“Estamos solas. No importa lo que te digan, siempre estamos solas” / Sofía a Cleo en Roma.

Tuve la suerte de ver la película Roma en el Cine Tonalá de la Ciudad de México a principios del mes de diciembre, una de las salas de exhibición más emblemáticas del país. Pudo haber sido el lugar y pudo haber sido también el estado de ánimo, pero nunca pensé que la película fuera a impactarme a partir de una temática, para mí inesperada.

Desde que fue anunciado su estreno, esquivé la lectura de toda reseña para evitar llegar con una idea preconcebida sobre su ejecución y trama. En todo caso, por las conversaciones de sobremesa, siempre quedaba despierto ese presentimiento de que el filme de Cuarón provoca algo de tristeza, quizá cierta dosis de desasosiego también.

Más allá de las discusiones de sobremesa, de la genialidad cinematográfica del prestigiado director mexicano y de las potentes actuaciones de Yalitza Aparicio y Marina de Tavira, lo que realmente hace de Roma un filme especial es la exposición de la profunda sororidad guardada entre las protagonistas.

La “sororidad” es el apoyo, coexistencia y solidaridad de las mujeres con las que enfrentamos los desafíos impuestos por la sociedad contemporánea. La palabra viene de un término derivado del latín – “soror”- el cual significa hermana. Sin duda, la sororidad es un valor, al igual que puede ser-lo la fraternidad o la amistad, sin embargo, éste se encuentra más vinculado a la unión, el respeto y el amor al interior del género femenino. El término, no ha sido incorporado al diccionario de la Real Academia Española, aunque en la realidad cada vez existen más ejemplos de su validez como concepto.

Eso es Roma para mí: un reflejo de cómo las mujeres, en especial las mexicanas, sabemos apoyarnos, ayudarnos, hacer frente común a una realidad que no se cansa de lanzarnos retos. Y es que de sororidad está plagada la película, en una búsqueda determinada e incansable de las protagonistas por alcanzar si no juntas, en equipo, la felicidad individual y colectiva.

Las mujeres en México tejemos, enhebramos y construimos sistemas de apoyo para tratar de mitigar la eterna cancha dispareja. Redes que nos permiten salir adelante y mostrar la mejor versión de nosotras mismas, al tiempo de procurar bienestar para los nuestros. ¿Cómo poder explicar el avance de las mujeres en el terreno empresarial, político, académico o científico, sin la lucha y tutoría de aquellas que nos antecedieron? ¿Cómo dar sentido a nuestra propia batalla por conquistar la igualdad de género, sin pensar en las mujeres de las nuevas generaciones? ¿Cómo dar por descontado la relevancia de las redes familiares y amistosas para afrontar los sinsabores de la vida?

Pongamos aquí un botón de muestra. Los riesgos para las jefas de familia en su dinámica laboral, más aún para las madres solteras, derivados de los cambios presupuestales al sistema público de estancias infantiles, requerirá más que nunca de esa red de solidaridad y apoyo entre mujeres para poder dar viabilidad no sólo a sus sueños de realización, sino a su más básica logística cotidiana. ¿De qué manera sobrevivir tanto a este y otros embates del destino, como a los duelos y pérdidas, si careciéramos de amigas y hermanas con quien aligerar la carga, celebrar un nuevo amor o colaborar por un futuro prometedor? Me es inevitable plantear estas interrogantes, por-que el día a día de las mujeres mexicanas sería simplemente inviable sin el resto de las mujeres que componen su universo personal.

Debo conceder cierta razón a las pláticas de sobremesa. Roma me partió el corazón, sí. Me partió el corazón porque es una historia triste y desgarradora. Porque nos recuerda situaciones y realidades que de una u otra manera todas hemos vivido. Pero también Roma enalteció el agradecimiento y el amor que tengo a esas mujeres de mi vida, empezando por Juanita quien cuida de mis hijos y por supuesto de mí, desde hace 10 años.

Roma es una obra de arte por la galardonada dirección de Alfonso Cuarón, por la fotografía, por el guion, por el montaje y por el vasto despliegue de simbolismos que contiene. Pero lo que hace a Roma entrañable es la dinámica alcanzada en escena de su reparto femenino: Yalitza Aparicio (Cleo), Marina de Tavira (Sofía), Nancy García (Adela) y Verónica García (Doña Teresa).

A todas mi reconocimiento y agradecimiento por recordarme que, sin ellas, las mujeres de mi vida, no cabría la posibilidad de ser feliz.

 

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