La situación económica del mundo podría ser casi comparable con un juego de sillas musicales, donde se va tocando una melodía y quitando sillas, hasta que al final sólo puede un jugador quedar sentado y ganar.

 

 

 

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Los acontecimientos en el ámbito económico mundial han ido teniendo diferentes protagonistas desde el 2007 en adelante, teniendo cada uno diferentes influencias durante su rol, que han causado en su momento preocupación en la comunidad de inversionistas.

Desde Estados Unidos, con su crisis inmobiliaria, que fue el país que gatilló lo que ha sido denominado como “la gran recesión”, pasando por Europa, con su crisis de deuda soberana, los Abenomics de Japón, para finalmente terminar en lo que pareciera ser una potencial crisis en selectos mercados emergentes.

La situación descrita podría ser casi comparable con un juego de sillas musicales, donde se va tocando una melodía y quitando sillas hasta que finalmente sólo puede un jugador quedar sentado y con ello ganar.

En este momento, los mercados emergentes y China (país al cual se le asigna el atributo de ser el salvavidas de turno) ya empiezan a mostrar signos de agotamiento de haber “bancado” a la economía global durante el último periodo como una agente motor de producción y consumo. Y no pareciera verse en el horizonte que algún bloque económico retome suficiente vigorosidad. Imprimir dinero ya tuvo un efecto de sostener a Estados Unidos y Japón en particular, pero el valor de aquel antídoto también comienza a mostrar signos de debilidad.

Imagino que llegará el momento (cosa que se puede observar en eventos aislados durante el último par de años) donde algunas economías opten por cerrarse o poner restricciones frente a esta marea causada por el contagio global, pero aquel modelo económico es, a estas alturas del partido, casi irreversible.

Sostuve en una columna escrita el 2011 que probablemente algunos países opten por intervenir sus divisas en defensa a la inundación de dólares: Hoy en día es posible observar el descalabro de algunas monedas y la consiguiente intervención de los bancos centrales y gobiernos para evitar  un desastre de proporciones. A saber, algunas monedas han sufrido devaluaciones violentas, en particular durante los últimos 12 meses. El euro se está apreciando a niveles insostenibles para la competitividad del bloque, y el yen también ha registrado movimientos importantes.

Todos parecen andar corriendo para competir vía monetaria en pos de mantenerse en el juego, pero es prácticamente imposible que todos al mismo tiempo logren mantener un equilibrio monetario, dada la gran masa de dinero que ha sido lanzada a los mercados.

¿Quién será el último que quede sentado en la silla cuando la música termine? Sospecho que nos enteraremos antes de lo pensado.

 

 

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