El origen literario de la historia en la que se fundamenta la puesta en escena del musical Wicked y una probadita de Gravedad, la película de Alfonson Cuarón en estas dos reseñas.

 

 

 

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Libros y teatro. El fantasioso imaginario del escritor estadounidense Lyman Frank Baum (1856-1919) dio origen al mito de Oz, exuberante país poblado por vistosos seres mágicos aunque permeado por debilidades y pasiones humanas. El éxito inmediato del libro ilustrado El maravilloso mago de Oz, publicado en 1900, reflejó la necesidad de los estadounidenses por poseer una mitología propia, no heredada de los inmigrantes. La creación literaria de Baum estaba dirigida inicialmente a los lectores infantiles, por lo que una niña (Dorothy) fue la encargada de cumplir el ciclo antropológico del héroe: un ciclón la arranca de su pueblo (separación), realiza un viaje mágico por un sitio prodigioso (iniciación) y finalmente, impregnada de conocimientos nuevos, regresa al hogar (retorno).

Baum creó literatura infantil influenciado por el teatro, arte al cual se aficionó desde muy joven y en donde no fue muy afortunado, pues los espectáculos que financió le causaron graves pérdidas económicas. Sin embargo, su fascinación por la iconicidad teatral se reveló al complementar sus historias para niños con imágenes e ilustraciones. Así, el mundo fantástico de Oz fue una creación conjunta de Baum y el dibujante William Wallace Denslow (1856-1915), quien visualizó a los personajes distintivos de Oz desde su primera publicación, condicionando la percepción del público sobre la apariencia de Dorothy y su perro Toto, el espantapájaros, el hombre de hojalata, el león cobarde, los habitantes de Munchkinland, las brujas buenas y malas, así como el “maravilloso” mago de Oz, quien en realidad era un hombre común poseedor de un amplio inventario de trucos teatrales.

La novela ilustrada El maravilloso mago de Oz se publicó el 15 de mayo de 1900, día del cumpleaños 44 de Lyman Frank Baum, incluyendo más de 100 imágenes en blanco y negro y 24 ilustraciones a todo color. Cada libro tenía un módico precio de 1.50 dólares, con lo cual logró convertirse rápidamente en un best seller que brindó a sus dos autores copiosas regalías. Tiempo después, la naturaleza visual del libro inspiró nuevamente a Baum para llevarla al teatro. En 1902, El mago de Oz (ya sin el calificativo de maravilloso) se estrenó en Chicago y posteriormente en Broadway, en enero de 1903, donde alcanzó 293 representaciones y se convirtió en uno de los mayores éxitos teatrales de la época. Nuevamente, el imaginario de Baum se complementó con las aportaciones de otros creadores, en este caso, el legendario director de escena Julian Mitchell quien modificó y reescribió la historia para adaptarla a un espectáculo teatral que no sólo fuese interesante para niños sino también para adultos. La ingenuidad de la historia original se revistió entonces con aspectos de humor negro y pasiones humanas.

La compañía teatral de Baum recorrió los Estados Unidos en una gira que abarcó seis años. Así, los fantasiosos escenarios y mágicos personajes de El mago de Oz se arraigaron en la imaginación del público estadounidense, quien adoptó la historia más como un mito fundacional que como una obra literaria o teatral, consagrando a Baum como creador de un fragmento de la identidad nacional.

Posteriormente, el escritor, originario de Chittenango, Nueva York, desarrolló el imaginario de Oz en 13 novelas más, escritas y publicadas entre 1904 y 1920, con títulos como: La maravillosa tierra de Oz (1904), Ozma de Oz (1907), Dorothy y el mago en Oz (1908), El camino a Oz (1909), entre otras. Baum falleció el 6 de mayo de 1919, por lo que su última entrega se publicó póstumamente: Glinda de Oz (1920).

Deseosos de mantener viva la redituable mitología de Baum, sus editores decidieron continuar la narración de historias relacionadas con el país de Oz y seleccionaron a otra escritora, Ruth Plumly Thomson, nombrándola como “noble historiadora de Oz”. Así, se agregaron 40 libros ilustrados más a la saga de lo que, en realidad, devino creación colectiva de artistas norteamericanos más allá de una obra literaria individual. El mundo de Oz fue resignificado además por las adaptaciones cinematográficas, de las cuales, la más célebre es la de 1939, dirigida por Víctor Fleming y estelarizada por Judy Garland como Dorothy.

En ese contexto, resultó válido que, en 1995, otro escritor decidiera agregar su propia aportación al imaginario de Oz. El literato Gregory Maguire (Albany, 1954) publicó su novela Wicked: The Life and Times of the Wicked Witch of the West para contar la historia de la malvada bruja del oeste de Oz, a quien decidió llamar Elphaba. Este nombre evoca la pronunciación en inglés de las iniciales LFB de Lyman Frank Baum, forma de compensar la apropiación de sus personajes que ya para entonces eran dominio público. En esto que hoy podemos llamar “precuela” de la historia clásica de Oz, Maguire narra el surgimiento de algunos personajes. Entre otros detalles, se da a la tarea de explicar el color verde de la piel de la malvada bruja, que los ilustradores de las novelas habrían consignado como signo de hechicería, evocando quizá el color de sapos y lagartijas utilizados como ingredientes de pociones mágicas. También se enfoca a disculpar la supuesta maldad de su protagonista Elphaba, explicando sus motivos para adoptar la actitud beligerante que posee hasta la irrupción de Dorothy en el mundo de Oz, y presentándola en realidad como una mujer compasiva y bondadosa.

Aunque Maguire intentó conservar la pureza de los personajes originales de Oz, algunos aspectos como la supuesta educación universitaria de Elphaba rompen con la fantasía primigenia del cuento de hadas de Baum. El autor participó también en la adaptación de su novela al teatro musical junto con el compositor Stephen Schwartz (creador de musicales célebres como Godspell y Pippin) y aceptó hacer cambios a su historia, siempre y cuando se conservaran los valores de su Elphaba, “cuestiones fundamentales como su comportamiento, apariencia, decepción, honestidad y coraje”, dice Maguire en el libro Wicked, the Grimmerie, editado como memoria del musical de Broadway (Hyperion, 2005).

La versión teatral mexicana, estrenada apenas en el nuevo teatro Telcel, ha conservado la espectacularidad del montaje original que evoca la insólita naturaleza del país de Oz y sus increíbles personajes. Sólo se extraña la potencia de las voces del reparto original, en algunos de los personajes. Sin embargo, la experiencia como espectador vale la pena. Uno de los temas más memorables del musical, “Desafiando la gravedad”, que cierra el primer acto, resume la filosofía de Elphaba: ir por encima de sus límites, enfrentar la adversidad y “desafiar la gravedad” (evocando el poder de volar en su escoba) para descubrir no sólo los secretos del mago de Oz, sino también su propia identidad.

 

Cine. Gravedad, producción del mexicano Alfonso Cuarón, se ha adueñado en estos días de las salas cinematográficas, desplazando a otras películas taquilleras de mucho menor calidad dramática y visual. Destacan en esta cinta los efectos visuales, especialmente la imagen del planeta Tierra desde una cercanía relativa en el espacio sublunar, como quizá no la habíamos visto antes en ninguna otra película de ficción. Pero también se distingue el esfuerzo de los guionistas, el propio Cuarón y su hijo Jonás, por recrear el mundo interno y las reacciones emotivas del personaje protagónico, Ryan Stone (Sandra Bullock), así como su toma de conciencia y confrontación de inéditos obstáculos.

Gravedad aborda un tipo de aislamiento poco representado, el que enfrentan los seres humanos en el espacio. Se trata de un hábitat totalmente inadecuado para la vida humana, que la ciencia se ha empeñado en colonizar. Cuarón se aventura a narrar la posible experiencia de los astronautas en el último reducto de vida: el que conservan al interior de su traje espacial. Otras películas como Apolo 13 (1995, dirección de Ron Howard) nos muestran las contrariedades dentro de las naves espaciales, pero Gravity da un paso más allá. Un trabajo digno de admirarse, con una historia aparentemente muy simple, casi reducida a la experiencia de un solo personaje, pero en realidad rica en simbolismo y hasta experiencias místicas. Después de todo, en el espacio el hombre se encuentra más cerca de la eternidad… Para no perdérsela.

 

 

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