Lo sabemos, esos 90 minutos que en promedio destinamos para trasladarnos a la oficina son terribles, pero un nuevo estudio de la Universidad de Harvard podría hacerlos más productivos.

 

Por Daniel Kleinman

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Tu traslado diario hacia el trabajo puede constar de varias actividades para pasar el tiempo o entretenerte: escuchar música, leer un libro, soñar despierto o intentar dormir un poco más. Con el viaje promedio en la Ciudad de México de 1.5 horas en cada sentido, no es sorpresa que el desplazamiento sea la actividad menos agradable del día para muchos empleados. Aunque ciertamente es tentador buscar la distracción en medio de la miseria del tráfico o a la espera del Metro o un autobús lleno de gente, un nuevo estudio publicado por la Escuela de Negocios de Harvard sugiere que las actividades de ocio pueden afectar negativamente nuestra satisfacción y rendimiento en el trabajo al apartarnos de formas más productivas de pasar nuestro viaje.

Los impactos negativos de los desplazamientos estresantes no pueden subestimarse. Los largos desplazamientos pueden conducir a “niveles más bajos de bienestar subjetivo, mayores tasas de separación entre las parejas y mayores niveles de estrés”. Las emociones negativas generadas durante el viaje pueden tener consecuencias en la oficina, ya que ponen en riesgo tu satisfacción laboral y tu estado emocional en general. Los viajes más largos hacen que sea más probable que un empleado llegue tarde todos los días, lo que podría dañar su reputación o hacer su día más ocupado de lo que hubiera sido anteriormente.

El estudio, Commuting with a plan: How Goal Directed Prospection Can Offset the Strain of Commuting (Trasladarse con un plan, cómo el desplazamiento enfocado a objetivos puede contrarrestar la tensión del viaje), propone que los trabajadores pasen su viaje haciendo y pensando cosas diferentes que puedan conducir a diferentes resultados cuando lleguen al trabajo. Si ves tu trayecto como una tarea rutinaria eres más propenso a participar en una actividad de esparcimiento, a “ceder a las tentaciones a corto plazo para contrarrestar los sentimientos negativos”.

Pero si percibes tu viaje como una oportunidad para planear tu trabajo del día, es probable que tus pensamientos orientados a un objetivo sean beneficiosos cuando llegues a la oficina, ya que aliviarán tu frustración, te ahorrarán tiempo y reducirán la presión del tiempo. Este conflicto de qué hacer durante un viaje es una cuestión de auto-control, y quienes tienen niveles más altos de autocontrol son propensos a participar en la planeación dirigida a un objetivo (una forma de pensamiento orientado al futuro), anulando así los efectos negativos de esos viajes estresantes al trabajo y preservar el bienestar emocional, mientras que ayudan a hacer la transición del ambiente de la casa al de la oficina.

Los autores del estudio sostienen que es importante establecer una frontera entre el trabajo y el hogar. Cuando los dos se mezclan entre sí, “las exigencias del trabajo y el hogar compiten por el tiempo, la energía y la atención de los empleados. Tratar de equilibrar los roles contradictorios entre el trabajo y el hogar puede tener un impacto negativo en el bienestar. “El viaje puede ayudar a una persona a establecer un límite entre los dos y a prepararse mentalmente para lo que viene mientras los empleados están “temporal y espacialmente alejados de casa y del trabajo”. Esto se puede lograr mediante la planeación dirigida para dejar atrás la casa –física y mentalmente– y prepararse para el trabajo al tiempo que aliviamos el agotamiento. Las actividades de esparcimiento pueden ayudar a amortiguar el tiempo entre el hogar y la oficina, pero no ayudarán a realizar una transición hacia una mentalidad relacionada con el trabajo ni a reducir los niveles de estrés en el largo plazo.

¿Qué debemos pensar durante nuestro viaje a la oficina? Los autores del estudio recomiendan pensar en las metas para el día y cómo podemos alcanzarlas. Esto por sí solo es suficiente para proporcionar una motivación para el logro de tales objetivos y por lo tanto aumenta la probabilidad de éxito. Dirigirnos a un objetivo claro, “sirve como una señal para la implementación de la intención, un plan detallado de cómo se logrará el objetivo… El mero acto de la planificación para el logro de metas también reduce la necesidad de dedicar esfuerzos mentales en el futuro y el incumplimiento de nuestros objetivos”.

Quienes no consideren que tienen un alto nivel de auto-control pueden estar tranquilos. Enfocarse en objetivos claros es algo que puede aprenderse, ya que es una estrategia de comportamiento y no depende de tener altos niveles de auto-control de forma natural. Debido a que éste es un comportamiento que se puede aprender, las consecuencias de este descubrimiento son importantes al considerar las estrategias que los empleadores pueden poner en marcha para mejorar el rendimiento de sus empleados.

Las empresas pueden fomentar la planeación dirigida a un objetivo al ofrecer más oportunidades de trabajar a distancia, o ayudar a establecer límites entre la oficina y los hogares de los empleados. Los autores sugieren “‘cambios radicales’, como la desconexión de los servidores de correo electrónico después de las horas de trabajo para asegurar que los empleados tengan oportunidad de recuperarse adecuadamente, o ‘sugerencias suaves’ (como fomentar la planeación dirigida a una meta). Independientemente de las decisiones de la dirección de la compañía, es importante recordar que cada empleado es, en última instancia, responsable de su propio viaje y puede tomar las medidas que crea convenientes para mejorar su satisfacción en el trabajo y su felicidad general.

 

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