Por Carolina Ruiz

Mientras los costos de extrac­ción y pro­ducción de los diamantes tradicionales aumen­tan hasta convertirse en una amena­za para su estabilidad, los diamantes tecnológicos reportaron los mejores cuatro años de su historia, debido a que algunos sectores, entre los que está la comunidad de Hollywood, no quieren mancharse con “diamantes de sangre”.

Martin Roscheisen, ceo de Diamond Foundry, explica que México y Centroamérica forman parte de este auge y que junto con Estados Unidos, en donde se ubica la mayoría de sus compradores, han formado un bloque continental de consumo, cuyo principal móvil es la utilización de energías limpias y sustentables.

 

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Recursos limitados

El reporte Industria Global del Diamante 2015, realizado por Bain and Company y el Centro Mun­dial de Diamantes de Amberes (AWDC, por sus siglas en inglés), en mayo de 2014, indica que la caí­da en los precios de los diamantes pulidos fue de 12%, mientras que la de los diamantes en bruto fue de 23%. La situación no mejoró en 2015, cuando los precios disminu­yeron 8 y 15%, respectivamente.

En contraste, el proceso para que un diamante llegue a los anillos de compromiso de millones de personas es largo, riguroso y depende de los re­cursos finitos de las minas de piedras preciosas, cuya vida y producción es definida por su ubicación geográ­fica y el sistema de minería que se ejecuta en ellas.

De acuerdo con el estudio Dia­mantes de cultivo. Construyendo el futuro de la industria del diamante, realizado por la consultoría Frost and Sullivan, este proceso y sus costos constituyen un problema en el largo plazo para esta industria, debido al eventual agotamiento de fuentes de materias primas.

 

La fórmula del plasma

Diamond Foundry fue fundada en 2012 por Martin Roscheisen, un experto en energía nanosolar, con el fin de cultivar diamantes con huella de carbón cero y ofrecerlos a diseña­dores independientes.

“Nuestro equipo previamen­te estaba desarrollando grandes avances en la innovación de energía solar. Nosotros construimos unos 640 millones de dólares (mdd) de producción innovadora, pero no po­día realizarse este trabajo de manera rentable, así es que nos cambiamos a hacer diamantes”, dice Roscheisen.

Diamond Foundry descubrió un plasma que permite unir los átomos de una muestra de diamante natural, para formar finas capas de diaman­tes. Los átomos se apilan en la parte superior de ese cristal, capa por capa, hasta que forman una joya con el quilataje de un diamante.

Luego del nacimiento de estas capas y de nuevos diamantes, la piedra original es “raspada”, lo que permite separar las nuevas piezas y posteriormente dejar al “diamante nodriza” listo para nuevos procesos.

La compañía fue lanzada pública­mente en noviembre del 2015, luego de recibir tres rondas de financia­miento que ascendieron a 100 mdd, provenientes de capitales individuales de actores, inversionistas de venture capital y de miembros de importan­tes compañías tecnológicas, entre los que se encuentran Leonardo Di Caprio, quien protagonizó la película Diamantes de Sangre, y quien a partir de ahí incrementó su activismo en contra de las prácticas de explota­ción de la industria tradicional de los diamantes. A la lista hay que agregar a Madonna, Bono, Britney Spears, Miley Cyrus y otros.

En sus rondas de financiamiento, en el sector tecnológico Diamond Foundry contó con la participación activa de Evan Williams, fundador de Twitter y de Medium; Marc Pincus, fundador de Zynga; An­drew McCollum, parte del equipo fundador de Facebook; Owen van Natta, ex COO de Facebook; Andreas Bechtolsheim, fundador de SUN Microsystems, y Jeff Skoll, expresi­dente de eBay.

Entre las compañías de venture capital e inversionistas ángel que respaldan a la compañía de diaman­tes tecnológicos, ubicada en Santa Clara, California, están Marc Golds­tein, David Spector y Scott Banister, así como las empresas Vast Ventures y Caspian VC Partners, entre otros.

 

El cártel de la minería

“El mundo de la moda y del lujo nos ha adoptado”, narra Roscheisen. Añade que actualmente su compa­ñía está trabajando con los mejores diseñadores del mundo, aunque tiene sus detractores.

Pero “el cartel de la minería y sus agentes están tratando de atacar. Sin embargo, creemos que la industria de la joyería puede conseguir más be­neficios al elevar la barra de la ética”, detalla. Ahonda que afortunadamen­te la industria de la joyería tradicional no es homogénea y está compuesta por muchas personas con diferentes puntos de vista.

“Nos sorprendimos. Cuando lo lanzamos, muchos jugadores clave de la industria tradicional nos lla­maron y nos preguntaron si podían unirse a nosotros”, recuerda.

Este es el caso de Israel Itzkow­itz, una leyenda en la industria del diamante, creador del famoso “corte princesa” y diseñador de los cortes más icónicos para firmas como Tiffany & Co., De Beers y Graff, y quien en enero pasado decidió unir­se como “master cutter”.

 

Con aroma latino

El principal mercado de Diamond Foundry es Estados Unidos, sin em­bargo, todo el continente americano muestra un gran interés por sus productos, especialmente México y Guatemala.

“Sí, tenemos muchos pedidos. Estamos encontrando que la gente disfruta mucho de nuestros diseños únicos en joyería dentro de México y en Latinoamérica. ¡Estamos viendo hacia adelante, para expandirnos más!”, describe el ceo de la firma.

Puntualiza que son fuertes en Guatemala, y que su primer inver­sionista fue Matías de Tezanos, originario de ese país, al igual que Pamela Castillo, su VP digital.

 

Para todos

La utilidad de los diamantes culti­vados va más allá de los escapara­tes. Su aplicación es contemplada en áreas científicas y de alta tecno­logía, como los semiconductores, la electrónica, la computación cuánti­ca y aplicaciones médicas, ópticas y mecánicas.

El ceo de Diamond Foundry ase­gura que un chip de diamante puede hacer correr 1,000 veces más rápido un iPhone. Deja claro que esto va a tardar una década.

Pero los beneficios van más allá del avance tecnológico. “Por primera vez, estamos ofreciendo un diaman­te que la gente puede disfrutar sin ningún sentimiento de culpa o duda. Una mejor opción que ya está dis­ponible y que refleja los valores de las personas que desean honestidad, transparencia y responsabilidad”, argumenta Roscheisen.

 

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