“Adáptate o muere”, nunca me había venido a la mente tan seguido esta frase como en los últimos 8 meses. A partir del 1 de julio de 2018 nuestra realidad como mexicanos cambió y todavía no sabemos qué rumbo tomará. Los pesimistas sugieren el apocalipsis. Los optimistas esperan mejores condiciones para el país. Los ingenuos creen en la 4T. Los cínicos sólo buscan obtener beneficios personales.

Ante estas realidades sólo hay una constante: trabajar muy duro para salir adelante. Si el apocalipsis llega, nuestro esfuerzo mitigará el impacto. Si existen mejores condiciones, nuestra dedicación nos permitirá aprovecharlas al máximo. No hay más. A trabajar muy duro que es lo que nos corresponde.

El cambio en México no fue el único que provocó en mí esta reflexión. Al estar frente a una empresa con operaciones en 4 países (México, Colombia, Argentina y España), he tenido la enorme oportunidad de conocer los retos y las oportunidades que presentan estas naciones para nuestra operación de reparación de deuda.

En Argentina enfrentamos una economía que tuvo una devaluación del 100% en menos de un año, lo que provocó una superinflación superior al 70%, un efecto devastador en los bolsillos de los argentinos y, por ende, en los estados financieros de las empresas. Operar en un país con estas condiciones económicas ocasiona que los costos se incrementen mucho más rápido de lo que es posible actualizar los precios, por lo que toda la operación debe adaptarse. Lamentablemente, dentro de este proceso es necesario tomar decisiones muy duras. En nuestro caso, recortar el equipo a la mitad y desarrollar un nuevo esquema de cobro.

Colombia también nos tenía preparada una dosis de adaptación importante. En septiembre de 2018 enfrentamos uno de los mayores retos que hemos tenido desde que llegamos a este hermoso país hace 5 años. La relación con nuestro mayor aliado comercial se fracturó y, de común acuerdo, determinamos que, a partir del 1 octubre de 2018, no ingresarían clientes nuevos al vehículo de ahorro administrado por ellos, lo que representó un reto gigantesco para los planes que tenemos en Colombia.

Tuvimos que adaptar en menos de 15 días una operación que cuenta con más de 350 colaboradores y asiste a más de 15,000 personas diariamente. El equipo demostró estar a la altura y, desde esa fecha, hemos continuado con el servicio y compromiso que tenemos con nuestros clientes, compañeros de trabajo y, finalmente, con nuestra misión: Solucionar problemas financieros.

Consejos de emprendedor a emprendedor

Si hubiera una receta o protocolo para la adaptación, no existirían los fracasos. Sin embargo, en esta columna quiero compartirte algo de lo que he aprendido:

Las relaciones son entre personas. La relación con tus socios comerciales, con tus proveedores, con tu competencia, los medios, las entidades que regulan tu operación, siempre deben considerarse como personales: No es Allianz y Resuelve, son David y Cristina. El día de mañana, cuando los cambios lleguen y sea momento de adaptarse, estas relaciones harán la diferencia entre una transformación conjunta o tomar caminos separados.

Grita todo lo bueno: Tú eres tu mejor vendedor y la forma en la que cuentes la historia de tu empresa determinará la forma en la que los entes externos hablan de ti. Deja atrás la modestia y el anonimato; siéntete más cómodo con presumir tus resultados y los grandes logros que alcanzas con tus clientes.

Lo único constante es el cambio. Si tu objetivo es generar mejores condiciones para tus clientes, siempre puedes cambiar tu modelo de negocio, tu esquema de cobro, la gente que está en tu equipo, tu operación y cualquier factor de tu empresa. Una cosa es que te encuentres en tu zona de confort y sea difícil hacer ajustes, pero siempre es posible. Los que sobreviven no son los más fuertes ni los más inteligentes, sino los que logran adaptarse eficazmente a estos cambios.

No hay mal que por bien no venga. Cuando aceptas que las condiciones seguirán cambiando, cada vez más rápido, lo único que permanece constante es el trabajo duro y la mente abierta. Aprende de los malos ratos, a mí me han enseñado a pensar globalmente y, a través de muchas iteraciones, mejorar nuestro servicio y modelo de negocio. Sé optimista y trabaja duro porque lo que viene en el futuro siempre será para mejorar.

 

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