Se estima que los incidentes de tránsito son la octava causa de muerte a nivel global, con un impacto similar al causado por enfermedades de transmisión, como la malaria o el VIH-sida. Entérense.

 

Por Marco Priego

 

Un adulto promedio respira cada tres segundos en estado de reposo; en ese mismo lapso, siete personas pierden la vida en un incidente vial, en todo el mundo. Es común escuchar que se volcó un tráiler en alguna calle de la ciudad, que un microbús chocó con un vehículo a exceso de velocidad, que un joven a media noche conducía en estado de ebriedad y volcó su carro, o que un ciclista o un peatón fueron atropellados mientras cruzaban la calle; todas estas situaciones aparecen en los periódicos diariamente y son vistas como algo común, como parte de nuestro día a día, dado que asumimos que un accidente, por definición, es algo que sucede repentinamente y que por su naturaleza es inevitable. Difiero mucho con el término “accidente” para todos aquellos casos que son evitables, por lo que usaré el término “incidente”.

Se estima que los incidentes de tránsito son la octava causa de muerte a nivel global, con un impacto similar al causado por enfermedades de transmisión, como la malaria o el VIH-sida. Cada año mueren 1.24 millones de  personas en las calles y carreteras del mundo, lo cual equivale a toda la población del estado de Zacatecas; de 20 a 50 millones de personas quedan con secuelas de incidentes viales, cifra que equivale a la población de un país como Argentina.

El impacto está focalizado en los jóvenes: cada año más de 400,000 jóvenes mueren y millones más sufren lesiones serias en incidentes viales. Además de la pérdida que implica el fallecimiento per se, estas muertes y lesiones provocan serios problemas invaluables a las familias de los involucrados, cambiando radicalmente sus vidas después de estas tragedias, además de afectar las comunidades donde vivían y trabajaban.

Los incidentes viales tienen un efecto directo en la economía de las familias que se enfrentan a costos médicos por hospitalización, y efectos indirectos resultado de la pérdida de productividad de las personas lesionadas. En niveles nacionales, los incidentes viales representan un alto costo para las macroeconomías de los países en desarrollo, en los que se concentra hasta 90% de las fatalidades, llegando a estimarse un impacto económico de entre 1 y 2% del producto interno bruto de esas economías.

En la región americana el panorama es un reflejo del nivel mundial; la zona arroja un estimado de 150,000 muertes anuales por incidentes viales, siendo la principal causa para niños de entre 5 y 14 años de edad y la segunda para jóvenes y adultos jóvenes de entre 15 y 44 años.

Sin embargo, existe una clara diferencia entre la ocurrencia de incidentes viales en países desarrollados de la región (EU y Canadá) respecto al resto de América, donde los primeros presentan índices de accidentabilidad de 11 muertes por cada 100,000 habitantes y los últimos pueden llegar hasta 22 decesos por cada 100,000 habitantes.

Los usuarios vulnerables de la vía, peatones, ciclistas y motociclistas, son las principales víctimas de fatalidades en incidentes viales para la región (excepto Norteamérica, donde la mayoría de las víctimas son ocupantes de vehículos); en general, éstos representan más de 40% de las fatalidades (23%, 3% y 15%, respectivamente).

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¿Cuál es la situación en nuestro país?

En México, los incidentes de tránsito representan la primera causa de muerte para personas jóvenes de entre cinco y 35 años de edad, y la segunda causa de discapacidad motora permanente: alrededor de 860,000 mexicanos viven con una discapacidad motora como consecuencia de un incidente vial; además son la segunda causa de orfandad en el país.

En números fríos, el informe mundial sobre la situación de la seguridad vial de la Organización Mundial de la Salud 2013 señala que México ocupa la octava posición, con 455,085 incidentes viales, que derivaron en 16,559 fatalidades y más de 172,186 lesiones en el año 2011. En su conjunto, los incidentes de tránsito y sus consecuencias representan para la economía mexicana un costo superior a 10,000 millones de dólares al año, cifra equivalente al presupuesto programable de la Secretaría de Salud para 2014, es decir, alrededor de 1.7% del producto interno bruto nacional o el equivalente a 3% del presupuesto de egresos de la federación 2014.

En todos los casos, principalmente en México, los incidentes viales se dan por la confluencia de factores sociales, económicos y culturales, entre los que destaca la alta concentración urbana de la población. En México, 80% de la población se concentra en ciudades, y se tiene un rápido crecimiento de la flota vehicular, que actualmente es superior a 33 millones de vehículos motorizados.

En este contexto, México no cuenta con leyes nacionales o estatales para el combate a las muertes por incidentes viales de manera integral, así como la articulación real de estrategias que generen acciones puntuales. Del mismo modo, los recursos económicos destinados se encuentran en el “margen” operacional de las secretarías de Salud y de Comunicaciones y Transportes federales, así como en iniciativas aisladas de los estados y municipios, que  cuentan con pocos recursos legales para establecer medidas de control y regulación, entre los cuales están los programas de alcoholimetría, que sólo es posible establecerlos en contados municipios.

Hasta ahora hemos planteado los efectos, pero queda pendiente entender ¿cuál es el problema?, ¿qué hacer para solucionarlo? Y, sobre todo, ¿cómo hacerlo en nuestro contexto?

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Marco Priego es ingeniero civil con posgrado en Diseño de Vías Terrestres por la Universidad Autónoma de Chihuahua, y actualmente es coordinador de Sistemas de Transporte en el CTS EMBARQ México.

 

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