El gobierno de México se comprometió a que, para 2018, 25% de su energía provendrá de fuentes renovables y, para 2024 será de 35%. Algunos, ya están haciendo buenos negocios y consiguiendo rendimientos. Pero, en realidad, es un mercado incipiente.

 Por Jennifer Juárez

Salvar al mundo es un negocio y hay miles de millones de dólares invertidos en ello en México. La coyuntura impulsa esta tendencia: el gobierno de México se comprometió a que, para 2018, 25% de su energía provendrá de fuentes renovables y, para 2024 será de 35%. A su vez, la Secretaría de Economía prevé un crecimiento en el sector de 6% anual y se estima que crecerá más del doble para 2026, a una tasa media de crecimiento anual de 6.5%”, afirmó en 2013 la unidad de inteligencia de negocios de ProMéxico.

Pero, en serio, ¿alguien puede hacerse rico invirtiendo en energía renovable? “¡Claro que sí, hombre, por supuesto!”, asegura el director operativo del fondo Emerging Energy & Environment, Ernesto Hanhausen todo un veterano en el sector. En 2001 formó parte del primer fondo de inversión en energías renovables en América Latina, FondElec, que levantó en ese entonces la impresionante cantidad de 32 millones de dólares (mdd); algo que no se había visto. Uno de sus principales inversionistas fue el Fondo Multilateral de Inversiones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

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Hanhausen también formó parte del primer fondo de su clase en México, el Clean Tech Fund, fundado en 2004 con 26.5 mdd y que actualmente apoya el cierre del fondo latinoamericano Emerging Energy & Environment (EEE), con su socio John Paul Moscarella.

Una de las particularidades de los fondos de inversión verdes es que, en general, no alcanzan los 150 o 200 mdd de capital que en fondos generalistas de private equity son más o menos la regla.

Mientras que en otras regiones, como Europa y Estados Unidos, el boom de las energías renovables llegó hace 15 años, en México está ocurriendo justo hoy. “Todos esos países empezaron con subsidios sobre los costos de esas tecnologías. México jamás ha puesto un subsidio sobre las tecnologías de energía renovable; entonces hemos esperado muchos años hasta que la tecnología bajó de precio y se volvió más competitiva para que los proyectos se puedan llevar a cabo. Ése es el momento donde estamos ahora. Finalmente”, dice Hanhausen.

Dinero sobre la mesa

El tamaño del mercado estimado para la tecnología limpia en México en 2012 era cercano a dos billones de dólares, según datos del Instituto Nacional del Emprendedor (Inadem).

Más aún, el Fondo de Tecnologías Limpias de México tiene etiquetados y aprobados, en total 6.6 mdd en inversiones para proyectos enfocados en la sustentabilidad, como la transformación del transporte urbano, la iluminación eficiente y la generación de energías renovables. Gran parte (500 mdd) del capital proviene de los Fondos de Inversión en el Clima del Banco Mundial, entregados a través del BID, el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF) y la Corporación Financiera Internacional (IFC, por sus siglas en inglés).

Otra parte proviene de recursos públicos, como el Fondo de Sustentabilidad Energética (FSI) —administrado por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) y la Secretaría de Energía— cuyo patrimonio en 2013 alcanzó los 3,778 mdp (271 mdd) y en 2012 los 2,615 mdp.

Su financiamiento proviene de Pemex, que “estará obligado al pago anual del derecho para la investigación científica y tecnológica en materia de energía, aplicando la tasa del 0.65% al valor anual del petróleo crudo y gas natural extraídos en el año”, según la Ley Federal de Derechos, publicada en el Diario Oficial de la Federación (DOF) el 1 de octubre de 2007 y que entró en vigor el 1 de julio de 2008. El 20% de este monto se destina al financiamiento de proyectos especializados en fuentes renovables de energía, eficiencia energética, uso de tecnologías limpias y diversificación de fuentes primarias de energía.

Hasta finales de 2012, el FSI había apoyado 49 proyectos, de los cuales 67% estuvo enfocado en energías renovables, 8% en tecnologías limpias, 14% en eficiencia energética y 11% en diversificación de fuentes, según el Informe Cero. “México es el único país que cuenta con este tipo de fondo. Imagínate la revolución en la industria que puede empujar. Tienes un fondo gigantesco, con una capacidad de inversión de 3,000 mdp; es a fondo perdido y a partir de la reforma energética puede invertir en empresas”, dice el presidente de GreenMomentum, Luis Aguirre.

El tercer componente de este ecosistema es el sector privado, el cual consiste, al primer trimestre de 2015, de 394 mdd en fondos de inversión de capital privado que se dedican a financiar proyectos enfocados en la sustentabilidad con el propósito expreso (a diferencia del sector público y la banca de desarrollo) de generar rendimientos, que mientras más jugosos, mejor.

Los principales fondos especializados en sustentabilidad en México son Balam, Cleantech Group, Emerging Energy & Environment e Ictíneo. A este monto podrían agregársele hasta 100 mdd, si se consideran las inversiones de otros fondos que sí fondean proyectos de sustentabilidad, pero no se especializan en éstos, dice la directora general de la Asociación Mexicana de Capital Privado (Amexcap), María Ariza.

Además se espera que, a lo largo de 2015, GreenMomentum lance un fondo con al menos 40 mdd y el fondo Balam pueda crecer hasta 3,000 mdp (216 mdd).

Es importante mencionar que los proyectos de estos fondos no se localizan exclusivamente en México, sino que cada fondo puede destinar parte de su capital a inversiones fuera del país.

Asimismo, hay bastante pluralidad en la cartera de inversionistas: organismos multilaterales, principalmente de la banca de desarrollo internacional y nacional; bancos privados, entidades financieras independientes y algunas oficinas familiares e individuos de alto valor neto integran el portafolio de proyectos verdes.

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Los retos de la industria

El mayor reto para los FCP enfocados en sustentabilidad es que el retorno de inversión llega tarde comparado con otras inversiones y, dependiendo del mercado, puede ser menos jugoso que el de su competencia.

Ruy Pérez de Francisco, presidente de la consultoría especializada en sustentabilidad corporativa Geón, coincide en que “la mayoría de los inversionistas dicen ‘yo quiero volverme rico en tres días, no en 20 años’. Afortunadamente cada vez hay más inversionistas que dicen ‘prefiero invertir en el proyecto a largo plazo, pero asegurar que el negocio siga estando ahí para las generaciones futuras’”.

Además, hay cada vez mejores rendimientos en estos proyectos, apunta Ariza: “Aun cuando los fondos de impacto están buscando retornos anuales de 15- 20%, frente a los otros fondos que buscan retornos arriba del 25%, estaremos viendo cada vez más fondos buscando invertir en este sector verde”, explica.

Otro gran reto es distinguirse claramente frente a los inversionistas del mercado de fondos generalistas y con propósitos sociales, así como profesionalizar al sector.

De la centena de fondos existentes, aproximadamente 15 hacen inversiones de impacto, sea social, ambiental o ambos. Sin embargo, “hay muy poquitos fondos especializados en inversiones verdes. De esos 15, casi todos están concentrados en la parte social y hay algunos que están específicamente en la parte de energías renovables, pero esos son los menos”, dice Ariza.

En general, la mayoría de las instituciones han relegado a la industria verde —desde los emprendimientos hasta las empresas establecidas y las inversiones— a una especie de derivado del sector de impacto social en México. “Es difícil ‘cuantificar’ el número de emprendimientos sociales y ‘verdes’ que existen en México, porque no existe un registro y así como surgen unos, desaparecen otros”, indica el Inadem.

Algunos fondos de impacto social como Adobe Capital, Ignia y Promotora Social México, buscan los llamados proyectos 360º, que tienen un impacto social, ecológico y económico.

Por una parte, los fondos de impacto social pueden tener menos ambiciones de retorno de inversión que los proyectos de impacto sustentable, y estar más inclinados hacia la filantropía; una tendencia que sí es negocio, pero no tanto.

Daniel Gómez, director comercial internacional de Green Street, The Earth’s Fund, un fondo de impacto 360° que está por iniciar el levantamiento de capital, explica: “Hay gente que dice ‘yo quiero ayudar a la gente y al medio ambiente, pero también necesito un retorno de inversión’. Lo haremos no como lo hacen los fondos de inversión ahora, que apuntan a retornos de inversión de 18 a 25%, eso es un private equity o venture capital. No puedes ayudar a la gente pidiendo esos retornos de inversión, o vas a ayudar o a impactar muy poco en la gente. Realmente nuestra idea es tener un retorno de inversión con una tasa muy conservadora, pero que el principal objetivo sea el impacto social y medioambiental”.

Otra desventaja, a decir de algunos especialistas, es que los montos de inversión de estos fondos generalistas de impacto, principalmente social, suelen ser demasiado pequeños para las necesidades de la industria verde. “Tenemos el problema de que la mayoría son fondos pequeños y para energía limpia ninguno sirve. No son fondos que puedan financiar el desarrollo de una industria como se maneja en otros países”, dice Aguirre. “La tecnología limpia es cara, el periodo de retorno es alto, de más de cinco años. En realidad, los que manejan tecnología dura (como generación de energías renovables) son empresas que necesitan mucha más inversión que los que manejan soft tech, como las aplicaciones. Hacer una app es muy barato”.

La falta de madurez del mercado de energías renovables y tecnologías limpias se agudiza por la falta de especialización en tecnología verde por parte de los administradores de fondos generalistas, dice Aguirre. “Hay 31 fondos de capital semilla con muy poco dinero, con un gasto operativo restringido que no permite pagar sueldos altos y que al final limita la experiencia de tu equipo, y ésta es fundamental para conseguir proyectos de calidad con retornos importantes. El costo de experiencia es brutal”.

Hanhausen, con unas dos décadas de experiencia en el sector, explica el reto como administrador de fondos con proyectos renovables: “Nuestra tarea es encontrar buenos negocios dentro de lo que es proteger al medio ambiente. No es fácil encontrar proyectos rentables dentro del ámbito del medio ambiente, pero sí los hay y nuestra tarea es buscarlos. Ahora, la energía renovable ha probado ser uno de esos sectores que sí son rentables, porque las tecnologías de generación se han vuelto cada vez más competitivas”.

Algunos autores han definido muy bien los principales obstáculos a los que esta industria puede enfrentarse a corto plazo: “Existe un gran potencial de desarrollo en el área de tecnologías limpias y eficiencia energética pero, a pesar de ese potencial, el mercado todavía presenta escaso desarrollo y se encuentra en una etapa de evolución primaria, con pocos actores involucrados que cuenten con capital y con menos inversionistas y bancos que operen regularmente en este campo […] Existe la posibilidad de encontrar oportunidades de inversión muy atractivas aunque todavía los riesgos son altos, en gran medida debido a que se está en un punto aún bajo en la curva de aprendizaje. En la medida que se avance y se demuestren en la practican resultados positivos de inversiones ya realizadas, se generará un crecimiento acelerado del mercado”, consigna el documento Energía y desarrollo sostenible: posibilidades de financiamiento de las tecnologías limpias y eficiencia energética en el Mercosur, realizado por Roberto Gomelsky, consultor de la División de Recursos Naturales e Infraestructura, de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) en 2013.

Y en el horizonte…

Para los especialistas, tanto del desarrollo de la tecnología limpia como de la industria en México, apenas vemos en este momento la punta del iceberg.

“El mercado es gigantesco. México tiene unos recursos naturales de sol, viento e hídricos mucho muy importantes, que hasta ahora no han sido explotados y hay un potencial enorme. Lo que falta ahora por definir son las reglas para las energías renovables”, explica Hanhausen.

Anteriormente, dice, la ley de autoabastecimiento y cogeneración permitía a la iniciativa privada generar energía eléctrica y venderla a quien la pagara mejor. Ahora, bajo la reforma, “las tarifas tienden a ser más bajas, por lo tanto esas tarifas más bajas aprietan más los  márgenes de retorno de inversión y también las posibilidades de poder invertir en proyectos renovables”.

No obstante, ante el aumento de la demanda de energía renovable, la disminución de los costos de producción y el desarrollo de una industria con más experiencia en el país, México representa una gran oportunidad, concluye Hanhausen.

 

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