Los nuevos jugadores en la industria de la salud entran de forma disruptiva: cambian paradigmas, obligan al reacomodo con sus estrategias y se conducen con una visión que trasciende.

 

 

Por Ignacio García-Téllez

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Nuevas formas de vida se originan por la reagrupación de estructuras celulares a partir de las ya existentes como los virus; por mutaciones orgánicas derivadas de entornos radiactivos o tóxicos, y por la trayectoria evolutiva de los seres vivos. Podríamos comparar a una organización con un sistema vivo por las personas que la integran y porque está estructurada por los procesos enmarcados en su visión, objetivos y estrategias que se estancan, progresan o desaparecen.

El sector salud –que genera alrededor de 5.5% del Producto Interno Bruto (PIB) y cerca de 4% del empleo en México, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI)– es complejo porque presenta múltiples interrelaciones entre sus elementos sustantivos: productores de insumos, proveedores de servicios, intermediarios, reguladores, pagadores de bienes y servicios.

El sector salud está expuesto a una alta incertidumbre debido a que cada persona asume conductas saludables de acuerdo con su cultura y/o educación, los resultados de un diagnóstico clínico y la respuesta a tratamientos médicos, por lo que el apego a intervenciones de seguimiento depende, en mucho, de la sinergia entre los jugadores del sector, así como de las condiciones de vida que tengan los pacientes: marginación o capacidad de ingreso monetario, lugar de residencia (urbano o rural), herencia genética, interacción con el ambiente, acceso a servicios efectivos, apoyo familiar, edad, etcétera. Entre las condiciones externas y las características propias de la persona se genera un sinnúmero de interacciones que definen su estado de salud, y la combinación de estos factores es compleja y representa oportunidades de negocio, por lo que nacen nuevos jugadores en la industria de la salud.

De las 38 compañías Fortune 50 con una mayor representatividad en el mercado de la salud, 24 son nuevos jugadores (new entrants), y de éstos, siete son detallistas, cinco empresas de tecnología, cuatro relacionadas con servicios financieros, tres con telecomunicaciones, tres de productos de consumo y dos automotrices. Los nuevos jugadores, de acuerdo con PwC, son aquellos que entran de forma disruptiva: cambian paradigmas, obligan al reacomodo con sus estrategias y se conducen con una visión que trasciende, lo que impacta la estructura del mercado o la industria. Incluye negocios ya existentes en un mercado específico que buscan expandirse o aquellos con interés de involucrarse en un nuevo mercado.

Algunos ejemplos incluyen empresas que hacen smartphones o tabletas y han incorporado monitores de frecuencia cardiaca en sus aplicaciones; cadenas de farmacias que dejan de vender productos nocivos para la salud e instalan consultorios médicos autorizados; empresas de telecomunicaciones que desarrollan tecnologías para facilitar la trasmisión de datos e imágenes generadas por dispositivos médicos o las de televisión por cable que integran a clínicas autorizadas y pacientes para facilitar su interacción en consultas médicas.

Esto es sólo el principio de un océano de posibilidades en que surgirán nuevos participantes con una clara regulación de la autoridad y condiciones para la competencia, así como el conocimiento de las expectativas de los consumidores y la existencia de canales de distribución transparentes. Es decir, habrá oportunidades de crecimiento y de innovar a través de las sinergias adecuadas con fondos de capital y los compradores de sus productos, pero, muy importante, a partir de la definición de planes estratégicos sustentables, de gran visión con el correcto seguimiento.

El sistema de salud desarrolla otras formas de interacción entre pacientes, profesionales, unidades médicas, intervenciones clínicas, insumos y servicios. Hacia 2025, el compromiso con el cliente será de una comunicación en dos vías, en tiempo real, a través de medios electrónicos y de telefonía con relación a medicamentos, resultados de la consulta médica, pruebas de laboratorio, seguridad de los dispositivos médicos.

En cuanto a los datos, Data mining guiará para una mejor toma de decisiones estratégicas, financieras y operativas, debido a que las cifras generadas serán relevantes para conocer necesidades y conductas de los pacientes y profesionales de la salud. En innovación habrá proyectos exitosos por un adecuado fit con el core business y con elementos resilientes para superar la competencia. En el ámbito de la regulación y cumplimiento habrá una maduración de procesos que generen certidumbre, claridad de la autoridad y cumplimiento por parte de los negocios.

En el modelo de negocio y esquemas de pago habrá pagos por resultados predeterminados y claramente cuantificables, más allá del tradicional pago por insumos y/o servicios. La provisión de la atención médica ya no será alrededor del médico y los servicios clínicos, sino con el paciente como centro de interés, con facilidad para su acceso y utilización de medios remotos.

Ante el escenario que se está gestando se deben tener presentes cuatro objetivos:

  1. Apoyar a nuevos jugadores para desarrollar productos, servicios y descubrir sinergias que les faciliten competir.
  2. Encontrar juntos la forma de reducir el costo de provisión de servicios y mejorar la eficiencia en el gasto en salud.
  3. Identificar, para las empresas ya participantes, esquemas que se puedan adoptar de otras industrias.
  4. Traer elementos de las mejores prácticas internacionales para incorporarlos en las operaciones del negocio.

 

Ignacio García-Téllez es director de la práctica de Deals del Sector Salud ([email protected]).

 

 

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