Aeropuertos… uno de los lugares donde se ‘palpa’ la realidad del Coronavirus y su propagación exponencial. En Schiphol (Ámsterdam) si se confirma que un pasajero ha estado durante los últimos 17 días en territorio Chino, autoridades locales y personal de aerolínea están autorizados para no permitirle tomar su avión sin importar el destino. Misma medida se comienza a implementar en otros HUB’s como Barajas (Madrid), Heathrow (Londres), JFK (Nueva York) y el Benito Juárez, que desde su ‘grandilocuencia’ sigue siendo insuficiente para la ciudad más grande de habla hispana.

Y si algo confirma la OMS o ‘Contagion’ (2011,Steven Soderbergh), es el poder de los aeropuertos para transportar enfermedades; haciendo que hoy miles de ejecutivos extranjeros y equipos diplomáticos estén dispuestos a pagar ‘lo que sea’ por salir de China, sabiendo que poquísimos países y aerolíneas permiten entrada o salida de aviones, lo que ha desencadenado un golpe ‘aun difícil de medir, porque no tiene precedente alguno’ en la industria del Turismo, en medio del Año Nuevo local, uno de sus picos más importantes de acuerdo con la Organización Mundial del Turismo.

En un efecto cadena, donde la fuerza laboral comienza a salir -casi granuladamente- de sus casas luego de las fallidas festividades de Año Nuevo, el consumo local está reducido al mínimo, fabricas inactivas, y las restricciones para entrada y salida de insumos aumenta; será cuestión de semanas para que los suministros de diferentes partes tecnológicas, carrocería, y manufactura comiencen a escasear fuera del territorio Chino; y la llegada de alimentos a este país genere emergencias internas y externas, como el cierre de importaciones de leche que eliminó el 25% del producto disponible, mientras que países como Nueva Zelanda se ‘ahogan’ en ella.

Oficialmente industria y comercio son puestas a prueba y tratan de vivir sin la fuerza de producción China que aporta el 18% del PIB global. Si estaba previsto para 2020 una desaceleración en este país bajo crecimiento del PIB 6%, algo no visto desde hacía treinta años, el nuevo panorama estima que alcanzará al 5.4% (Oxford Economics). El Coronavirus, además de recordar la fragilidad humana, también da la oportunidad de recrear ese mundo de economía proteccionista con fronteras cerradas, que al parecer se ha vuelto el sueño de muchos.

Y aunque según expertos en 10 o 14 días el virus podrá alcanzar su punto máximo comenzando su descenso, los esfuerzos para mitigar el impacto económico no se han hecho esperar… Beijing inyectó al mercado financiero 171.000 millones de dólares para que el sistema monetario interno y los bancos siguieran funcionando (sin embargo el Shanghai Composite Index ha cerrado jornadas con caídas de casi 8%) del 7.8, mientras que las bolsas alrededor del mundo se han mantenido fuertes ante la amenaza en ‘reacción cadena’.

Es decir un ‘bajonazo’ provocado por la conexión entre toda la red económica global, que ya advierte Jerome Powell, Presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, luego del impacto que dejó en las empresas norteamericanas la cancelación de los eventos de Año Nuevo Chino, el cierre de atracciones turísticas y cines. Además de los 2000 locales de Starbucks, miles de McDonald’s, 130 tiendas Uniqlo y 30 tiendas de Ikea que permanecen cerradas; la suspensión de las operaciones en Corea del Sur de Hyundai Motor Company por el número de insumos que vienen de China… y la lista de ejemplos sigue. Googlo, Amazon, General Motors, H&M…

Y hay varios que ven un efecto más fuerte… Para Moodys la propagación del nuevo coronavirus  podría convertirse para la economía mundial en un ‘cisne negro’ más grave que la crisis financiera de 2008-2009. Para ellos esto se evidencia en la relación que hay entre el crecimiento económico mundial y índice de precios en metales industriales, que ha registrado un impacto negativo del 7.1% desde que se dio a conocer el brote, que incluye una caída de 10.4% para el cobre, 8.7% para el níquel, 7.3% para el zinc, 4.6% para el plomo y 3.5% para el aluminio. (ver cuadro)

Pero a diferencia de 2008 este virus no pudo ser previsto, situación que será cada vez más frecuente porque las probabilidades de una pandemia mundial crecen. Si bien los avances científicos y tecnológicos presentan nuevas herramientas para proteger la salud pública, se debe considerar la insalubridad existente en gran parte del mundo, sobre todo en relación con el trato de animales y que cada vez es más fuerte gracias al cambio climático, al mismo tiempo que el aumento del número de habitantes en las ciudades y los viajes internacionales propician que estas enfermedades puedan propagarse más rápidamente.

A esta situación habrá que añadirle que sólo alrededor del 10% de los patógenos del mundo han sido documentados, por lo que se necesitan más recursos para identificar al resto y las características de los animales portadores. Por ejemplo ¿cuántas ratas y cuantas palomas hay en una gran capital y qué enfermedades potencialmente pueden transmitir? Ha llegado la hora de que preparar los negocios para soportar la versión ‘agresiva’ de interdependencia comercial dentro de estos episodios con mayor frecuencia. La debilidad humana queda al descubierto de nuevo.

 

 

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