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Kevin O’Leary, uno de los tiburones más agresivos, revela por qué la mujeres son tan buenas en los negocios.

 

Este texto fue publicado originalmente el 30 de septiembre.

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Por Steve Schaefer

Puede que se le conozca como Mr. Wonderful, pero en la sala de juntas de Shark Tank, Kevin O’Leary con frecuencia es todo menos amable con los emprendedores que presentan sus ideas de productos de consumo. Las críticas agresivas de O’Leary lo han vuelto una estrella de los realities televisivos junto a sus colegas Mark Cuban, Barbara Corcoran, Lori Greiner, Robert Herjavec y Daymon John.

Se necesita mucho para cerrar un trato con O’Leary, un negociador tenaz y un duro crítico de los artilugios rebuscados, pero en una reciente entrevista con Forbes, él compartió los secretos del éxito y el por qué los espectadores pueden esperar una mayor cantidad de mujeres emprendedoras en la temporada que se estrenará este viernes.

Hay tres claves para hacer que uno de los tiburones muerda, dice O’Leary.

En primer lugar, el elevator pitch básico. “En 100% de los casos un emprendedor puede articular su idea en 90 segundos o menos”, dice.

En segundo lugar, el equipo “puede articular por qué son las personas adecuadas para ejecutar el plan de negocios”. Muchos inventores podría ser capaces de desarrollar una gran idea, pero un número mucho menor tendría los medios para llevarla a producción, distribuirla y volverla rentable.

Sin embargo, por encima de todo O’Leary dice que hay un solo rasgo fundamental que las historias exitosas de Shark Tank tienen en común.

“Lo único que realmente importa es que los emprendedores conozcan sus número de pies a cabeza”, dice, recitando ejemplos como puntos de equilibrio, estadísticas de participación de mercado y análisis de márgenes de ganancia. “En el mundo empresarial de Estados Unidos, cuando se quiere ser un líder lo que se necesita sorbe todas las cosas es conocer tus números.”

Eso no significa que O’Leary sea infalible. Aunque mantiene la corona de la salida más grande en la historia de Shark Tank –la venta de la app de fotos Groovebook a Shutterfly por 14.5 millones de dólares (mdd) el año pasado– el producto que ha demostrado ser el mejor generador de ingresos le sorprendió por completo.

Scrub Daddy es una esponja financiada por el shark Greiner. Su principal argumento de venta es que en agua fría la esponja se endurece y puede usarse para raspar los residuos de comida de un plato; bajo el agua caliente es más suave y se puede usar en aplicaciones más delicadas.

“Pensé que era un pedazo de basura”, dice O’Leary. Pero después de aterrizar un acuerdo para salir a la venta en Wal-Mart, Scrub Daddy ha generado hasta 50 mdd en ingresos.

Aunque se perdió la oportunidad de participar en Scrub Daddy, O’Leary tiene más aciertos que fallos con sus inversiones en Shark Tank, y después de estudiarlas todas hasta 2014 descubrió una estadística sorprendente.

“El cien por ciento de mis retornos de los últimos seis años ha venido de empresas dirigidas por mujeres”, dice O’Leary, a través de diferentes sectores y geografías. “Hay un viejo adagio que dice: ‘si quieres que algo se haga, dáselo a una madre ocupada’”, añade, pero él está menos interesado en cómo está sucediendo –él especula que las mujeres son más conscientes de los riesgos y mejores en la administración del tiempo, dos factores cruciales para las pequeñas empresas en la piscina de Shark Tank– que en el resultado.

“No me importa por qué. Me preocupo por los resultados financieros reales. Así que este año en Shark Tank estaré invirtiendo en las ideas de muchas mujeres.”

 

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