Hace exactamente 11 años, al doctor español Valentín Fuster lo invitaron a visitar Moscú, Rusia, acababa de ser nombrado presidente de la Asociación Mundial de Cardiología (AMC), e iba a la ciudad a realizar una serie de presentaciones.

En el lugar visitó un par de hospitales junto a sus contrapartes y checó el status médico de algunos pacientes, entre ellos uno muy enfermo, reincidente en problemas cardiacos, y que tenía un nivel de esperanza de vida sumamente bajo.

Luego de revisarlo, Fuster platicó con él sobre su situación y le preguntó qué había pasado con su tratamiento tras su primer problema cardiaco, le inquietaba saber por qué no lo había seguido.

El paciente le reveló que no lo había hecho tres razones: No eran medicamentos baratos, tenía que tomar demasiadas pastillas todos los días, en promedio entre tres y cinco, y, finalmente, porque después de unos meses de hacer el tratamiento y sentirse bien pensó que ya estaba curado.

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Esta respuesta ya la había escuchado antes y, según sus investigaciones, son estos tres puntos los que más suelen aportar a la tasa de 17.5 millones de personas que año con año fallecen en el mundo por enfermedades cardiacas, la principal causa de muerte en todo el planeta.

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Y es que, según estimaciones, la mala adherencia al tratamiento causa que se incrementen entre un 50 y 80% las posibilidades de riesgo de recaída entre los enfermos.

La anécdota lo llevó pensar en crear un solución de tratamiento secundario, es decir, para personas que ya hubiesen tenido un episodio de este tipo, mucho más sencillo, y así nació el proyecto de la polipíldora, una propuesta que creó en conjunto con el doctor José María Castellano, coordinador de ensayos clínicos del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III (CNIC).

Una pastilla para desplazar a las demás

Quizás esta pastilla que nació del ingenio de Fuster en 2006 no tiene el glamour que muestran algunas de las innovaciones médico-tecnológicas de la actualidad, que involucran cosas como inteligencia artificial o realidad virtual, sin embargo, sí logra cumplir con una meta clave para la ciencia médica: Facilitar mejor la implementación de un tratamiento en las grandes poblaciones.

“Todas las grandes innovaciones médicas que se anuncian todos los días son increíbles, sin embargo, aplicarlas en las grandes poblaciones es muy complicado y eso es precisamente lo que quisimos hacer con la polipíldora, crear un medicamento que pudiera llegar a cualquier país, región y persona”, dice el doctor José María Castellano.

En entrevista con Forbes México, el también director del Programa de Salud Cardiovascular del Hospital Universitario Montepríncipe explica que esta pastilla cuenta en su interior con tres fármacos esenciales para los tratamientos cardiovasculares: una aspirina, una estatina y un inhibidor de la enzima de conversión de la angiotensina (IECA).

Es con estos tres componentes, señalados como esenciales para estas enfermedades por la American Heart Association (AHA), Castellano dice que se logra crear un medicamento base que permite a las personas no tener que estarse preocupando por tomar tantas pastillas al día, uno de los problemas mencionados tanto en el caso del paciente ruso, como también en otros muchos.

“La idea de meter en una única pastilla tres fármacos diferentes nos ayuda a combatir la molestia que genera en las personas estar expuestas a tantos medicamentos al día, así simplificamos el tratamiento y fortalecemos su adherencia al mismo”, comenta.

El médico agrega un punto que pareciera sencillo, pero no lo es, y es que con una única pastilla también se rompe con los problemas que tienen los pacientes para contar siempre con el amplio grupo de medicamentos que forman parte de su tratamiento, ya sea porque se les terminan o porque no pueden comprar una.

“Muchas veces las personas detienen sus tratamientos por cosas tan sencillas como que se les acabó una pastilla y por ende no toman las demás, con esta polipíldora rompemos también con este tipo de prácticas que a la larga afectan la vida de las personas enfermas”, sostiene.

Cerca de nacer

El proyecto de los doctores Fuster y Castellano, apoyado por el CNIC y Laboratorios Ferrer, ha ido poco a poco ganando enteros. Cuenta con el aval de la Agencia Europea de Medicamentos (AEM), además de que 48 países del mundo aprobaron comercialización, destacando que circula ya en varios de ellos.

Uno de estos es México, país validó a la polipíldora en diciembre 2012 y cuya comercialización ya está dándose hoy por la privada bajo el nombre de Sincronium. “México ha sido un gran aliado para nosotros, sus instituciones de salud han entendido el beneficio que esto puede significar y abrazaron la propuesta, fueron pioneros en este sentido en Latinoamérica”, comenta Castellano.

El siguiente paso del trabajo pasa por la Organización Mundial de la Salud (OMS), organismo que esperan en un corto tiempo decida incluir a la pastilla dentro de su listado de medicamentos esenciales, como han hecho ya anteriormente como la antirretroviral, la antituberculosis y la antimalárica.

Una vez que se genere este movimiento, el cual se espera pueda darse durante este año, los doctores Fuster y Castellano, junto a Laboratorios Ferrer, iniciarán conversaciones con distintos países con el objetivo de masificar la producción del medicamento, un hecho que permitiría reducir el costo que tiene actualmente. En el caso de México, el hecho permitiría su distribución en organismos como el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

De esta manera, los pacientes podrían tener un mayor acceso al medicamento reduciendo la brecha económica existente, además de que los sistemas de salud de los países se verían beneficiados al evitar tener gastos públicos desorbitados por manejar este tipo de enfermedades en etapas mucho más avanzadas.

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