El costarricense Franklin Chang Díaz desarrolla un motor de plasma con el que pretende revolucionar el transporte aeroespacial y aprovechar un mercado de 304,000 mdd. Su próxima estación: Marte.

 

Por Édgar Fonseca 

 

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Le cautiva la aventura. A sus 60 años, el doctor Franklin Chang Díaz, el científico costarricense más laureado en tiempos recientes, retirado en 2005 como astronauta de la NASA, tras una trayectoria de 25 años que le llevó a participar, con un récord compartido, en siete misiones y en tres caminatas espaciales, se concentra en afinar el desarrollo del motor de plasma que permitirá, en un futuro no lejano, enviar naves al espacio en tiempos reducidos de vuelo.

El objetivo: servir a transportes espaciales, aunque no se descarta que pueda ser utilizado en eventuales misiones tripuladas a Marte con una duración estimada de ida de 29 días.

El proyecto del Motor de Magnetoplasma de Impulso Específico Variable (VASIMR, por sus siglas en inglés) lo desarrolla la empresa Ad Astra Rocket Company. Cuentan con una subsidiaria localizada en la ciudad de Liberia, Guanacaste, 225 kilómetros al noroeste de San José, Costa Rica.

Del proyecto del motor de plasma, con el que Ad Astra pretende “revolucionar al transporte espacial”, con una inversión cercana a 30 mdd que podría alcanzar los 100 mdd, y una participación de cerca de 200 inversionistas internacionales de América y Europa, Franklin Chang Díaz, presidente y CEO de la empresa, confirma que están decididos a tener pruebas en el espacio para 2016.

El proyecto lo enmarca dentro de lo que considera es el boom de la participación del sector privado en la exploración espacial. “Ya las operaciones espaciales representan un mercado de 304,000 mdd en todo el mundo, con una tasa de crecimiento anual de 7%”, sostiene en un mensaje a los inversionistas.

Para Chang, el espacio es un campo de negocios más allá de la exploración. Lo compara con la bonanza de negocios que hubo, en su momento, en la exploración del oeste.

“Una vez que la exploración se lleva a cabo por parte de los exploradores, vienen los hombres de negocios, vienen los comerciantes, entonces se da una cultura de servicios, de negocios, de ganancias. La región entre la Tierra y la Luna ya está poblada de satélites, poblada de organismos espaciales, y el mantenimiento de esa constelación en el espacio le concierne más al sector privado que al gobierno”, dice.

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Llegó a Estados Unidos en 1968 con 50 dólares en sus bolsillos y hoy encabeza un proyecto que potencialmente podría representar una inversión de no menos de 100 mdd. ¿Cuál es su reflexión al respecto?

Cuando empezamos un proyecto como éste, siempre se empieza en pequeño. El proyecto de la vida, de la persona, cada vez se vuelve más interesante, más complicado; por lo tanto, mucho más caro, y las cosas tienden a encarecerse y no a abaratarse.

 

¿Cuál es el grado de avance del motor de plasma?

En una forma más cuantitativa de medirlo, cuando salimos de la NASA y empezamos el proyecto teníamos un nivel de madurez de dos en una escala de 0 a 10; hoy tenemos un nivel de madurez entre cinco y seis, y nos aproximamos al nivel número siete, que permite que la tecnología sea probada.

 

¿En cuánto tiempo es la expectativa de poder probar el motor en el espacio?

Es un objetivo que cada vez se acerca más. Este año nos acercamos al hito del Critical Design Review (CDR). Este hito lo perseguimos, es algo importante y esperamos cumplirlo a final de este año.

 

¿Cuáles son los siguientes pasos?

Una vez que terminamos el CDR, en el siguiente hito ya empieza la manufactura, como decimos nosotros: a “cortar metal”, lo que nos permite ya construir el sistema que vamos a volar. Luego, unos seis meses antes de lanzar estaríamos en una fase de pruebas, asegurándonos que todos los sistemas funcionen como uno espera, que no haya ninguna falla.

 

¿Mantienen el año 2016 como una fecha meta de iniciar pruebas de despegue?

Sí, todavía seguimos con esa expectativa. A medida que pase el tiempo afinaremos la meta.

 

¿Por qué monto estimado anda el costo del proyecto?

Hemos utilizado 30 mdd para desarrollar lo que tenemos.

 

Y la fecha meta para una primera misión tripulada a Marte, ¿se mantiene en 2030?

Eso es más difícil de predecir; no depende mucho de nosotros. Nuestra empresa no está trabajando para ir a Marte; ésa no es la razón del motor, ya que tiene una finalidad mucho más comercial, más cercana a la Tierra. Es un motor que va a alimentar vehículos que transportarán cargas en varios puntos en el espacio. Algún día este motor podría usarse para llevar al ser humano a Marte, pero sería un proyecto mucho más internacional.

 

Robert Zurin, de la Sociedad Marte, ha calificado el modelo del motor de plasma como un “engaño”. ¿Cuál es su respuesta?

Él ha cometido un error con esa descripción, porque obviamente el motor no es un engaño, es algo que funciona, lo puede tocar, lo puede sentir y hasta medir, lo tenemos funcionando, lo hemos disparado más de 10,000 veces, no puede ser un engaño; simplemente le hace falta venir a verlo y darse cuenta que no es un engaño, pero no lo ha querido hacer.

 

Cuando el hombre llegó a la Luna, el 20 de julio de 1969, usted estaba en la universidad, y se sintió, según recuerdan las anécdotas, “un paso más cerca de su sueño de ser astronauta”; luego participó de siete misiones y de tres caminatas, pero en las presentes condiciones de la exploración espacial usted es muy crítico de que la NASA…

El modelo de exploración espacial de los años sesenta es todavía el modelo que las agencias espaciales y las grandes empresas están usando. Ese modelo no está actualizado, es viejo, porque la química de la exploración espacial ha cambiado completamente. Antes era una química muy binaria, en que había solamente dos superpotencias que estaban compitiendo en el ámbito del espacio.

 

Usted ha comparado esto con el descubrimiento del oeste y el boom comercial que en aquel entonces se dio. ¿Qué le lleva a hacer esta comparación?

Lo veo en varias fases. Los exploradores que vinieron de Europa hacia las Américas eran financiados por los gobiernos. Después llegó gente a establecerse, a instalarse, a vivir o a explotar depósitos o yacimientos, u obtener recursos nuevos de comida, de alimentos, de minerales, de metales preciosos. Hubo entonces un movimiento hacia el comercio, hacia el negocio; eso fue lo que realmente habilitó la expansión europea hacia el planeta. Ocurrió lo mismo en la apertura del oeste. Los primeros exploradores, Lewis y Clark, hicieron esos trabajos financiados por el gobierno. Luego, otros habilitaron la expansión de las grandes comunidades que se establecieron a lo largo de la línea férrea, donde se hizo una comunidad de servicios, de operaciones; eso hizo explotar esa migración hacia el oeste. Lo mismo vemos con el aire: los vuelos en la atmósfera eran una cosa “rara” en los años veinte, o a principios del siglo pasado, pero hoy hay miles de aviones en el aire y a cada momento, cada uno lleva 200, a veces hasta 300 personas. Estamos hablando de millones de personas que están en el espacio, en el aire, en cualquier momento. Lo mismo sucedió con el espacio; los vuelos financiados por el gobierno dan paso a vuelos financiados por el sector privado, para hacer negocio.

 

¿Cuál es su valoración de la incursión china en la exploración espacial?

China, también India, se está proyectando en el ámbito espacial. Ya los indios lanzaron una sonda hacia Marte; es el tercer país que lo hace. Luego vienen otros: Brasil, Singapur, Corea del Sur, países europeos, y nosotros en Costa Rica también estamos incursionando en esto en nuestra propia forma.

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