Estos maestros normalmente dominan los procesos fundamentales de la admi­nistración y utilizan un estilo de liderazgo adecuado para el tipo de organización; poseen un profundo conocimiento del negocio en cuestión o conforman un equipo con las competencias adecuadas.

 

Por Lorenzo Vicens

 

En mi trabajo como consultor he conocido a muchos presidentes y gerentes generales de empresas con diferentes capacidades, experiencias y estilos de liderazgo que logran resultados más o menos buenos. He compartido con algunos jóvenes que todavía están apren­diendo el oficio, otros desfasados con la realidad del negocio actual y algunos —los menos— que son maestros en el arte y la ciencia de la gestión empresarial.

Estos maestros normalmente dominan los procesos fundamentales de la admi­nistración y utilizan un estilo de liderazgo adecuado para el tipo de organización; poseen un profundo conocimiento del negocio en cuestión o conforman un equipo con las competencias adecuadas; y definen objetivos claros, involucrándose en los aspectos fundamentales del nego­cio. Dependiendo de la situación compe­titiva y la naturaleza del negocio, estas competencias adquieren mayor o menor importancia.

Por otra lado, he observado efectos devastadores que han dejado presidentes y gerentes generales sin las competencias apropiadas a su paso por empresas, a pesar de que éstas gozaban de gran poten­cial de mercado o rentabilidad. Estos efec­tos no soló han afectado el desempeño de las compañías en el corto plazo, disminu­yendo los beneficios y aumentado costos y gastos, sino también han dejado conse­cuencias de largo plazo, erosionando la capacidad competitiva del negocio. Según el tamaño de la compañía, los resultados negativos de esta decisión pueden alcan­zar millones de pesos o dólares.

En estos casos, me pregunto: ¿Cómo han llegado estas personas sin las com­petencias apropiadas a la máxima direc­ción? Algunos de estos presidentes y gerentes generales han llegado a ocupar esos importantes puestos de una empresa por errores en el proceso de evaluación y selección. Cualquiera que haya evaluado y seleccionado personal sabe que hay candidatos que se ven muy bien en papel, pero luego su desempeño es mediocre por muchas razones que no vale la pena discu­tir en estos momentos.

A decir verdad, me preocupan más los casos en que se impone a una persona sin la debida evaluación, asumiendo que cualquier ser humano puede dirigir una compañía, sin importar su capacidad. En todas estas penosas situaciones, lo que puedo inferir es que se considera que no se necesita muchos conocimientos, habilidades o experiencia para dirigir una empresa, pero la verdad es otra. Lo cierto es que está demostrado que existe una diferencia sustancial entre los resultados de una empresa cuando es dirigida por un ejecutivo capaz o uno incapaz.

Entonces, ¿por qué siguen designando a ejecutivos poco competentes a la más alta dirección de una empresa? No tengo una respuesta precisa a esta pregunta. Pudiera escribir una lista de las posibles causas, pero eso no ayudaría. Prefiero que los responsables de designar a los máximos directivos de las empresas se pregunten:

• ¿Por qué han decidido designar a esta persona?

• ¿Cómo van los resultados del nego­cio?

• ¿Conocen los efectos de esta designa­ción sobre los beneficios, la participación de mercado o la motivación del personal?

• ¿Vale la pena mantener a esta persona a pesar de los resultados?

Puede que un familiar quiera ocupar la máxima posición, o a lo mejor un cola­borador de muchos años entiende que se merece el cargo. Sin embargo, desde el punto de vista de la salud de la empresa y el patrimonio de los accionistas, lo que importa es lograr el mejor desempeño posible independientemente de quien dirige el negocio.

Las excusas son consoladoras, pero no aportan valor. En el mundo de los negocios es siempre más rentable aceptar la verdad y buscar alternativas. No uti­licen como excusa la falta de ejecutivos competentes porque hay muchos en el banco, que esperan una oportunidad. Si no se deciden ahora, por lo menos esti­men cuánto cuesta a la empresa cada mes haber designado a una persona incapaz en la más alta posición.

 

Contacto

Twitter: @lovicens

 Lorenzo Vicens es gerente general de Intelecta

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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