Renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte no sólo representa la oportunidad para cumplir la agenda interna que tiene el presidente Donald Trump para Estados Unidos, implica también la oportunidad de fortalecer aquellos sectores en los que la inversión extranjera de México y Canadá aún se mantiene en proceso de consolidación.

Sí bien es cierto que temas como el mercado laboral, el medio ambiente, las pequeñas y medianas empresas, así como los concernientes a su respectiva regulación representan un desafío para la postura de México en el momento de la negociación, también hay que destacar que nuestro país debe llegar a esa mesa con una estrategia que nos permita replantear la estrategia a futuro del aparato productivo y con el objetivo de alcanzar la fortaleza de diversas cadenas productivas mediante empresas ubicadas en nuestro territorio nacional y logrando el aprovechamiento de las ventajas competitivas que brinda su ubicación para fomentar el desarrollo de nuestro mercado interno con más producción, más empleos y mayores condiciones para favorecer el desarrollo de un sector tecnológico nacional.

En 1993, el TLCAN (NAFTA, por sus siglas en inglés) representó un cambio en el paradigma comercial de nuestro país y, en ese entonces, ayudó a mejorar la productividad y la eficiencia de múltiples operaciones. Hoy en día sabemos que su posible modernización seguramente coadyuvará al mejoramiento en los niveles de transparencia y rendición de cuentas de parte de las industrias y su relación con el sector público, así como el de las inversiones público-privadas; y también se espera que el rediseño del acuerdo conlleve una posible inclusión de otros sectores económicos de nuestro país.

México tiene una oportunidad importante de salir con mejoras en el proceso de modernización del acuerdo comercial principalmente en lo que respecta a la inclusión de sectores como el comercio electrónico, los servicios, las telecomunicaciones, el sector energético y el sector salud, pero también el de aquellos sectores que facilitan el intercambio de información y las acciones para poner a la vanguardia a las empresas mexicanas.

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En los 24 años de vida del acuerdo, México ha desarrollado la capacidad para participar activamente de una negociación trilateral y constructiva que permita fortalecer la competitividad y la prosperidad regional.

El TLCAN es la zona de libre comercio más extensa del mundo, ya que cerca de 474 millones de habitantes forman parte de una región comercial comparada únicamente con la Unión Europea. Por poner un ejemplo, en el primer trimestre de 2017, nuestro país registró 7,945.6 millones de dólares por concepto de IED (Inversión Extranjera Directa), el mayor registrado en los periodos anteriores.

Tan sólo en 2016, los Estados Unidos exportaron 230 billones de dólares a México e importaron de México 294 billones de dólares. México es la 15 economía más grande del mundo, el décimo país con las exportaciones más amplias y el noveno país con las importaciones más grandes entre las 46 naciones que más comercian con los Estados Unidos. Los acuerdos comerciales de los que participa México le hacen un destino atractivo para la inversión y la producción alrededor del mundo.

A través del NAFTA, México ha demostrado que tiene un rol importante como centro de producción y como una plataforma para integrar de manera eficiente cadenas de suministro transfronterizo.

 

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