Incitar a la polarización en una sociedad nunca ha traído nada bueno y menos como una acción permanente del gobierno. Los gobernantes deben de entender para qué sirve la prensa y cuál es la función primordial de los periodistas ante la sociedad y la democracia.

Los ejemplos visibles, caso Trump, nos dejan ver que no sirve de nada atacar a los medios, polarizar a una sociedad sólo lleva a las agresiones entre grupos sociales que además hoy en día los ataques se magnifican, desafortunadamente, a través del anonimato de las redes sociales.

Además de polarizar, la sociedad gasta muchas horas en generar odio que a la larga puede generar violencia y que en nada ayuda a las sociedades. Si a esto le añadimos una cierta incertidumbre por el entorno económico de un gobierno que inicia y en donde la estabilidad de la economía siempre hace que el desarrollo económico se desacelere, puede de una gran manera magnificar los problemas y no dar un buen resultado para el país.

Muchos mandatarios en la región latinoamericana se dejan llevar por el índice de popularidad, pero es importante mencionar que la popularidad no ayuda al desarrollo de la economía, es la confianza la que hace que la sociedad invierta en el gobierno y esta inversión es real y directamente en acciones que generan actividad económica.

En sistemas nacionalistas o populistas la popularidad ayuda a legitimar las decisiones ante el pueblo, pero éstas poco o nunca ayudan a impulsar el desarrollo económico y menos cuando la popularidad está fundamentada y trabajada bajo un esquema de otorgamiento de apoyos sociales, lo que desafortunadamente convierte a la ciudadanía en una masa social que sólo espera una dádiva gubernamental, la cual se convierte en consumo, pero no el suficiente para impulsar de manera importante el desarrollo económico.

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Para complicar el escenario, podemos sumar el odio social que se está generando y que por consecuencia enfrenta a las clases sociales, dividiendo al país en los que reciben dádivas del gobierno y los que generan actividad económica, en donde se estigmatiza a estos últimos como los malos de la película, lo que no abona a la confianza, dejando el escenario entre los que defenderán al gobierno por su dádiva y los que trabajan y pagan impuestos.

No es recomendable para ningún mandatario en ningún país gobernar dividiendo a la sociedad o atacando a los medios de manera sistemática y menos ante un contexto en donde cualquiera, ya sea ciudadano, funcionario público, legislador, delincuencia organizada, oponente político real o disfrazado, terrorista real o fingido o guerrilla, puede disfrazarse bajo la polarización y atentar o presumir hacer justicia por su propia mano, como podríamos asumir que está pasando con el tema de Rafael Loret de Mola, padre de Carlos Loret de Mola, quién también está siendo amenazado.

Hace unos días, Elena Poniatowska afirmó en Palacio Nacional, cuando asistió a la conferencia de prensa matutina, que “no hay prensa fifi”, la prensa es la más chambeadora.

 

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