Cuervos y caballos en El llanero solitario

Foto: cortesía Disney.

El autor de este blog analiza el pensamiento mágico en cuervos y caballos blancos a que hace alusión la más reciente versión fílmica de El llanero solitario. Tal vez, dice, esta película y Johnny Depp merezcan otra oportunidad.

 

 

Cine. Comentarios negativos y terribles quejas suscitó la versión fílmica de El llanero solitario (Disney, 2013), considerada ya el fracaso económico del año. Incluso Johnny Depp, actor protagónico y productor de la cinta, declaró que quisiera retirarse de la actuación tras de su participación en este proyecto. Pero no todo está perdido cuando revisamos algunos aspectos del pensamiento mágico que se esconden en la caracterización de los personajes y la línea argumental, que expondremos a continuación.

El personaje del solitario policía rural texano (Lone Ranger) fue creado inicialmente por el empresario estadounidense George W. Trendle (1884-1972) y el escritor Fran Striker (1903-1962), para protagonizar una serie radiofónica. La idea fue presentar a un héroe “misterioso” y “con altos estándares morales” que impusiera la ley y el orden en un territorio desértico donde la civilización era incipiente y los maleantes asechaban a los indefensos pobladores. El escenario era “el viejo oeste”, concepto que se refería a todo aquél territorio ubicado mas allá del río Misisipi, primigenia frontera de la nación estadounidense, limítrofe con las antiguas propiedades de Francia (Louisiana) y México (Texas, Nuevo México y California).

El llanero solitario surgió entonces como un cowboy heroico y justiciero, montado en un caballo blanco y de quien no se especifica su origen o destino, sino que (como buen héroe gringo) aparece cuando más se le necesita para impartir justicia. Quedó así plasmado su “misterio”, el cual se complementó en su posterior iconografía, en cómics, películas y series de televisión, al presentar su rostro parcialmente cubierto con un antifaz negro. Así, su verdadera identidad siempre quedaba en duda.

Tratándose de una serie radiofónica, el llanero no podía estar siempre solitario, ya que sus diálogos necesitaban una réplica. Así, los creativos Trendle y Striker diseñaron el personaje del nativo estadounidense sin mucho fundamento antropológico pues, aunque la historia se desarrollaba en los territorios del suroeste de Estados Unidos, dieron al indio un nombre supuestamente tomado de la tribu Potawatomi, más bien residente en Michigan. Así, el compañero indio del llanero fue llamado Tonto que significaría “el salvaje”. Otras fuentes señalan que el apelativo refiere a la localidad Tonto Basin, Arizona. A los autores originales quizá no les fue desconocido el juego de palabras que evoca la palabra tonto en español (torpe, incapaz, falto de inteligencia) y les pareció divertido llamarlo así porque los rangers se ubican en Texas, estado con raíces hispánicas.

Al traducir la serie de televisión al español, se rechazó este nombre y se eligió el fonéticamente similar de Toro, más cercano a la imaginería del animal tutelar de los nativos amerindios (como en el nombre totémico Toro sentado) y menos peyorativo para el personaje.

 

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El cuervo. Sin embargo, en la versión fílmica de El llanero solitario de Disney, el indio debería llamarse Cuervo ya que porta, como animal tutelar integrado a su tocado, un negro cuervo. Tampoco corresponde exactamente a una práctica antropológica, puesto que los chamanes indígenas confeccionaban penachos, talismanes o accesorios con partes de animales sagrados (plumas, colmillos, pieles), pero no con el animal completo, que en el caso de la indumentaria de Johnny Depp parecería ser un cuervo disecado. El actor afirma que se inspiró en el cuadro del artista plástico Kirby Sattler, quien refleja caprichosamente al animal tutelar de los nativos y no de acuerdo con parámetros de la antropología cultural.

A pesar de eso, los guionistas Justin Haythe, Ted Elliott y Terry Rossio parecen conocer la relevancia ancestral del cuervo como signo de misterio. En la trama, el indio Tonto atestigua el asesinato de John Reid y otros seis rangers que perseguían al maleante Cavendish. El indio prepara la sepultura de los fenecidos rangers cuando aparece un caballo blanco espectral que señala a un individuo, quien luego será el llanero solitario. En una escena que evoca la nigromancia o arte mágica de hablar con los muertos, Tonto le explica a Reid que él es un “espíritu caminante” y ha vencido a la muerte. Le coloca un sombrero blanco, que armoniza con el color fantasmal del corcel, y el antifaz que oculta parcialmente su rostro. Ha nacido así el “héroe” del viejo oeste que en términos de pensamiento mágico resulta un espíritu chocarrero o un muerto insepulto, un zombie.

El poder sobrenatural de Tonto alude al imaginario antropológico asociado al cuervo, ave considerada como mediador de la realidad extrahumana. En la antigua Grecia, el cuervo estaba consagrado a Apolo junto con el cisne y el gavilán. Se le consideraba un animal adecuado para realizar la adivinación del futuro o korakomancia. En Oriente, se le consideraba un pájaro solar, mensajero divino. En África, se le creía un animal protector del hombre, ayudante en la cacería, pues con su graznido señalaba a la presa.

En las mitologías escandinava y germánica, se representaba a Odín, señor de los dioses y dios de la magia y la sabiduría, con dos cuervos en sus hombros, Hugin, el pensamiento y Munin, la memoria. Numerosas leyendas amerindias otorgan jerarquía antropomorfa al cuervo y poderes sobrenaturales, como el ser inteligente, inmortal, profético y sabio. Pero también se asocia al ave con lo negativo, pues su presencia resulta “de mal agüero”. Para colmo, el cuervo es negro, color asociado en nuestros rituales judeocristianos con el luto a los muertos.

 

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El caballo. Los primeros colonizadores de Texas fueron soldados españoles y portugueses para quienes su santo patrono, Santiago Apóstol, se aparecía montado en un caballo blanco en la lucha contra los infieles. En la península ibérica, se afirmaba que un poderoso guerrero montado en un corcel blanco había ayudado a expulsar a los árabes en la batalla de Logroño (La Rioja, España). Se trataba de Santiago, quien recibió entonces su sobrenombre de Matamoros. En México, las crónicas de la conquista refieren la aparición del misterioso corcel blanco en las refriegas de los españoles contra los indígenas, siendo considerado igualmente como la montura del Apóstol peregrino. Actualmente, hay testimonios de personas que han sido alcanzadas por un rayo (“graniceros”) que afirman haber visto un caballo blanco pasar velozmente frente a ellos… y a Santiago se le llama también “hijo del trueno”.

La fantasía de Disney no está muy lejana de esta imagen jacobea del caballo blanco sobrenatural: Silver (Plata) es un caballo tan veloz como la luz, tan rápido como el rayo y que proviene de un pasado muy remoto, como decía el narrador de El llanero solitario en su versión televisiva. Se trata de la alusión a otro animal tutelar muy antiguo, el caballo, mitificado por los arcaicos pobladores euroasiáticos, aquellos que dieron vida a los mitos del centauro, el unicornio o el pegaso.

Así, podríamos concebir al indio Tonto como un chamán experto en rituales nigrománticos, cuyo tótem es el cuervo –emblema de sabiduría profética– que convoca a espíritus errantes, cuyo ectoplasma corresponde a animales y humanos. El llanero solitario y su caballo blanco serían visiones sobrenaturales, como las que aparecen en el fragor de la guerra, cuando el ser humano alcanza el umbral de la muerte y logra ver “el túnel de luz”, metáfora de la eternidad. La antropología cultural da sentido a una película fantasiosa pero apoyada en algunos símbolos antiguos. Quizá El llanero solitario de Disney merece una segunda oportunidad, al igual que Johnny Depp.

 

 

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