Después de la experiencia del Pacto por México, queda claro que una izquierda moderna con ganas de hacer crecer al país puede lograr un verdadero cambio en el sistema político.

 

 

En México, en los últimos años ser partido de oposición ha sido muy fácil, sólo hay que gritar, quejarse, ir en contra de lo que el partido en el poder dice, propone y trata de hacer; en esencia, ir en contra de todo lo establecido. Esta actitud, en un país con tanta marginalidad y diferencias sociales, es el camino fácil que llena plazas, calles, periódicos y da argumentos de lucha en todos sentidos.

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Es cierto que para haberse configurado como partido de oposición en un régimen como el nuestro, en donde tuvimos un solo partido en el poder durante 80 años continuos, definitivamente no ha sido fácil, pero el contexto en los últimos años ha cambiado radicalmente y, más, en este primer año del Gobierno de Peña Nieto.

El ser de “oposición” en nuestros sistema político ha generado, además, muy buenos resultados económicos para las personalidades de estos grupos políticos; el golpeteo al sistema, por naturaleza, genera en las negociaciones beneficios económicos, por lo que mover a las masas en la calle para estar en contra de alguna disposición, obliga a negociaciones que se terminan regateando con grandes cantidades del recurso público, por lo que, al final del día, siempre ha sido buen negocio para los políticos opositores. Y no vaya usted a pensar que estamos hablando solamente de la izquierda, a cualquier partido opositor al gobierno le ha funcionado esta estrategia, es un mal que ha generado nuestro sistema político.

En el último año, es bien sabido que el grupo de los llamados “Chuchos” en la izquierda mexicana fue el que planteó el famoso esquema del Pacto, mismo que le ha dado a nuestro sistema una sólida plataforma política para lograr las reformas estructúrales que se necesitaban. Durante todo este tiempo, hemos visto cómo los grupos políticos dentro de los mismos partidos, los Diputados, los Senadores y todo tipo de grupos de presión, han tratado de destruir, eliminar y boicotear las resoluciones de este acuerdo político. Al final del día, no se ha podido.

Las grandes lecciones que esta iniciativa deja son varias y memorables; uno, una izquierda moderna con ganas de hacer crecer al país puede lograr un verdadero cambio en el sistema político; dos, la solución de los problemas no es cuestión de ideología, es cuestión de propuesta y negociación; tres, la izquierda, cuando tiene voluntad y conocimiento, puede pactar para avanzar; y, cuatro, cuando no se puede estar de acuerdo, es mejor retirarse sin causar daño a las iniciativas progresistas que se han presentado.

Por tanto, a pesar de que el PRD se haya retirado del Pacto, lo que en lo personal creo que es momentáneo y coyuntural, en retrospectiva el grupo que está en la dirigencia de ese partido le ha dado la mejor lección a México, al sistema político, a los políticos y a la misma ciudadanía de lo que una izquierda inteligente puede lograr por su país.

No debemos perdernos en las viejas prácticas y presiones clientelares de los antiguos políticos de la izquierda tradicional y chantajista (por cierto en su mayoría tránsfugas del PRI), ya que si analizamos su discurso, lo que piden y dicen hoy es tan discordante e incoherente como en el viejo modelo de oposición.

Que sirva de ejemplo al país esta izquierda que nos ha dado una lección de grandeza política la cual, como país, debemos de reconocerlo ya que será la mejor forma de poder crecer en un sistema partidista democrático e ir, poco a poco, dejando atrás las oposiciones retrogradas y solamente clientelares que luchan solamente por el poder.

Bien diría el dicho popular que “para que exista PRI en el poder, se necesita comparsa que lo aguante y, más, durante mucho tiempo”.

Aprendamos la lección de una izquierda que apostó y ganó por México.

 

 

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