos propios. Cuando las mujeres de este grupo están insertas en el mercado laboral, se encuentran en ocupaciones precarias, como el servicio doméstico, y suelen carecer de cualquier tipo de seguridad laboral.

Para que estos escenarios desaparezcan y poder avanzar en el empoderamiento económico de todas las mujeres, ONU Mujeres ha identificado, entre otras, las siguientes estrategias clave: reducir y redistribuir el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado; avanzar en la construcción de sistemas de protección social universal con enfoque de género; crear más y mejores empleos y transformar el trabajo en favor de los derechos de las mujeres; y contener los efectos adversos de la desaceleración económica en la igualdad de género.

Hoy por hoy hay consenso en que invertir en las mujeres no es solo lo más justo, sino lo más inteligente, porque genera una reactivación de la economía. También es la forma más rápida de responder a la deuda histórica con las mujeres y niñas atrapadas en ciclos de discriminación, pobreza e injusticia.

*Directora Regional de ONU Mujeres para las Américas y el Caribe.

 

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