La renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) reclamada por el presidente Donald Trump para iniciarse en septiembre próximo implica grandes retos hacia el gobierno mexicano para tener continuidad en su quehacer exportador, ostensiblemente de la industria automotriz y del sector manufacturero.

También es una oportunidad para revertir los capítulos que han sido perniciosos para la economía mexicana, como el referente al sector agropecuario y las medidas sanitarias y fitosanitarias. Estudiosos estiman que en los primeros diez años del TLCAN el empleo manufacturero creció en 500,000 puestos de trabajo, empero en el campo se perdieron 1.3 millones de empleos. Productores del agro en varias entidades de los Estados Unidos han sido ampliamente beneficiarios del acuerdo comercial, lo que no ha ocurrido con los nacionales.

De la serie de 22 capítulos que conforman el tratado entre Estados Unidos, Canadá y México, la discusión trilateral será básicamente del 6 al 14 referentes al intercambio de productos de energía y petroquímica básica, agro, barreras al comercio, manufacturas, compras del sector público, inversión, servicios y asuntos relacionados, comercio transfronterizo de servicios, telecomunicaciones y servicios financieros.

Las reformas que se realicen afectarán los demás de trato nacional, reglas de origen, propiedad intelectual, revisión y solución de controversias y todas las excepciones y disposiciones generales.

Ha trascendido que el gobierno de los Estados Unidos quiere endurecer las reglas de origen para generar más valor en la región y evitar el que, como ha ocurrido con México, naciones de Asia y Europa utilicen el país como trampolín para introducir sus productos en México y Estados Unidos.

El caso de la industria automotriz

Dos ejemplos ilustrativos de la norma de contenido regional es la industria del automóvil de 62.5%, que contrasta con artículos electrónicos como las pantallas de televisión que requieren entre 15 y 20%, situación que ha sido aprovechada fuertemente por consorcios japoneses para maquila en México y colocar sus plasmas en los Estados Unidos. Expertos sostienen que el gobierno de Donald Trump quiere reducir las entregas de México, por ejemplo autopartes, como contenido regional para que esa diferencia la manufacturen obreros de su país.

Sin embargo, ello conjuntamente con el arancel de hasta 35% en autopartes, provocaría en el caso de los automóviles compactos y subcompactos un incremento de precio que los sacaría prácticamente del mercado, toda vez que el costo de la mano de obra automotriz en México resulta hasta diez veces menos cara que en las plantas de los Estados Unidos.

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El autotransporte de carga y la apertura de las fronteras a los camiones mexicanos prevista en el TLC y que no ocurrió por el rechazo sistemático de los poderosos sindicatos de camioneros en los Estados Unidos, es un tema que México puede y debe llevar a la mesa de renegociaciones, para quizá dejarlo fuera del acuerdo comercial, habida cuenta de que la gran mayoría de los camiones mexicanos no cumplen las condiciones de certificación para circular en los territorios estadounidense y canadiense y, asimismo, los conductores son escasos que hablan inglés y que dominan la nomenclatura de las vialidades de aquellas naciones.

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Reducir el volumen de intercambio de productos entre las tres naciones, estimado en 584 mil millones de dólares que Estados Unidos entrega anualmente a México y Canadá, cifra superior al monto de sus exportaciones al conjunto de naciones de la Unión Europea y que genera 14 millones de empleos, significaría para el sistema transportista del país y particularmente para los consorcios de logística y del autotransporte un fuerte golpe a sus operaciones, ya que difícilmente podrían compensar esa pérdida con colocar mercancías en Europa por las grandes limitaciones que impone la Unión Europea, lo mismo que las naciones de Asia, incluida China y por supuesto las dificultades con el gobierno mexicano tras la cancelación del tren rápido a Querétaro que fue repentinamente cancelado. Y América Latina o África no  están en condiciones de hacer compras significativas de productos mexicanos.

En resumen, ante los enormes riegos que México y su planta productiva, logística y de transporte representan el perder el acuerdo de libre comercio, lo mejor es realizar una negociación equilibrada, que favorezca a las tres naciones y a sus plantas productivas.

Porque, además, los otros 47 tratados comerciales son en gran parte deficitarios para México en la balanza comercial y también el Tratado Transpacífico, el TPP al que Estados Unidos ya renunció, tampoco puede ser una solución ya que la mayoría de los miembros de Asia y América superan los parámetros de eficiencia y competitividad respecto a México.

 

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