En este blog le informé en febrero que según reportes del Wall Street Journal (WSJ), en Japón la demanda de cajas de seguridad se había disparado a tal grado que comenzaban a escasear. Y es que los japoneses están recurriendo a ellas para almacenar tantos yenes en efectivo como puedan.

No es casualidad. El banco central de ese país pertenece al vergonzoso grupo de autoridades monetarias que ya impone tasas de interés negativas a los bancos, con la creencia de que eso los presionará a prestar, y con más crédito, se estimulará la economía y la inflación.

Ya le he explicado antes los motivos por los cuales esa es una falacia que, lejos de ayudar, está enfilando a la economía global hacia un desastre peor que el que estalló en la crisis de 2008-2009, al inflar burbujas en activos como los bonos y las bolsas de valores.

Con rendimientos negativos a la vista y el fisco encima, los ahorradores de Japón y otros países –como Suiza, donde el año pasado la circulación de billetes de 1,000 francos se disparó 17%-, están prefiriendo recurrir al “cash”.

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Otra prueba de esto la reportó el domingo también el WSJ, al informar que los ahorradores alemanes están retirando los euros de sus cuentas bancarias para guardarlos “debajo del colchón”.

A decir verdad, igual que los japoneses están comprando cajas de seguridad domésticas. La demanda se ha disparado tanto que las ventas de Burg-Waechter KG, el mayor fabricante de Alemania, se dispararon 25% en el primer trimestre de 2016.

Según un testimonio recogido en su nota, los productores de estas cajas fuertes están casi al límite de su capacidad, tienen tiempos de espera para entrega y están trabajando a tres turnos.

Si busca un responsable, voltee a ver al Banco Central Europeo, otro destacado integrante del “club” de las tasas negativas. Los ahorradores –personas y empresas-, no quieren que en vez de recibir rendimientos, aunque sea mínimos, les comiencen a cobrar comisiones y otros cargos por sus depósitos, como ya está ocurriendo.

La reacción de alemanes y japoneses sin duda es la correcta, y debería ser imitada en todo el mundo.

Las tasas negativas no sirven para estimular la economía, pero sí para aniquilar a los más responsables con sus finanzas, aquellos que gastan menos de lo que ganan y ahorran.

Por eso, a manera de defensa de su capital y propiedad privada, las personas deben hacer lo que esté en sus manos para contrarrestar las irresponsables decisiones intervencionistas de los gobiernos y banqueros centrales.

Desde luego, más destacada aún es la acumulación masiva de oro –el dinero por excelencia- que está llevándose a cabo en China. Por cierto, no hay forma más acabada de dinero real que el oro y la plata amonedados.

Así que aquí en México, se haría un favor si sigue a los chinos, japoneses y alemanes, y se compra una buena caja de seguridad. En los tiempos turbulentos que se avecinan, lo mejor es recortar posiciones en el débil peso, bonos y la bolsa, para ampliarlas en activos más sólidos como el dólar –que en un momento de crisis podría inflarse en burbuja antes de colapsar-, monedas de oro, onzas de plata, obras de arte, etc.

No importa que sea “poco” lo que tenga, no tiene por qué perder poder adquisitivo y correr riesgos innecesarios por culpa de aquellos que, a modo de “planificadores centrales”, creen saber qué es lo mejor para el mundo, mientras lo dirigen al precipicio económico.

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