Flexibilidad hacia la innovación = productividad en el negocio

Foto: Reuters.

Los negocios y empresas deben tener la flexibilidad suficiente para poder abrazar la movilidad y la explosión de aplicaciones sin afectar el desempeño de sus redes.

 

 

Por Humberto Bortoni, Blue Coat

 

 

“En el mundo –se puede leer casi al final del Libro del Tao‑ no hay nada más blando y flexible que el agua, pero tampoco hay nada más capaz de vencer lo que es duro y rígido, no hay nada que pueda alterarla”. Quizá sea esto –el que nada pueda alterarla‑ sobre su capacidad de vencer a lo que es duro y rígido, la característica más atractiva del agua. Sin importar lo que intentemos hacer con ella, el contendor en el que la metamos, las barreras que pongamos en su camino, o la fuerza que utilicemos en su contra, el agua –en estado liquido‑ inevitablemente le da la vuelta a las cosas, se adapta a ellas cuando no termina pasándoles por encima o arrastrándolas en su camino.

Esa misma flexibilidad, que Lao Tse promueve para la vida diaria, debería encontrarse detrás de los negocios, detrás de las empresas; debería ser su espíritu, la base para poner en las manos de la gente aquello que necesita para ir más allá, para que sean capaces de romper con lo inmediato y recorrer esa última milla que se exige del hipotético emprendedor. El negocio habría de tener la flexibilidad suficiente para posibilitar que las personas –aquellos que al final del día idean y ejecutan los negocios‑ accedan a la innovación y en consecuencia sean más productivos.

En otras palabras, utilizando conceptos de TI que nos sirven al mismo tiempo como metáfora y realidad histórica, los negocios y empresas deben tener la flexibilidad suficiente para poder abrazar la movilidad y la explosión de aplicaciones sin afectar el desempeño de sus redes –de las personas que trabajan a través de ellas.

Permítanme explicarlo un poco más, pues nunca se es menos claro que cuando se cree estar hablando de cosas evidentes. A nadie le queda duda que los negocios demandan acceso a la red–tanto de empleados como de clientes‑ desde cualquier lugar y en cualquier momento, incluso, desde cualquier conexión disponible. Esto, irremediablemente, modifica la forma en al que se hacen los negocios y se vuelve un asunto critico tanto para las TI como para la seguridad de la información y de las empresas.

Tener esta flexibilidad, que nos permita aprovechar al máximo el potencial de nuestros colaboradores, demanda que seamos capaces de extender los controles que rigen la actividad de los usuarios en nuestra red a donde quiera que ellos vayan, de forma que tengan acceso a los recursos que necesitan para poder desempeñar sus funciones en todo lugar y en todo momento, sin que la seguridad resulte la mayor barrera de la autonomía tecnológica, tal como afirma que lo es el 76% de los gerentes de TI.

Las empresas deben tener claro las palabras de Ed Amoroso (CISO en AT&T): “La seguridad debe hacer posible los negocios, no obstruir su desarrollo”, no detener la innovación. Deben entender a las TI como un socio estratégico y no como un guardián que obstruye el paso, posibilitando que las mismas políticas de uso, los mismos controles de seguridad, los protejan de igual manera cuando están fuera de la oficina que cuando están dentro. Llevando a la empresa mucho más allá de sus barreras físicas, haciéndola verdaderamente global y aprovechando la sinergia que se produce cuando el agua, superando un obstáculo, se adapta a él.

 

 

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