Precisamente los mercados emergentes ya están declinando en actividad económica, como consecuencia de la desaceleración del mundo desarrollado.

 

Desde la crisis de 2008-2009, hemos tenido una sorprendente recuperación económica de lo que fue un desastre comparable casi a la Gran Depresión, con la salvedad que se tomaron medidas que finalmente (o temporalmente) la evitaron.

Por supuesto, aquella recuperación económica y de los mercados no ha sido igual en todas las regiones. Europa ha tardado mucho más en salir de su crisis de lo que Estados Unidos y los mercados emergentes tuvieron un despegue estelar, ya que tenían los recursos, los ahorros y la mano de obra barata. Pero, por sobre todo, a un cliente garantizado (el mundo desarrollado) que lo único que sabe hacer bien es consumir.

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Tratando de comprender el porqué de aquella recuperación casi ininterrumpida durante 5 años he tratado de explicar en innumerables ocasiones lo que, a mi parecer, ha sido el catalizador de aquel milagro económico: el aumento en la deuda de los países desarrollados para subsidiar y salvar al sistema, como también por la gran cantidad de dinero que se imprimió. Estamos inundados de dinero, pero el dinero es papel hoy en día con muy poco respaldo en activo real, he ahí el porqué del alza sostenida de los bienes: hay más dinero que bienes.

Pero la reacción económica a estas medidas ha empezado a mostrar signos de agotamiento en  algunos mercados y en algunas bolsas, y las herramientas disponibles ya fueron utilizadas, solo cabría prolongarlas o incluso redoblarlas para revertir la tendencia. La política monetaria y de deuda se ha estrechado a un nivel insostenible y cada vez resulta más oneroso seguir dándole vueltas a la misma rueda, la cual cada vez se pone más pesada y con ello lenta.

Muchas veces durante este periodo he mantenido que esta postura terminará siendo insostenible y cada año ha terminado resultando en una negación a mi creencia. Aun así, la sigo manteniendo. Y la pregunta del millón es si será cierto o no y, si lo es, cuando será. Pero no soy lo suficientemente inteligente para hacer aquella predicción, sólo estoy convencido de que sucederá, el cómo y cuándo, creo, no lo sabremos. Se preguntarán ustedes por qué tengo una convicción tan obstinada de que estas medidas terminarán no funcionando, y trataré de explicarlo de una forma muy simple: porque si todo se pudiera solucionar poniéndole más billetes al sistema y endeudándose indefinidamente, el mundo alcanzaría (al menos de un punto de vista económico y de mercados) el status de perfección eterna, o panacea. Esto los escribí hace tres años en un artículo que tenía como título “La fuente de la Juventud”. Sencillamente, las panaceas no existen. La dinámica de nuestro mundo perfecto y a la vez imperfecto lo impiden. La abundancia eterna no existe al menos en lo que se refiere al aspecto material, todos los recursos tienen un límite lamentablemente, de otro modo para que se necesita hablar de la palabra economía. Si los recursos son ilimitados, no se necesita la economía, aquella ciencia social viene basada en el estudio de cómo administrar los recursos escasos.

Ahora bien, el porqué del 2014 como un año diferente radica en que precisamente los mercados emergentes ya están declinando en actividad económica, como consecuencia de la desaceleración del mundo desarrollado, sumado al alza de tasas en dólares en los EEUU producto del “tapering”, y dado el hecho de que también aquellos mercados han tenido una cantidad de inversión de tal envergadura que el ritmo de ésta empieza a decrecer, y con ello el crecimiento de sus despectivos PIB. A aquello se suma el hecho de que su monedas han venido en general depreciándose, manteniendo con ello si bien una mayor competitividad del sector exportador, también un mayor costo en las importaciones y con ello una merma en el consumo. Al decrecer el ritmo de actividad en los mercados emergentes, se agota de alguna forma lo que ha sido el motor en parte industrial y en parte del consumo que sostuvo al menos temporalmente la economía global durante los últimos años.

Nos encontramos entonces a una situación diferente a la tendencia registrada y ahora el mundo en su globalidad entrará finalmente en una etapa de desaceleración. Si bien esto no significa necesariamente que precipite un cataclismo financiero, sí por lo menos habrá mucho mayor volatilidad y las bases estructurales volverán a una situación de tambaleo e incertidumbre. Estados Unidos no cuenta lamentablemente con la fuerza para arrastrar los vagones, mucho menos Europa y Japón. China por sí solo aun creciendo a tasas atractivas no es capaz de absorber la gran caída en la demanda agregada que registraremos.

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