La mayoría de las escuelas de negocios que son referentes a nivel mundial enseñan a sus estudiantes que, cuando muchas personas (o empresas) buscan entrar a un negocio, lo que termina sucediendo es que éste pierde valor en el mercado, a partir de dos fenómenos: un incremento especulativo de su sistema de precios, además del efecto de tener una ‘diáspora’ de competidores que incluya a grandes y pequeños jugadores, expertos y neófitos, que termina desdibujando el estándar de valor percibido.

En términos prácticos esto quiere decir que el precio cambia muy rápido, mientras  se deja de entender si es costoso o económico. Justo ese es el momento que está viviendo el Bitcoin a nivel mundial, no es secreto para nadie.

Todo indicaba que el Bitcoin iba a terminar 2017 con emoción, cuando rozó los 20,000 dólares. Sin embargo, perdió 30% en la última quincena del año. Y cuando parecía que se la burbuja había explotado, comenzó 2018 recuperando 25% en los primeros siete días de enero. Así, en lo que va del año, el Bitcoin tuvo un pico de 17,712 dólares, un mínimo de 6,048 y al cierre de la semana pasada cotizaba a 10,400 dólares. Un negocio que ‘grita’ volatilidad, esa que le encanta a los aficionados a los mercados de valores.

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Por este motivo, para muchos, el Bitcoin se quedará en el universo financiero, siendo casi invisible para el ciudadano común. Cuando se trata de ‘bajar’ esta criptomoneda a la vida real, se llega a tres grandes ‘incógnitas’:

  1. ¿Cómo sería la migración de lo intangible a lo tangible, en términos de consumo? ¿Un día un boleto de avión tendrá un valor en dólares y otro en Bitcoin?
  2. Si los intermediarios (bancos) desaparecen, ¿cómo funcionarían aspectos como los cambios en las tasas de interés que impulsan todo el sistema?
  3. Al haber una multiplicación de monedas digitales, ¿quién, cómo y bajo qué parámetros se lograría determinar los precios de los productos y servicios?

Además de estas preguntas, comienza a ser parte de la discusión un elemento para muchos tan invisible como esta moneda: los centros de minería de Bitcoin y otras criptomonedas como Islandia, Corea del Sur, India, entre otros, están consumiendo demasiada electricidad, haciendo que el proceso de verificación de transacciones pudiese empeorar al medio ambiente mundial.

Según datos del gobierno de Islandia, en el proceso de minería de datos se están gastando cientos de megavatios, en un numero tal que para finales de este año equiparará lo que consumen en electricidad todos los residentes del país, para producir algo que no tiene existencia tangible. Eso no es bueno… recuerde que la siguiente crisis económica ‘grande’ que se viene a nivel global estará relacionada con la escasez de recursos naturales.

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Entonces vuelve la pregunta ‘del millón’: invertir o no en Bitcoin. La especulación existe en cualquier sector que se encuentra en las primeras etapas de crecimiento. Al principio, los inversionistas van a especular sobre el valor y la evolución de los precios, sin embargo, a medida que la industria madure y el mercado evolucione, los inversores inevitablemente tendrán que pasar de la especulación a la regulación. Ha pasado a lo largo de historia de la economía, no tendría por qué suceder diferente.

Sin embargo, y mientras esto sucede, siempre habrá grandes rupturas del sistema de precios y disponibilidad donde muchos, lastimosamente, perderán mucho dinero. Para no ser uno de ellos, hay que saber cuando ‘levantarse de la mesa’ como en los casinos.

Cruzar el principio de especulación con la disminución del ansia humana. No todas las veces que alguien quiere ‘mas de algo’ logra obtenerlo como quisiera, es uno de los principios de la economía doméstica. No pida tanta comida, si al final sabe que no se la va a comer y va a terminar en la basura (es la mejor forma de ponerlo en términos ‘mortales’).

Mi mejor amigo estuvo durante la semana en el hospital por una infección, cada vez que le preguntaba cómo seguía, de lo único que se quejaba era de la fiebre. Para que la fiebre del Bitcoin no le haga perder la cabeza, debe entender hasta dónde llevar la ambición, porque a nadie le gusta estar enfermo.

PD: Sin entrar en especulaciones (fuente oficina de turismo de Alemania en México). En 2017 el precio de la noche promedio, en un hotel 5 estrellas en Alemania fue de 178 euros, lo mismo que cuesta en Manhattan la noche en un hotel de dos estrellas. La economía de escala disminuye lo nebuloso en los mercados especulativos, y en este caso lo puede ayudar a decidir si prefiere pasar sus vacaciones comiendo Hot Dogs o Currywurst.

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