Por Maggie McGrath

Es hora de que tengas esa conversación que todos deseamos evitar, de que te sientes con las personas que lastiman (aun sin querer) tus finanzas personales y que te asegures de que todos están en la misma frecuencia.

Cualquiera que haya recibido alguna plática escolar para prevenir las adicciones conoce la importancia de resistir la presión de grupo. “Si tus amigos empujan a consumir drogas o alcohol, di ‘¡no, gracias!’ Cambia el tema o aléjate”, es lo que recomiendan los especialistas de los programas de prevención de adicciones. Pero lo que esos expertos no te dicen es que la presión social más intensa no involucra drogas ni alcohol. Estoy hablando del dinero.

Ahora, no es que tus amigos sean malvados; su sabotaje de tus finanzas se da en buena parte de manera inconsciente. La presión de grupo financiera es sutil; aparecerá en los momentos cuando desees encajar o simplemente seguirles la corriente. Sentirás, por ejemplo, el impulso de seguir el ritmo de tus amigos cuando todos se actualicen al modelo más reciente del iPhone cuando tú tienes un Nokia con el récord mundial de Snake. Sin embargo, mientras tus amigos hablan de la cámara mejorada, la duración de la batería y lo divertida que es la nueva interfaz de usuario, te sentirás fuera de la conversación, y tal vez un poco inferior, así que harás lo imposible por comprar el nuevo teléfono a pesar de que el tuyo funciona muy bien.

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O sentirás la presión durante una cena, en la que pediste una ensalada y un vaso con agua para ahorrar dinero, pero tus amigos ordenaron aperitivos, postres y cocteles coloridos con una pequeña sombrilla en ellos y luego dividen la cuenta en partes iguales. Puede ser que incluso la sientas en tu propio departamento, donde tu roommate te convence de comprar papel higiénico a pesar de que tú lo has aportado durante los últimos tres meses y él va atrasado con su compra de la despensa..

La experta en finanzas Patrice Washington tiene algunos grandes consejos para navegar por el mundo del dinero y las relaciones sociales. Sus consejos se centran en dos de las áreas que la gente encuentra especialmente complicadas: el trato con amigos y el trato con roommates.

Para aquellos con una vida social agitada, la sabiduría de Washington incluye lo siguiente: “Siempre hay actividades que no requieren mucho dinero. Si tienes amigos que siempre quieren hacer cosas que sabes que te costarán unos 1,000 pesos durante el fin de semana, ¿por qué no tomas la iniciativa y propones hacer algo que tendrá un costo de 300?”, dice. “No hay una regla que diga que la diversión tiene que ser cara.”

Para ceñir su cartera de un compañero de piso comodino, Washington tiene esto que decir: “Sugiero sentarte con él, incluso antes de decidir compartir un departamento, dejar claro quién va a hacer qué y cuáles son las consecuencias si no lo hace.” También señala que si un roommate no cumple su parte del trato –no paga sus cuentas a tiempo ni pone su parte de la despensa–, el tema debe abordarse lo antes posible. “Sólo porque son amigos no significa que puedas permitir que esto continúe durante semanas o meses”, aconseja la experta.

“Hay cuatro palabras que, casi sin falta, pueden hacer que en una mesa de veinteañeros en la que haya una animada conversación se genere un silencio sepulcral”, dice Washington: “’Dividimos la cuenta, ¿no?’ Si intentas controlar tus gastos, necesitas sentirte seguro al decir “estoy tratando de ahorrar dinero, ordené específicamente estas cosas para ahorrar, ¿podemos tener eso en cuenta?”

Cuando hay diferencias de ingresos, aconseja Patrice –y usualmente las hay–, tanto los amigos con menores ingresos como aquellos que ganan más deben tener en mente a su contraparte, y nunca asumir que todos están dispuestos a gastar o contribuir a una cuenta colectiva. Lo mejor que se puede hacer es ser claro y directo desde el principio sobre nuestro presupuesto, “aclarar si tenemos un límite o enfatizar que estamos en un programa de ahorro ambicioso”, afirma.

 

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