Por Natali Faxas

Santo Domingo, República Dominicana.- La cineasta costarricense Laura Astorga tiene una fórmula para romper el techo de cristal: Ella propone cuotas que favorezcan colocar a las mujeres en puestos de poder, en el gobierno y las empresas, sin importar que ellas tengan o no méritos para ocupar esas posiciones. El término “techo de cristal” refiere a barreras que no permiten a las mujeres alcanzar altas posiciones de mando en sus trabajos.

“¿Cuándo estaré súper satisfecha? Cuando haya una mujer con poder, y que sea una reverenda estúpida, como miles y miles de hombres con poder que hay hoy día”, afirma para defender su idea. Si efectivamente hay hombres en posiciones de poder que no merecen, argumenta, entonces las mujeres deberían estar en iguales condiciones: “si me dijeran que todo el mundo escala por méritos, pues perfecto. Pero no veo una situación escalonada por méritos en los varones. Me parece absolutamente desigual la competencia”, remata la directora de cine, guionista, productora y feminista.

Unas 117 millones de mujeres forman parte de la fuerza de trabajo en América Latina y el Caribe, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT). En su “Panorama Laboral 2017”, el organismo apuntaba que, por primera vez, se registró una tasa de participación laboral femenina superior a la mitad, con 50.2%. Pero este número queda todavía por debajo, si se compara al 74.4% por parte de los hombres, y una brecha salarial de 15%, entre ambos.

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Las damas continúan estando “excesivamente representadas” en dos grupos profesionales: trabajadores administrativos, de los servicios y del comercio, y ocupaciones elementales, que por naturaleza son trabajos de baja remuneración. La OIT señala que, en países más desarrollados, las mujeres están relativamente más representadas en el grupo de profesionales mejor valorados, es decir, de directores, profesionales y técnicos.

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Para Astorga, el poder que hoy día prevalece en ellas “es totalmente simbólico”: son grandes madres, grandes cineastas, pero esos reconocimientos sociales no tienen un trasfondo económico, como para ocupar puestos de dirección o administrar dinero. “Muy pocas tienen poder con contenido económico. Muy pocas, y ese es el verdadero poder”. En la industria del cine, por ejemplo, las damas no pasan a puestos de dirección porque se enfrentan a un montón de jefes varones que no pagan por las mujeres, dice.

Tampoco se les confía dinero a ellas, agrega. La cineasta lo ha vivido en carne propia, cuando resulta rechazada por inversionistas para sus realizaciones. Astorga analiza que a los hombres se les hace más fácil lograr un apoyo económico para sus películas. “Uno, al principio piensa que es responsabilidad personal (no lograr esa inversión). Cuando pasa el tiempo y hablas con las compañeras, te das cuenta que todas están en esta posición y nos descubrimos, entonces, que nos cuesta muchísimo construir una carrera… Y a nuestros colegas (hombres) no”.

Laura Astorga, creadora de “Ellas se aman (2008)” y “Princesas rojas (2013)”, está trabajando en su tercer largometraje, “Infierno Verde”, también es jurado de los Premios Platino del cine Iberoamericano. Ella estará en Santo Domingo participando en el Foro Forbes Mujeres Poderosas, a celebrarse el próximo 26 de julio en el hotel Catalonia de la capital dominicana.

A propósito de su carrera como cineasta, esta artista abordará en el evento junto con la actriz y productora Celinés Toribio, la diseñadora de moda Giannina Azar y la pintora panameña Olga Sinclair, el papel que tiene la creatividad en el empoderamiento femenino. Pero al hablar de creatividad, Astorga centra su discurso en cómo se vale de ella, para diariamente enfrentar el acoso. “La creatividad es (también) tener siempre las herramientas emocionales para contenerte de no pegarle al otro, porque el otro, todo el tiempo y sin parar, te está insultando e insinuando de manera grosera”.

Además de ser directora, ella se ha dedicado a realizar trabajos de investigación para detectar el sexismo dentro de las películas, documentales e incluso materiales periodísticos y con ello enfrentarlo. “Y como no vamos a ser tratadas como objetos… A nosotras nos despersonalizan todo el tiempo”, reflexiona sobre lo que ha encontrado en estos materiales.

Lo que domina, cuenta, son chicas sin cabezas (headless woman, si gusta indagar más) que adornan los afiches de las películas y vaporosamente promueve la idea de que la mujer es un objeto. Como solución a este ataque constante, Astorga apuesta porque cada vez más mujeres se dediquen al buen cine.

 

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