Los partidos políticos están tratando de encontrar rutas para sobrevivir, pero las acciones que toman para recuperar las trincheras perdidas y el poder sólo los están llevando a la autodestrucción.

Los partidos políticos no se han podido recuperar del golpe de castigo que les dieron los electores en julio pasado, al parecer los políticos no acaban de entender cuál fue el mensaje de los votantes. El sistema de partidos en México está totalmente desbaratado y sus representantes persisten en su afán de adueñarse de los “restos” de dichas instituciones políticas con el fin de aprovechar los recursos económicos para volver a la vida política.

Sin embargo, se enfrentan a varios problemas, primero hay una gran división al interior de los partidos, la sombra de la culpa de haber perdido la elección, obtener las más grandes minorías en la votación, el Congreso federal, los estatales y las gubernaturas, los traen locos; además se deben tener en cuenta las deudas, la escases de recursos, el profundo desinterés de la sociedad, las traiciones y el chapulineo, aspectos que los ha dejado sin esencia, estructura, militantes y representación.

Hemos sido testigos de los pleitos dentro del PRI, ahora que enfrentan la elección en Baja California se están dando hasta con la cubeta; en el PRD no pasa algo distinto, cada semana hay noticias de la renuncia de alguno de sus dirigentes; finalmente, este fin de semana tocó el turno al PAN, ante la elección de su nuevo dirigente, el grupo identificado con el excandidato presidencial, Ricardo Anaya, ganó la presidencia y Felipe Calderón decidió renunciar al partido para crear su propia asociación política, no debemos olvidar que su esposa, Margarita Zavala, ya se había adelantado y seguro regresarán al trabajo político una vez que congreguen a los disidentes del PAN.

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Será interesante ver cuál es el camino que tomarán los partidos ante el nuevo escenario político de México: un gobierno de izquierda con un movimiento político conformándose como una hegemonía, con mayoría en el Congreso federal y en los estatales, que deja de principio del régimen un muy pequeño espacio político de maniobra.

Los partidos tendrán el gran reto de crear un nuevo tipo de oferta política y representación social, la cual podrán ofrecer al 70% de los electores que no votaron por Morena.

Para esto va a ser muy importante tomar en cuenta diversos factores, no obstante, hay uno que llama mucho la atención: en el último Reporte del Latinbarómetro 2018, un estudio de opinión pública que se aplica en 18 países de Latinoamérica para evaluar el desarrollo de la democracia, la economía y la sociedad en su conjunto. El estudio reporta por primera vez desde 1995, las cifras más negativas en los indicadores económico, político y social.

En lo que respecta al concepto “progreso neto”, en toda la región los entrevistados se quejan de un retroceso que se registra en menos ocho puntos, esto refleja que la ausencia de progreso es el reflejo del malestar generalizado en la población de la región. En todos los países los problemas más graves se concentran en lo económico, la delincuencia, la situación política y la corrupción. A nivel municipal el problema más importante es la delincuencia, seguido por los problemas económicos.

En las mediciones sobre el apoyo al régimen democrático, el estudio marca que la preferencia de la población se está alejando de este tipo de gobierno. El indicador viene a la baja desde el 2010, cuando logró un 61% de preferencias, mientras que en 2018 reporta el 48%, porcentaje similar a la preferencia de 2001. El nivel de indiferencia es el más alto, con el 28%, y la preferencia sobre un régimen autoritario reporta un aumento del 15%, cuando el año pasado estaba en 13%.

De acuerdo con la evaluación en nuestro país, el apoyo a la democracia logra los números más bajos de la historia del estudio, que inicio en 1995, año en que reportó un 49%. 23 años después el porcentaje es de un 38% de apoyo, lo que representa, junto con El Salvador (28%), Guatemala (28%), Honduras (34%) y Brasil (34%), los índices más bajos de la región.

Estos datos deberán de ser tomados en cuenta por los partidos en México para construir una nueva oferta política, siempre y cuando se mantenga la ley de los partidos políticos igual.

 

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