El crecimiento del PIB ha sido durante unos 80 años la vara con la que se mide la riqueza de un país, pero hoy resulta inexacto por sí solo. Deloitte propone un índice que ayude a tener una imagen más completa del progreso social.

 

Por Bruce Rogers

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De acuerdo con el presidente de Deloitte Touche Tohmatsu Limited (Deloitte Global), el mundo está demasiado obsesionado con las estadísticas del PIB como medida definitoria de progreso nacional o el progreso local. Y aunque la investigación detrás del Índice de Progreso Social ha demostrado que existe una fuerte correlación entre el crecimiento del PIB per cápita y el mejoramiento del progreso social en una etapa temprana en la línea de desarrollo, cuanto más nos fijamos en cuán rico se vuelve un país, más desviaciones existen entre el crecimiento del PIB y el progreso social.

“Hay un reconocimiento de la necesidad de algo además de, no en lugar de, el PIB para darnos una medida más integral del crecimiento inclusivo. Así nació el Índice de Progreso Social (el Index)”, dice Almond.

El Índice de Progreso Social examina tres componentes distintos del progreso de un país en términos sociales y ambientales, incluyendo la capacidad de la sociedad para satisfacer las necesidades básicas de sus ciudadanos como el agua, el saneamiento, vivienda y atención médica básica. La siguiente medida es la capacidad de una sociedad tanto para sostenerse como para proporcionar sistemas e infraestructura para cosas como escuelas, acceso a internet y herramientas móviles. El tercer nivel mide el nivel de oportunidades y la movilidad ascendente que una sociedad ofrece para proporcionar las condiciones que deriven en el cumplimiento de los derechos personales, la libertad de expresión, la tolerancia, la inclusión y el acceso a la educación superior.

“En total, hay 52 indicadores diferentes a través de estas tres dimensiones de indicadores sociales y ambientales, y lo importante es que todos se centran en los resultados. Así que no importa la cantidad de dinero que gaste un país en atención médica, lo que importa es cuán bien, cuán saludables están sus ciudadanos. Así que hay una llamada de atención para algunas economías avanzadas con un PIB alto, como Estados Unidos y Reino Unido. No importa lo mucho que gastamos en la salud si nuestros ciudadanos sufren de obesidad, por ejemplo”, dice Almond.

Almond y Deloitte afirman que si te guías únicamente por el PIB, ya sea que seas un gobierno, una ONG o un negocio que busca invertir, eso podría llevar a políticas que impulsen el crecimiento económico, pero de una forma en que no impulsa también el progreso social y ambiental. En pocas palabras, la riqueza en términos de PIB no siempre equivale un gran progreso social.

“La ambición y la visión para el Index y el imperativo de Progreso Social, que no es el lucro para la organización detrás del índice, es que queremos que progreso social sea visto como una medida tan importante como el PIB en la medición general del progreso de un país para que el crecimiento del PIB, combinado con el progreso social impulsen el crecimiento inclusivo”, dice Almond.

“Un claro ejemplo de cómo se separa el desempeño de un país en el Índice de Progreso Social contra de su PIB per cápita son los países que tienen un PIB per cápita relativamente alto, pero una economía altamente dependiente de los recursos, como Qatar, Rusia y Nigeria, por ejemplo, que califican muy bajo en progreso social. Esto implica que el éxito económico resulta benéfico sólo para unos pocos en lugar de muchos”, explica Almond.

Algunas de las ideas detrás del Index se alinean con un libro que Deloitte editó hace dos años llamado La revolución de las soluciones, que sostenía que los grandes retos sociales y ambientales que enfrenta el mundo son demasiado grandes para que un solo sector les haga frente por sí mismo. “Pero cuando se combinan el poder y la autoridad de un gobierno para formular políticas y el poder de convocatoria y experiencia en el tema de las ONGs y la sociedad civil, junto con la profundidad técnica y la capacidad de los recursos de la empresas, realmente puede ocurrir un cambio positivo”, dice Almond.

El ejecutivo proporciona un ejemplo del poder del Index para ayudar a generar el cambio. “El gobierno de Paraguay adoptó formalmente el progreso social como una medida de su rendimiento. Para trabajar bajo ese marco formaron una red de progreso social, un comité nacional que combina la autoridad del poder público como paradigma responsable de la política, la experiencia de la sociedad civil y los recursos de los negocios para apuntar a los problemas identificados por los datos del índice. El índice mostró en qué debía enfocarse más el país. Teniendo el índice y los datos sólidos que lo apoyan cada año, ayudará a ofrecer al gobierno paraguayo una manera de hacerse responsable ante sí mismo y antes su ciudadanía del avance en temas muy específicos”, explica Almond.

¿Por qué la firma de servicios profesionales más grande del planeta dedica tiempo y recursos al índice? Ciertamente, los datos pueden ayudar a Deloitte con su negocio de consultoría para gobiernos y ONG, pero lo más importante es que emana de los continuos esfuerzos de la compañía para construir una “cultura del propósito”.

“Tratamos de transmitir un mensaje a los empleados actuales y potenciales de Deloitte de que su empresa es una fuerza positiva en la construcción de una sociedad más allá del afán de lucro. Nosotros, como la junta de Deloitte, reconocemos que nuestros grupos de interés, que incluyen a nuestros empleados y a clientes actuales y futuros, quieren que nosotros representemos algo más que simples rendimientos financieros”, advierte Almond.

Deloitte está en esto para el largo plazo y reconoce que se necesitará mucho trabajo duro y evangelización para que el Índice de Progreso Social adquiera la relevancia que ellos creen que le corresponde junto a las métricas del PIB. Después de todo, el PIB ha sido una referencia por alrededor de 80 años, mientras que el índice está en su infancia, habiendo publicado sus datos anuales.

Almond se encuentra en las últimas semanas de su mandato de cuatro años como presidente global de la Junta en Deloitte Global y considera que el Index es una de las iniciativas más importantes de la firma durante su mandato. “Hablamos muy serio sobre tener el impacto que importa a todos nuestros grupos de interés. No puedo decir que nada de esto es mi legado personal, pero sí es testimonio de la visión y el liderazgo de toda la organización”, afirma.

 

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