Por Leopoldo Hirschhorn Cymerman*

En la Ciudad de México existen 2 millones 600 mil viviendas de uso particular. Cada una de ellas alberga a una o varias familias. Su construcción implicó no solo la cristalización de la ilusión que tenían millones de personas de contar con un lugar donde vivir o un patrimonio propio para el futuro, también significó la materialización de un puesto de trabajo para miles de personas que participan de la cadena de valor de la vivienda.

Para poner un ejemplo, de acuerdo con datos de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción, en mayo de 2019, el IMSS tenía registrados 241 mil empleados de la construcción solo en la Ciudad de México -representando 14.7% del total nacional-, una parte representativa de ellos ligados a la construcción de casas y departamentos. Pero el impacto va más allá. La cadena de valor de la vivienda pasa por obreros, técnicos y profesionistas directamente involucrados; comercializadores y financieras. De forma indirecta, también involucra a otras actividades como empresas de mudanzas, interioristas, venta de muebles, equipamiento y servicios de mantenimiento. Es importante hacer notar que también es una de las actividades más nobles para la sociedad, donde personas con distintos niveles educativos encuentran una oportunidad en el mercado laboral formal.

Pero ¿qué papel juega el desarrollo de vivienda en la Ciudad de México frente a los retos actuales del país? Pues para muestra algunos botones. En 2017, la metrópoli aportó 16.5% del Producto Interno Bruto del país; su participación en el sector servicios y en el sector secundario es esencial. En este último, del cual forma parte la construcción de vivienda, la capital de país generó 5.2% del PIB nacional, estando en el sexto lugar, a penas por debajo de Guanajuato, una entidad evidentemente manufacturera. Eso, ya de por sí, da un peso específico a las actividades que aquí se desarrollan.

En este escenario, generar acciones estratégicas que impulsen el desarrollo de vivienda, tal cual se atienden los sectores exportadores o industriales, pareciera esencial si no queremos impactar a la cadena de valor que la industria ha desarrollado a lo largo de los últimos años.

Para 2019, las expectativas de inversión en el sector inmobiliario se han anunciado a la baja. Según datos de la Asociación de Desarrolladores Inmobiliarios, la proyección de recursos a invertir será la mitad de lo destinado el año previo. Pero, más allá de discutir sobre los montos de inversión, será importante pensar cómo vamos a atender a quienes integran esa cadena de valor y cuya labor, en un entorno reducido, ya no será indispensable. El reto no es menor.

Los retos alrededor del desarrollo de vivienda en la Ciudad de México aún son muchos. Es indispensable dar claridad a los habitantes de la metrópoli de contar con nuevos desarrollos que contribuyan a un crecimiento más armónico y a un futuro con un uso más racional de los recursos; la planeación y aprobación con base en expectativas y pronósticos reales será indispensable. Pero dichas condicionantes deben caminar de la mano de un sector fuerte para atender la dinámica demanda y evitar con ello distorsiones mayores en el mercado. También deben promover un sector innovador que dé cabida a más y mejores empleos. Porque de eso se trata a final de cuentas, de generar más oportunidades y más bienestar para más personas. El desarrollo de la ciudad lo requiere.

*Presidente de Grupo HIR. Vicepresidente de la Cámara Nacional de Desarrolladores de Vivienda Valle de México y de la Asociación de Desarrolladores Inmobiliarios.

 

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