Aunque su importancia en el sistema era mínima, nos da esperanzas de que en el futuro, los reguladores puedan seguir actuando en el sentido correcto sin importar el tamaño del banco.

 

Este miércoles la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) anunció que un día antes, revocó a Banco Bicentenario su autorización para operar como Institución de Banca Múltiple. Esto debido a que al mes de junio, su índice de capitalización (ICAP) descendió hasta 2.98%, y esto según la Ley de Instituciones de Crédito es suficiente para revocar su permiso.

La quiebra de este banco es la primera desde la crisis de 1994-95 en México, y contrario a lo que podría pensarse, es una buena noticia. Desde luego, no es que sea “bueno” que una institución bancaria quiebre, pero sí lo es que las autoridades apliquen la ley como es su obligación y que, si merece ser liquidada por sus malos números, se haga lo más pronto posible.

Claro está que por su tamaño, Bicentenario era un banco insignificante dentro del sistema financiero mexicano. Es muy probable que si se hubiese tratado de uno de los más grandes del país, la historia sería muy diferente y quizá sí estaríamos hablando de un rescate bajo la excusa de “proteger” al sistema y a los ahorradores, pero por fortuna no fue el caso. Recordemos que de todos modos, casi la totalidad de los ahorradores de la banca alcanzan a estar protegidos por el IPAB, así que en realidad a quien se rescata en esos casos, es a los banqueros. Mal hecho.

Y es que en el sistema capitalista como el que se supone vivimos, las malas decisiones financieras se deben pagar, y las buenas, ser recompensadas. Por desgracia las cúpulas financieras en todo el mundo son tan poderosas que cada vez que entran en apuros, toman los teléfonos y asustan con el “petate del muerto” a los gobernantes diciéndoles que si no los rescatan, ocurrirá el Juicio Universal. Desde luego no hay ningún político que soporte la idea de ser llamado responsable de una crisis, y en consecuencia, suelen ceder a las presiones. Es una pena que no se den cuenta de que esa es la única forma en que el mundo ha funcionado, puede y debe funcionar: los incompetentes pierden sus activos, los competentes los adquieren y el ciclo vuelve a empezar. No es el fin del mundo.

Justo por ello la caída de Bicentenario es muy positiva, pues aunque en pequeño, nos da esperanzas de que en el futuro, los reguladores puedan seguir actuando en el sentido correcto sin importar el tamaño del banco y a pesar de las presiones que seguro enfrentarán. De este modo se les lanza un mensaje a las instituciones de crédito de que tienen que ser más responsables en la administración de sus operaciones, o asumir las consecuencias.

En esta ocasión las autoridades actuaron bien. Fue un buen ensayo. Insistimos eso sí en que –si es que se presenta una indeseable crisis bancaria mayor, ojalá se mida con la misma vara legal a todos, y no con una vara política que lo único que haría es socializar las pérdidas que deben ser  particulares. Esa película ya la vimos.

Ahora bien, nadie puede negar que en caso de presentarse, una crisis bancaria mayor que incluyese quiebras de bancos importantes traería una cruda recesión económica. No obstante, siempre valdrá más una dura crisis de corto plazo que una gran depresión. Las crisis derivadas de una excesiva expansión monetaria y de crédito son inevitables. Solo pueden –en el mejor de los casos– ser pospuestas pero no sin acumular costos mayores. Es decir, es mejor tomar hoy la amarga medicina que ir a dar al hospital mañana en estado de coma por tiempo indefinido. Y si no que le pregunten a Japón, que lleva décadas sumido en el estancamiento. Sólo después de un reinicio del sistema se puede volver a partir de auténticas bases sólidas para crecer.

Lo malo es que nuestros políticos mundiales están más preocupados por la siguiente elección que por tomar decisiones responsables, aunque sean de momento impopulares.

La liquidación de Banco Bicentenario sirve también para que recordemos todos que los resultados financieros de las personas, empresas o gobiernos sí importan y mucho. Asimismo, nos da ocasión para volver a llamar la atención a los funcionarios de Banco de México, para que diseñen un plan de acción pronta que recomponga sus maltrechas finanzas, que como expusimos el miércoles, continúan agravando los números rojos de su Balance General. De ser una institución privada como Banco Bicentenario, Banxico ya hubiese quebrado desde el año 2001.

Ojalá que no abuse de los privilegios que le da la ley como banco central, pues al igual que con Bicentenario, las luces amarillas ya se están prendiendo, y tarde o temprano, las malas decisiones financieras se pagan muy caro.

 

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