Terribles son las imágenes de los noticieros donde se pueden ver las escenas en que jóvenes autodenominados “anarquistas” agreden sin ningún recato a los granaderos de la Ciudad de México en la marcha donde se conmemora el “halconazo” del 10 de junio de 1971. Lo patético es que, a cuarenta y dos años de este incidente, hoy los papeles están invertidos, los agresores son los jóvenes, quienes, sin ningún motivo y sin ningún ambiente adverso (como en su momento lo tuvieron en 1971 los estudiantes de aquella época), los que son vapuleados son los granaderos y funcionarios del gobierno de la ciudad. En las escenas vimos destrozos, ataques, robos y un sinfín de delitos. Es terrible ver la pasividad de las autoridades.

Claro, si la policía hubiera actuado bajo lo que dice la ley, ya estaríamos viendo a todos los grupos opositores gritar en las calles que las autoridades son represoras, violadoras de los derechos humanos y todo el tipo de chuladas que siempre gritan, baste recordar lo que pasó con los estudiantes en la UNAM cuando tomaron la rectoría.

Con esto, el Estado mexicano y el gobierno de la Ciudad de México se encuentran frente un gran dilema: si no actúan, porque no lo hicieron mientras un grupo de ciudadanos que trabajamos, pagamos nuestros impuestos y vivimos en la legalidad, nos quejamos de por qué se permite este tipo de actos vandálicos y se aceptan las agresiones. Si la policía hubiera actuado, las autoridades hubieran tenido la presión, primeramente, de la oposición, o sea de el partido que gobierna la Ciudad de México; después, de los políticos de la misma Asamblea de la Ciudad, sí, de los diputados que, en el pasado, ordenaron liberar a los vándalos que destruyeron toda la avenida Juárez el 1º de diciembre. Lo que nos lleva a una esquizofrenia política, ya que las mismas autoridades permiten que no se cumpla la ley y permiten las agresiones contra trabajadores del estado. Bonito dilema, ¿no? Lo cual nos lleva a asumir que algunos políticos tienen sus propios grupos de choque y cuando la policía los descubre, ellos rompen las leyes para protegerlos en contra de los empleados y compañeros de trabajo.

El problema para la autoridad es que hoy en la Ciudad de México ya se están dando demasiadas libertades a delincuentes y vándalos; si no son las bandas de narcomenudistas, son las bandas de Tepito, si no, las bandas en Iztapalapa, si no, los jóvenes anarquistas o los que tienen armas y las disparan junto a los cines o, súmele, los que a diario salen en los diarios reportados haciendo fechorías.

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Miguel Mancera viene de haber sido un muy buen procurador de justicia del Distrito Federal, pero ahora, como Jefe de Gobierno, pareciera que las cosas no le están saliendo igual; la delincuencia se desborda en la Ciudad y, lo peor pareciera que es un tipo de delincuencia controlada por los grupos fácticos insertados en su propio gobierno.

La desafortunada declaración que hiciera días atrás respecto a que ni el jefe de la policía ni el procurador tienen su trabajo asegurado y que la única manera de mantenerse es cumplir con su deber, muestra a un Miguel Mancera sufriendo por tener control en su equipo de trabajo y hasta, se pudiera pensar, que también en el control de la ciudad.

Ya había comentado en editoriales anteriores que la salida de Ebrard y Camacho después de 30 años de control del Gobierno del DF, generaría un descontrol no sólo en los cuerpos burocráticos, sino que también se crearían vacios de poder que a una candidatura ciudadana le costaría trabajo llenar, sobre todo al no tener Mancera, por una parte, un grupo político tan consolidado, y por la otra, las alianzas políticas bien amarradas con todos los grupos del PRD.

Se empieza a sentir una ciudad sin control y eso es un gran reto, no sólo para el gobierno de la Ciudad de México, sino también para el gobierno federal, dado que al ser la capital del país y ser en donde están asentados los poderes de la Unión, también es un asunto que entra en su ámbito.

Esperemos ver que mejoren sus protocolos de actuación en las manifestaciones y que empiecen a controlar este tipo de desmanes ya que, si no lo hacen, estos grupos irán subiendo sus agresiones hasta que puedan causar un enfrentamiento mayor que, al final del día, es lo que estos grupos están buscando. Sólo con inteligencia policial y mejores protocolos de prevención podrán controlar el asunto. Ya veremos, pero no podemos seguir sin autoridades.

 

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