La historia del jornalero José, de 38 años, que dejaron morir afuera de un hospital en Sonora, es sólo un ejemplo de la situación de abusos y miseria que vive el sector de trabajadores del campo.

 

 

 

In Memoriam José Sánchez Carrasco

 

 

Morir de hambre y de frío es humillante por sí sólo, pero morir de hambre, de frío y a las puertas de un hospital público es un crimen que no sólo refleja el nivel de deshumanización en el país, sino también la incapacidad de las instituciones de salud del sistema oficial para atender a la población vulnerable que, aunque no tenga dinero ni afiliación al Seguro Social, debe recibir atención por una simple cuestión de humanidad.

Más de uno al leer estas líneas recordará el caso del jornalero agrícola José Sánchez Carrasco, a quien simple y sencillamente dejaron morir tras permanecer cinco días agonizando en el patio del Hospital General de Guaymas, Sonora.

Con el último aliento que le quedaba, casi en los huesos y envuelto en una cobija, Sánchez Carrasco, de 38 años, concedió una entrevista que circula en un video en la red social YouTube.

Su testimonio es desgarrador y nos hace pensar en un México que es casi invisible para el gobierno, empresarios y la sociedad en general: los jornaleros agrícolas, un sector integrado por 6.5 millones de personas, que lo mismo viven en la miseria o son víctimas de abusos y de esclavitud, como quedó de manifiesto recientemente en Jalisco. En la última década ha disminuido 24.3% el número de trabajadores del sector primario afiliados al IMSS, lo que muestra la difícil situación que cualquiera de ellos podría enfrentar en caso de una enfermedad o accidente.

Gracias a ese video, sabemos que José nació en Guachochi, Chihuahua, y llegó, procedente de Casas Grandes, a Sonora, por causas que no especifica bien, únicamente manifiesta que no se podía mover porque tenía un dolor en la columna.

Cuando se supo de su muerte, la primera información apuntaba a que un indigente había muerto a las puertas del nosocomio. Después se supo que era un jornalero que, como no tenía dinero, le fue negado el servicio.

Después se dijo que sí se le había atendido, pero como no se veía enfermo, se le dio de alta; luego, se mencionó que sí se le atendió, pero que fue su decisión abandonar la institución y permanecer debajo de un árbol, a las afueras del hospital, envuelto en una cobija, lugar donde encontró su morada final; y por último, se habló de que no se le pudo brindar atención por no contar con Seguro Social.

Tras el revuelo en los medios de comunicación, el director General del nosocomio, Alfredo Cervantes Alcaraz, fue destituido, pero lo que le pasó a José puede pasarle a cualquiera de los millones de jornaleros que hay en el país, de los cuales casi dos millones trabajan por su cuenta y, por tanto, no gozan de seguridad social.

Un libro de 2004 llamado Diferencias en la salud de jornaleras y jornaleros agrícolas migrantes en Sinaloa, muestra que las mujeres que se dedican el trabajo en el campo presentan seis veces más posibilidad de enfermar de anemia y asma, dos veces más parásitos, el doble de infecciones respiratorias y estomacales, y 38% más en enfermedades del corazón.

Mientras que los hombres están constantemente expuestos a plaguicidas que los hacen vulnerables a problemas de salud, como el cáncer, pero como no tienen Seguro Social, lo más probable es que cualquier de ellos también pueda encontrar su última morada en el patio de un hospital y envuelto en una cobija.

Datos de la Procuraduría Agraria muestran que en menos de una generación aumentó el número de jornaleros agrícolas sin tierra, lo que anticipa que 15 millones de jóvenes no tendrán parcela propia y que, tal vez, como opción, tengan el optar por dedicarse a trabajar en la recolección de distintos frutos, como la sandía.

Sobre el caso de José ya se anunciaron investigaciones y empezaron a caer cabezas, pero la cuestión es que, en vida, a nadie le importó ni su situación de pobreza, vulnerabilidad, ni su visible mal estado de salud, y ante esta situación sólo cabe una pregunta: ¿Cuántos más?

 

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