Despreciado por La Volpe y la FMF, llevó a México a ser campeón mundial en Perú 2005, con jugadores que jugaban en la calle, como Vela, a quien seleccionó luego de verlo en una cascarita en Cancún.

Jesús “Chucho” Ramírez es el verdadero artífice de la victoria de la selección Sub-17 que ganó el Campeonato Mundial de Futbol en Perú. Era el héroe del momento.

En 2005, se gana en Perú el primer Campeonato Mundial de Fut-17 y coincide con la fecha en que inicio con mi agencia de conferenciantes. Por ello, conozco a Jesús, hemos compartido muchas, muchas conferencias, viajes, pláticas, desayunos, mil cosas.

Sé y soy testigo de su fortaleza mental para no perder el piso, conozco muchas historias y verdades que Chucho no cuenta en sus conferencias, los tragos amargos, la falta de apoyo de la Federación Mexicana de Futbol (FMF).

¿Sabían ustedes, amigos lectores, de su etapa de dos años como parte del cuerpo de trabajo del Boca Jr. en Argentina? ¿De sus visorias en sectores de juego que no debían de ser ni en ligas ni en colegios? Sí, como lo oyen, visorias en la calle y en cascaritas callejeras en el país. Ahí en Cancún, en una de estas visorias, Chucho “fichó” a Carlos Vela y de la calle a la Selección Nacional y de la Selección Nacional al Arsenal de Inglaterra…

¿Saben cuántos jugadores desde 2003 a la fecha han sido parte del proyecto de Chucho Ramírez? Muchos jugadores que hoy forman parte de equipos en México y Europa, que Chucho inició en su formación, han sido la base de las selecciones que ganaron otro Campeonato Mundial sub-17, del equipo Olímpico y del equipo que ganó el torneo de Toulon Francia.

Chucho ha sido quien ha demostrado que México puede soñar y lograr sus sueños. ¿La receta? Que hacer un cambio de mentalidad no es vamos a echarle ganas, saber que se puede, compromiso con uno mismo y con su equipo de trabajo.

Gracias, Chucho, por tu amistad, por permitirnos ser parte de la difusión de tus charlas, que a muchas personas que las han oído les ha cambiado en algo sus vidas. Por la confianza que me das de poder compartir con muchas empresas mi proyecto, ya que de ti aprendimos hace ocho años que se vale soñar y saber que se puede.

 

¡Más de Chucho!

Todos le rinden pleitesía y lo colman de elogios, pero centrado como es, recuerda que al principio lo tomaron por loco, cuando dijo que se traería el título y le negaron todo apoyo. Ricardo La Volpe lo despreció. Alberto de la Torre estuvo a punto de despedirlo y sólo le ayudó, por fortuna, al no meter ni un dedo en su trabajo.

Ahora, Chucho recuerda esos amargos momentos y dice que siempre pensó en que “se vale soñar”.

Técnico modesto e inteligente, sobrevivió a los cataclismos incesantes y cíclicos, a las guerras intestinas, anarquía, rapacidad y envidias que caracterizan al balompié mexicano, encabezado por De la Torre y Decio de María Serrano.

Su cargo, intrascendente para muchos, irrelevante por lo que significaba trabajar con jóvenes de 17 años, no era codiciado por nadie y se mantuvo en él “con trabajo y amor” para cosechar hoy los más grandes laureles.

“Aquí no hay límites. Somos de México. Sin embargo, el entorno no juega, aunque puede ser negativo. Hay quienes dicen: ¡No, este cuate quiere ser campeón del mundo, está loco! No te dan permiso de soñar. Aquí sí hay permiso de soñar. Todo es posible”, afirma Chucho

Conocido por el mote de Chucho desde sus tiempo de jugador, acepta que sus detractores y quienes lo criticaron por desear el campeonato mundial fueron “un enemigo importante” en su proceso, sobre todo después de que muchos jugadores con gran talento quedaron fuera de su lista final, por no tener actitudes acordes a la dinámica grupal, que van más allá de meter muchos goles.

“Ya elegiste a un buen jugador, pero luego tienes que ver cómo piensa, cuál es su entorno, cómo viene de su casa, cómo está culturalmente. También en el hogar hay desastres, y arreglar todo eso y que los chavos piensen diferente, es difícil”, confiesa.

Tanto se esmeró Chucho en inculcarles la cultura del triunfo a sus discípulos, que hasta les impartió clases de “aplicación mental”, aprendidas con el doctor Octavio Rivas Solís, psicólogo de los Pumas, quizá la clave de su triunfo. Con esa enseñanza, junto con el intenso acondicionamiento futbolístico, Chucho siente que se puede llegar todavía más lejos.

“Sería triste engañar, porque me he manejado con la mayor honestidad posible. Manejamos al grupo en la medida en que nos dejaron, porque tuvimos poco roce internacional. No hay cultura de triunfo, pero con lo que hicimos tengo para soñar”, dice sonriente Jesús.

“No vamos a luchar contra la historia de Brasil”, había dicho Jesús, minutos antes del partido más importante de su vida, con el fin de que los muchachos no se impresionaran con la camiseta verde y amarillo del rival.

Los técnicos de cierto prestigio –hoy retorcidos de envidia tras las victorias en Perú– desdeñaban las selecciones de infantes. El seleccionador nacional Ricardo La Volpe desde el principio se deslindó y dijo que únicamente atendería a la mayor y a la Sub 23, y ni siquiera tuvo la cortesía de asistir a Lima, no en plan de apoyo, sino para tratar de aprender algo de Ramírez, quien sin falsa modestia se declara psicólogo y motivador nato.

Hoy Jesús tiene muchos planes y acciones cada día. Responsable de las visorias para Bancomer (El campo de los sueños), llevando jugadores de 17 a 19 años a España a jugar, realizador junto con su esposa Lourdes de películas, la semana pasada inició el rodaje de la película del Campeonato de 2005 en Perú.

También siguen varios equipos y selecciones de otros países llamándolo para que se haga responsable de los proyectos. Pasó un mes en Japón este 2013 dando clínicas en ese país por segundo año consecutivo. En fin: incansable y lleno de proyectos, tenemos en Jesús un ejemplo de que se vale soñar.

Chucho y un servidor esperamos que esta historia de los sueños se pueda hacer realidad pueda ensanchar sus vidas. Luis Valls

 

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