La aprobación del Presupuesto de Egresos sin atender ni una de las observaciones de la oposición, del INE y del Poder Judicial no es una buena señal.

La mayoría legislativa de Morena y sus aliados se impuso, aunque en ningún momento intentó el convencer y mucho menos el acordar.

Es la primera vez que el Presupuesto se aprueba sin enmienda alguna, y ello no es para felicitarse, sino para alarmarse, porque en los hechos es una renuncia a la política, a la constructiva y provechosa.

¿En realidad alguien piensa honradamente que no había ningún aspecto mejorable? ¿Ni una de las mil 994 reservas era pertinente? ¿Honestamente creen que se podrá realizar la consulta de Revocación de Mandato sin recursos? ¿Acaso no intuyen que la falta de dinero para implementar la reforma laboral en el ámbito judicial no tendrá consecuencias en el T-MEC?

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El INE es la institución más afectada y ello no es casual. Les negaron los 4 mil 913 millones de pesos que se requieren para llevar a cabo la consulta sobre la permanencia del presidente López Obrador, pero además está reforzándose la campaña contra los consejeros que resultan molestos al oficialismo.

La trampa es ya visible a estas alturas, porque el INE tendrá dificultades de salir airoso de un trance sumamente peligroso, con el fuego en los aparejos y sin las herramientas indispensables.

Es probable el diferendo termine por resolverse en la Suprema Corte de Justicia, donde los ministros tendrán que darle la razón al órgano electoral o de plano explicar cómo se puede organizar un ejercicio nacional sin presupuesto alguno. Es un asunto de realismo.

Pero el Presupuesto del próximo año es una victoria pírrica de Morena, porque más temprano que tarde tendrán que acudir a los partidos opositores si es que quieren que la Reforma Eléctrica transite de algún modo.

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Los votos en San Lázaro confirman que no les alcanza para modificar la Constitución y a ello hay que sumar que en el Senado tampoco salen las cuentas.

La alianza legislativa de Va por México, que agrupa al PAN, PRI y PRD, se mantuvo firme y señalan que no están dispuestos a discutir las propuestas que impliquen cambios constitucionales. Si no se mueven de esa posición ya no los habrá. En Movimiento Ciudadano tampoco parecen dispuestos a entrar en una lógica que en el fondo significa someterse al morenismo y a los dictados de Palacio Nacional.

Pero lo más delicado, es que la cerrazón del partido mayoritario significará un aumento de las tensiones en el panorama político.

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