Por Máximo Santos Miranda*

 

El progreso social sólo es posible si la formación de la población es lo suficientemente robusta como para poder impulsarlo. Por esta razón, la labor de cualquier gobierno que quiera propiciar el desarrollo de su país debe basarse, indefectiblemente, en impulsar el desarrollo educativo de su población. Aunque el campo de la educación es tremendamente amplio, una de las ramas más importantes es, sin lugar a dudas, la financiera.

No podemos obviar que la economía es una parte central de nuestras vidas. Las finanzas, al fin y al cabo, están presentes en nuestro día a día y es que la mayoría de nuestros comportamientos tienen de una u otra forma connotaciones financieras. Por todo ello, resulta imprescindible, si queremos que nuestra sociedad este suficientemente formada, que se apueste por el fomento e impulso de una cultura financiera inclusiva que incorpore a todos y cada uno de los individuos que conforman esa sociedad. No cabe duda que la educación, además de propiciar el desarrollo social, forma personas libres y, por eso, el saber de finanzas se convierte en un elemento clave para el progreso social. La educación financiera inclusiva no sólo beneficia a aquellos individuos que la obtienen, sino que favorece también a la colectividad de la que forman parte.

Por todas estas razones, la educación financiera se ha convertido en una prioridad para los principales organismos internacionales. Sin educación financiera no será posible que muchos de los individuos que conforman la sociedad comprendan ciertos conceptos básicos sin los cuales no podrán gestionar sus finanzas y, por tanto, estarán excluidos financieramente. La inclusión financiera influye en 7 de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS) que propuso la ONU con la aprobación de la Agenda 2030. Una Agenda que tiene como objetivo el impulso del desarrollo sostenible con el horizonte temporal del año 2030.

La tecnología estructurada alrededor de las aplicaciones móviles o la banca en línea han facilitado de una forma exponencial la gestión de nuestras finanzas personales. Estos nuevos canales de comunicación han hecho posible que podamos gestionar nuestras finanzas, desde cualquier lugar y en cualquier momento, de forma rápida y sencilla. Sin embargo, operativas tan aparentemente simples como realizar una transferencia bancaria o incluso comprobar el saldo de la cuenta corriente son enormemente complejas para una parte importante de la población.

Llegados a este punto conviene preguntarse ¿Quiénes deben impulsar la difusión de esta educación financiera? Evidentemente los poderes públicos deben estar en primera línea, impulsando la formación financiera en los ámbitos educativos, pero no podemos pensar que esto es suficiente. Otros actores deben dar un paso al frente en este tema y es que, aunque en un primer momento puedan pensar que la difusión de la educación financiera es un gasto, a largo plazo el beneficio que van a obtener será mucho mayor.

Un ejemplo de entidades que deben comprometerse mucho más en la difusión de la formación financiera inclusiva son, sin duda, las instituciones financieras y no sólo por los mayores beneficios que estas acciones tendrán a largo plazo en sus cuentas de resultados, sino porque vivimos en un mundo en que cada vez se demanda más la responsabilidad social corporativa de las instituciones. Por instituciones financieras me estoy refiriendo no sólo a los bancos sino también a otras muchas que forman parte del entramado financiero como son las fintechs.

Las fintechs no sólo deben impulsar el desarrollo de novedosos productos financieros apoyados en nuevos canales de comunicación y distribución, sino que su visión debe ir mucho más allá. Deben hacer un esfuerzo importante en el impulso de la educación financiera para que se extienda a todas las capas de la población. Obviamente las fintechs no tienen los recursos financieros y las extensas plantillas que tienen los bancos para poder cumplir ellas solas con esta labor, pero sí que tienen la energía que da el impulso de nuevos negocios y la juventud de los creadores y empleados de estas nuevas entidades. Su esfuerzo no debe ir dirigido únicamente a la difusión del conocimiento de los conceptos financieros básicos, sino que debe incidir especialmente en la divulgación del uso de las nuevas tecnologías aplicadas a las finanzas.

Como comentaba con anterioridad también los bancos tienen un papel clave en la labor de difusión de la educación financiera inclusiva. Los bancos no deben únicamente limitarse a vender productos, sino que deben explicar primero a sus clientes y a sus potenciales usuarios conceptos financieros básicos. La labor en este punto de las cooperativas de crédito es primordial y, es que al fin y al cabo, la difusión de la educación financiera entre las capas más humildes de la población forma parte intrínseca de su gen fundacional.

El fomento de la educación financiera inclusiva debe además contar con otros actores adicionales, como pueden ser aquellos que surjan de la creación de asociaciones o fundaciones que de una manera altruista y con claro compromiso social se embarquen en esta labor de enseñanza y divulgación. Los nuevos canales de comunicación como son internet o las redes sociales ayudarán enormemente en esta labor de difusión, ya que no sólo permiten la divulgación de la información a zonas remontas de manera rápida, sino que además permiten hacerlo con un coste muy reducido.

 

*Doctor en Economía y experto en temas de banca, finanzas y hacienda.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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