Estamos inmersos en inestabilidad y crisis. Agudas y graves. Nada ni nadie se escapa. Individuos y países han quebrado el balance de la vida y la convivencia. Los sanos equilibrios no se ven, no se sienten, son inexistentes. Todo escenario de crisis tiene causas, presiones, tensiones y desequilibrios internos o externos. Sus tiempos y movimientos son variables, aunque ojalá no perennes. No todo cambio representa transformación. Por el contrario, hay cambios que generan deformación. Las crisis pueden surgir graduales, imperceptibles al principio. Otras surgen contundentes, repentinas e imprevisibles. Tales cambios se caracterizan por provocar agravios, catástrofes y daños, muchos irreparables. Pero también originan enormes retos, desafíos y oportunidades.

Cada quien observa, afronta o sufre las crisis según sus propias percepciones, paradigmas, capacidades, tradiciones y situaciones concretas. Un primer y necesario paso es reconocer la crisis, y reconocer que se está frente a ella. La soberbia y el ego son las más terribles causas de la autodestrucción. Nótese que existen en el planeta Tierra aproximadamente 7.7 billones de individuos. Y hay alrededor de 200 países. Imagínense la cantidad de vicisitudes y situaciones de crisis presentes a lo largo y ancho del globo. Los peligros y riesgos abundan por todas partes.  De la Sociedad del Riesgo hemos pasado a la Sociedad del Peligro.

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PELIGROSO CALDO DE CULTIVO

El caldo de cultivo global está propiciando que las débiles democracias se conviertan rápidamente en autoritarismos y dictaduras. La identidad nacional e internacional se desdibuja para dar paso a la mera, y muchas veces viciada, identidad de algunos pocos poderosos líderes. Líderes sin liderazgo, pero con muchísimo poder de intimidación masiva. Y la impresión generalizada es que están agravándose los fenómenos violentos y la irrupción de la inseguridad irreversible en todos los sentidos y niveles de la vida. Hoy las personas se cuestionan a sí mismas su propia identidad, su sentido por la vida, sus propósitos, valores y visión de su entorno y del mundo. La manipulación está siempre presente. Es como el aire, está en todos lados y está dirigida a todos aunque no la veamos. ¿Cómo distinguir una crisis personal de una crisis país o mundial?

Ya desde el año 2019, Jared Diamond nos invitó a un intenso debate al publicar su libro “CRISIS, CÓMO REACCIONAN LOS PAÍSES EN LOS MOMENTOS DECISIVOS”. Interesante nombre de la obra para el entorno actual. Razones sobran para leer y estudiar el libro, más allá del señalamiento de Winston Churchill quien señaló: ¡Nunca desperdicies una buena crisis!

Jared sistematiza muchos aspectos de las crisis personales y de algunos países. Respecto de las primeras cuestiona el porqué las personas suelen no ser honestas consigo mismas. Sería muy retador platicar con Diamond en relación con la actual guerra entre Rusia y Ucrania. Guerra que tiene al mundo directa o indirectamente involucrado de alguna manera, sea en forma activa o pasiva. Él comenta, en el contexto de la otrora guerra de Finlandia con la entonces Unión Soviética, que el expresidente Kekkonen, entre otras muchas cuestiones, explicó que una política exterior realista debe estar basada en el conocimiento de los factores esenciales de la política internacional, fundamentalmente de los intereses nacionales y de la relación de poder entre los Estados.

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CRISIS DE LA CULTURA DEL ACUERDO POLÍTICO

Estos últimos días y los próximos por venir estarán elevando la tensión y la ansiedad de cualquier persona o país. El autor del libro en comento considera que “la polarización política es hoy el problema más peligroso al que se enfrentan los países”, incluso Estados Unidos. Nosotros añadimos que, sin duda alguna, entre los individuos, como entre las naciones, solo las personas y los países pueden destruirse a sí mismos.

Me llamó poderosamente la atención el momento en el que Jared Diamond de manera enfática y contundente afirma con profunda asertividad que “el actual deterioro de la cultura política de la negociación y el acuerdo, constituye hoy el problema más serio que las naciones tienen por delante”, al margen de otros problemas mundiales que también los amenazan.

Adicionalmente, nos comparte que ha identificado cuatro tipos de problemáticas que tienen el potencial de ocasionar daños a escala mundial, complementados por otros aspectos también identificados por otros autores. Señalados en forma descendente de apariencia dramática, pero no por importancia, son los siguientes:

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  1. La detonación de armas nucleares;
  2. El cambio climático;
  3. El agotamiento global de los recursos;
  4. Las desigualdades mundiales de nivel de vida de las personas;
  5. El fundamentalismo;
  6. La falta de negociación y acuerdos políticos;
  7. La propagación de enfermedades infecciosas;
  8. La extinción de especies biológicas (fauna y flora) a gran escala, y
  9. La colisión de un asteroide contra el planeta Tierra.

La especie humana sigue su rumbo, aunque incierto, pero aún continúa. Veremos si la tan cuestionada visión del “Gran Hombre” definida por el historiador británico Thomas Carlyle (1795-1881) se confirma. Él afirmó que la historia está gobernada por las acciones de los grandes hombres, como Oliver Cromwell y Federico el Grande. A esta visión se le oponen quienes consideran que la historia depende de un gran número de detalles, más que de las políticas o las decisiones concretas de unos cuantos grandes hombres. Pero, ¿quiénes son los Grandes Hombres que decidirán el presente y futuro inmediato de la humanidad y del planeta? Jared insiste en una conclusión general: “en ocasiones, los líderes sí pueden marcar una diferencia en la historia. No obstante, depende del tipo de líder y del tipo de efecto que se examine”.

Pero cuidado, muchos historiadores aseguran que el rumbo de la historia es demasiado complicado. Porque es consecuencia de innumerables variables independientes incontrolables y cambios imprevisibles como para que podamos aprender nada del pasado.

POLARIZACIÓN POLÍTICA: EL MAYOR PELIGRO

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Coincidimos con Jared al cuestionarse: ¿Seremos capaces de aprender de las lecciones del pasado? Entre los individuos, como entre las naciones, la polarización política es hoy alarmante. La falta de negociaciones y de acuerdos políticos constituye la mecha, la pólvora y el fuego para que se radicalicen riesgos de gran calado. En ese sentido, México sigue inmerso en una posición sumamente estratégica, más allá de su posición geográfica, como para pasar desapercibido en el Monopoly mundial. De ahí la importancia de seguir observando el liderazgo de Marcelo Ebrard Casaubon, actual Secretario de Relaciones Exteriores.

El Canciller mexicano ha demostrado habilidades, sumadas a su probada capacidad de negociación y concreción de acuerdos políticos por y desde México. Sabe que es tiempo de definiciones trascendentes. Su envidiable visión del mundo lo convierte en un político capaz de equilibrar las visiones al interior del país. Hoy más que nunca se requieren acciones a nivel internacional, pero también de gobierno, seguridad pública y desarrollo social, ejes fundamentales para sí lograr la transformación del país. Quizá es momento para retomar y actualizar las reflexiones y análisis asentadas en su entonces tesis profesional publicada en 1984 con el título: “Congreso y Democracia en México”. Concretar negociaciones y acuerdos políticos que permitan balancear la crisis interior y sortear las presiones internacionales es un objetivo impostergable.

El ambiente nacional e internacional seguirá empeorando la inestabilidad y las crisis. Urgen decisiones inteligentes, razonadas, audaces y eficaces, solo posibles de ejecutarse por “Grandes Personas” inteligentes, razonables, audaces y eficaces. Pero para tales decisiones no hay ni habrá fuente de conocimiento perfecta. Por el contrario, ante la evidencia insuficiente, decisión irreversible. ¿Qué decisión? Evidentemente cualquiera, pero siempre que sea en favor de la negociación y los acuerdos políticos cuyo aporte sume a la despolarización entre los individuos, como entre las naciones.

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