Por Raciel Sosa

Un síndrome es un conjunto de síntomas que se presentan en la organización. En este sentido, el silencio implica no ser proactivo, desde no compartir opiniones, ideas, retroalimentación y reconocimiento, hasta no alertar a la gente sobre un problema. Todos estos aspectos son diferentes síntomas del silencio, y a la combinación o conjunto de síntomas se le conoce como síndrome, y afecta de manera importante a la productividad de la empresa.

Este síndrome se puede presentar en todos los niveles de la empresa pero cuando ocurre en los altos niveles de la organización resulta doblemente grave, ya que permea, contamina e impacta a todas las áreas de la compañía; de arriba abajo.

¿Cómo detectarlo?

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A menudo, resulta difícil detectar este tipo de contextos pero, frecuentemente, los empleados de una organización hablan de lo que les inquieta y preocupa, fuera de la oficina o en espacios no adecuados y de forma distorsionada (“radio pasillo”); no se lo comunican a la persona pertinente dentro de la organización, lo cual genera pánico organizacional. Un mal líder, por ejemplo, que desata resentimiento, conduce a la indiferencia… Todo ello provoca un mal clima laboral y hace que los empleados opten por el silencio y se interesen únicamente en el salario que perciben.

¿Qué hacer para romper con este síndrome?

Frente a este tipo e contextos, la organización tiene que crear mecanismos y prácticas organizacionales que estimulen el diálogo de manera continua y enseñar a sus colaboradores cómo hacerlo; se trata de una “medicina” que se debe de prescribir sin diagnóstico.

Tipos de mecanismos que se pueden implementar para estimular el diálogo y romper el silencio:

  1. Hacer una encuesta periódica de clima organizacional, para que los colaboradores de la empresa transmitan lo que perciben, lo que, frecuentemente, ni siquiera lo han puesto en palabras.
  2. Crear prácticas donde exista una exigencia de dar retroalimentación a los equipos de trabajo. Es decir, el líder del equipo debe llenar un formato cada seis meses, sentarse con cada uno de los miembros de su equipo y darle su correspondiente retroalimentación sobre cómo percibe su trabajo, sus fortalezas, sus debilidades…
  3. Estimular programas que fomenten la integración entre los distintos equipos de trabajo dentro de la compañía. Si reunimos a los colaboradores de diferentes equipos bajo un contexto lúdico, esto provoca, primeramente, que todos los colaboradores de la organización se conozcan y, posteriormente, interactúen entre sí y se integren, compartiendo sus experiencias.

En conclusión, diría que el silencio en las empresas es una problemática real y una práctica común que debe atacarse; Un padecimiento que las organizaciones deben afrontar sin diagnóstico.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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